Salva Artacho
03 de Abril de 2014
Abril no es un mes cualquiera, no solo
porque la primavera despega, los naranjos te inundan de aromático azahar, los
rosales brotados y con verdes hojas marcan capullos que reventarán en hermosas
rosas de todos los colores, las abejas pululan por todo el campo para alimentar
a su fértil “reina”, y por contra los alérgicos sufren inconvenientes no deseados
y también se suele dar algún susto climatológico que no esperamos y creíamos ya
superado el invierno.
Pero abril no por ello deja de ser el mes
grande en la Historia (con mayúscula) de los pueblos de España y de sus gentes.
Es el mes histórico y glorioso por excelencia para los que llevamos la
democracia y los anhelos de justicia no solo en la mente, sino también en el
corazón, circulando por nuestras venas de sangre roja. Sí, roja. Ya no habrá
injusta sangre azul.
Abril, el mes que un pueblo mediante unas
elecciones municipales le dio la patada más sonora de la historia a la
monarquía en las “reales” posaderas del inútil y putero Alfonso XIII.
¡Cuántas esperanzas e ilusiones se
abrieron con la huida azarosa del desprestigiado monarca y su familia!
Abril, 14 de abril, la Bandera Tricolor a
partir de la ciudad de Eibar va inundando todos los balcones de nuestros
Ayuntamientos, las gentes salen a las plazas, se forman corros, se abrazan,
cantan, comparten la alegría de la libertad conquistada... Porque la libertad
solo es libertad cuando se conquista.
Los curas y sus jerarquías ponen cara de
pocos amigos porque saben que se les va a poner coto a sus desmanes y poderes
ilegítimos de siglos, los generales se afeitan los bigotes y temen por sus
desmesurados privilegios acumulados como recompensa a sus inutilidades y
perezas, los señoritos se recluyen en sus casinos esperando como reorganizarse,
las monjas se cierran a cal y canto..., éstos y éstas no pueden compartir la
alegría de un pueblo tantos años oprimido.
Los más entusiastas son los obreros con
sus sindicatos y sociedades humanitarias que ven como las cárceles que se
vacían de tantos luchadores injustamente recluidos; los exiliados retornan; los
maestros, que alegría para ellos, podrán impartir con libertad las enseñanzas
que harán a este pueblo más libre, próspero, progresista, justo...; las mujeres
que por fin serán ciudadanas e iguales a los hombres; los escritores,
científicos y los sabios que se pondrán al servicio de su pueblo...
¡Abril, 1931, que mes tan grande y tan
hermoso!
Por fin ha libertad, hay un camino y una
esperanza para hacerla más grande. Libertad para todos, incluso para los que a
escondidas ya están conspirando contra ella.
El 14 de abril de 1931, la libertad, la
fraternidad, la legalidad, herencia de la gloriosa Revolución Francesa, aunque
con unos siglos de retraso, por fin también ha llegado a los diferentes pueblos
de la vieja España.
¡Salud amigos, República compañeros!
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