Han transcurrido demasiados años para recordar el desprecio con que el PSOE trató a Suárez, personificado por muchos de sus dirigentes y en especial por Alfonso Guerra, quien le adjudicó el mote de “Tahúr del Missisipi”, o tildándolo de “perfecto inculto pedante de las cloacas del franquismo” y acusándolo de “regentar La Moncloa como una güisquería”. Areilza le llamaba “Curro Jiménez” y Herrero de Miñón disfrutaba haciéndole la vida imposible. La lista de insultos y descalificaciones podría considerarse interminable. Posteriormente, un analista político cuyo nombre no procede citar en estos momentos, definió las siglas de UCD como “Unión de cuatro desalmados”, y al segundo intento, CDS, “Cuatro desalmados y solos”.
Otra circunstancia que sin duda a contribuido a exaltar
sus aspectos positivos durante el sepelio, fue el prematuro alzhéimer,
orientando la opinión ciudadana hacia su enorme esfuerzo en la reconciliación
de las dos Españas, apertura al progreso y las libertades democráticas, méritos
que le han sido reconocidos con largueza y por los que merecidamente pasará a
la posteridad. En su favor es justo añadir, la gran facilidad y flexibilidad
para lograr pactos con el adversario y un concepto clarísimo de lo que implica
trabajar por y para los españoles inédito en nuestros días, donde
lamentablemente lo único que prima es la partitocracia, el enriquecimiento
personal y masacrar al enemigo. De ahí la tremenda desafección de los españoles
por sus políticos reflejada en todos los sondeos de opinión y con tendencia a
empeorar.
Son estos los motivos que han originado las
interminables colas con esperas de cuatro o cinco horas, por parte de miles de
personas de todas las edades, como testimonio de agradecimiento a un político
por su entrega a España, con una honradez incuestionable y sin la menor
sospecha de corrupción. Algo que intrínsicamente se les demanda a los
dirigentes actuales del Gobierno y Oposición con nulo éxito.. Es triste pero ya
son muchos los que limitan sus apariciones en público para eludir el ser
abucheados e insultados.
Como suele ocurrir en los actos públicos, “la nota
discordante y fea” (como el pariente pobre en la bodas que nadie reconoce)
termina apareciendo, y en esta ocasión fue protagonizada por el presidente de
la Generalidad, Arturo Mas, quien con su ruín oratoria, todo lo que le ocurrió
decir en el sepelio, fue exaltar las virtudes del fallecido en detrimento del
actual presidente Rajoy pero su ruindad no da para más. Afortunadamente fue
contestado de inmediato por Migue Roca, quien con acertadísimas palabras
descalificó la intervención del líder catalán, a quien acusó de intentar
instrumentalizar a Suárez.
El anuncio de la muerte del presidente por parte de su
hijo, con dos días de antelación, favoreció la creación de un clima propicio al
incremento de elogios y honores, siendo la propia sociedad la encargada de
otorgarle los atributos más enaltecedores. Si algo vincula a los mitos entre sí
es el reconocimiento a su valentía. La fotografía de Suárez sentado en su
escaño el 23-F, representa tal coraje que es imposible olvidar. La intrepidez
es una virtud universalmente admirada.
Coincide la muerte de Suárez con un momento en el cual
comienza a aparecer desavenencias internas en el PP. Nada nuevo, es algo que se
produce ante la inexistencia de un brazo conductor fuerte, dando lugar a la
creación de las camarillas de siempre con el consiguiente deterioro Partido-Gobierno.
La comunicación entre la vicepresidenta del Gobierno y la Secretaria General
del partido es fía, distante y solamente se produce en momentos de necesidad.
Se cuidad las formas por puro protocolo. Rajoy, por su parte, nunca será capaz
de poner orden colocando a cada uno en su sitio y exigiendo responsabilidades.
Las Europeas no están claras, pero para algunos lo auténticamente grave, es que
este problema electoral se está trasladando a autonómicas e incluso generales.
El PP ha intentado apropiarse de la figura de Suárez
vinculándolo al centro-derecha, pero a su vez y por contraste, también daña la
imagen de Rajoy porque nadie podría identificarlo afrontando riesgos y
dificultades en el momento requerido. Entre lo absurdo e insufrible que supone
el dilatar las necesarias decisiones y confiar que con el paso del tiempo todo
termina solucionándose por si solo, seguimos soportando que la crisis continúe
manteniéndonos con falsas esperanzas para alcanzar el 2015 a cualquier precio.
Todo pasa por lograr otros cuatro años más en La Moncloa y evitar que se cumpla
la profecía de pasar a la historia como “Mariano el Breve”.
Ahora, para complicar un poco más el panorama, la
veterana periodista Pilar Urbano, ha venido a perturbarlo con la publicación de
su libro (La gran desmemoria) en la editorial del segundo marqués de Lara
(Planeta). Tanto Suárez Illana como La Zarzuela han descalificado y criticado
el contenido del mismo, que sin duda incrementarán la curiosidad y como
consecuencia venta del citado libro. En unos días ya se ha agotado la primera
edición de 60.000 libros. El Diario El Mundo, el domingo día 6, ha publicado
una larga entrevista de Victoria Prego con el hijo de Adolfo Suárez, en la que
responde a todas las acusaciones vertidas contra el Rey, así como los presuntos
enfrentamientos de extrema violencia entre el Rey y Suárez. Lo ecuánime sería
que la autora del libro fuera también entrevistada en otros grandes periódicos:
ABC, La Razón, etc y cadenas de TV, y mucho nos tememos que eso no ocurra por
razones obvias...
José-Tomás Cruz Varela

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