Artículos de
Opinión | Manuel Sutherland | 05-03-2013 |
Quiebras,
despidos masivos, fraudes y una recesión (en términos ortodoxos: estancamiento
en el crecimiento del PIB por 2 o más trimestres seguidos) amenazan con
soliviantar las bases del modo de producción capitalista a nivel mundial. Dicho
fenómeno suele intitularse como “crisis sistémica del capital”, porque podría
decirse que su carácter es omnímodo. Como la ideología que portan la mayoría de
personas, es la ideología de la clase dominante (la capitalista), es lugar
común escuchar las frases más desternillantes en relación a la crisis del
capital y su imposible solución. En el top five de esos delirios, resaltan: la
ideología de que la crisis es meramente financiera, que se pueden evitar los
ciclos recesivos, que la acumulación de capital puede ser “nacional” o
“independiente”, que hay “liberaciones económicas” nacionales y que la crisis
NO afectará a las naciones cuyos gobiernos que administren el capital social,
sean “progresistas”. Tamaños dislates son amargamente frecuentes y representan
un duro escollo en la emancipación de la clase obrera, de la tiranía
capitalista. Sin entender lo que se quiere transformar, es imposible hacerlo.
Veamos.
La
acumulación mundial de capital: forma y fondo
La
acumulación de capital es un proceso mundial por su contenido, pero nacional
por su forma.
Juan Iñigo
Carrera[i]
El proceso
de acumulación capitalista toma la forma concreta nacional en su representación
política: el Estado. Ése complejo institucional es el representante del capital
social que trata de acumularse desde el ámbito que abarca el mercado nacional.
Al plantear alianzas o acuerdos comerciales, el equipo diplomático sale a
defender en exclusividad a sus representados (la burguesía local) frente a
otros representantes de la burguesía extranjera. Así, al tratar de imponer lo
que más le conviene a la burguesía local, el cuerpo negociante muestra la
apariencia invertida de que dirige un proceso de acumulación nacional que sólo
se enfrenta a otros como externalidades competitivas. Pero no es así. El
proceso de acumulación de capital es en esencia mundial y está fundamentado en
una serie de capitales que desarrollan una escala ampliada que les permite
valorizarse a través del mundo sin distingo de nacionalidad.
La
diferenciación en cuanto a la magnitud de acumulación por cada parte alícuota
del capital, deviene del monto que puede valorizar en el mercado mundial. El
monto, está íntimamente ligado a la escala de acumulación de dicho capital. Por
ello, los capitales medios (de escala competitivamente adecuada para competir
en el mercado mundial) están generalmente integrados por las burguesías de
varios países y son los que debido a su envergadura económica, ejercen una
capacidad mayor de influencia política en el planeta. Así, en la competencia
internacional por la apropiación de plusvalía convertida en tasa de ganancia
media, es donde se manifiesta abiertamente la unidad mundial en el proceso de
acumulación capitalista.
La crisis
del capital no se circunscribe a las finanzas (una parte), la crisis radica en
latotalidad
Para los
economistas de perspectivas estrechas, el “sistema” es natural y perfecto, pero
la avaricia excesiva de unos cuantos lleva a la ruina a millones. Así, las
crisis suelen justificarse por las malas decisiones, la falta de inversión, el
capitalismo de “casino”-especulador y un vulgar etc. Sin excepción, insisten en
negar las recurrencias cíclicas de las crisis y el funcionar caótico del
capital.
Para el
capital, que el mundo detente más de mil millones de personas en situación de
hambre severa y que posea más de 4 mil millones de personas en la pobreza, es
un asunto normal. No es considerado negativo ni crítico. Por lo tanto, la
crisis que se les manifiesta como el estallido de las contradicciones
inherentes del modo de producción capitalista, se les aparece como una caída en
la inversión, bancarrotas y cesación de pagos en los créditos (default). Al
respecto, Marx comentaba con cierto aire jovial, que la crisis era la explosión
que hacía ver a la burguesía las contradicciones intrínsecas del capital:
“Donde más
patente y más sensible se le revela al burgués práctico el movimiento lleno de
contradicciones de la sociedad capitalista, es en las alternativas del ciclo
periódico recorrido por la industria moderna y en su punto culminante: el de la
crisis general”[ii]
Al ver en
sus manos sus billetes evaporarse, consultan la prensa y miran el desplomar de
las bolsas de valores y dicen: es una crisis financiera. Atrapado en la
nebulosa apariencia, el burgués no puede entender que las finanzas son apenas
la piel del modo de producción capitalista, es decir, un espacio en el cual se
recicla la plusvalía producida en el agro, los servicios y en la industria. Un
ámbito donde se titularizan créditos, deudas y papeles, y se confecciona un
pingüe edificio decapital ficticio.
Por tanto,
esta área específica por donde rota el capital (el terreno financiero), no
puede ser jamás el centro, ni el corazón esencial del funcionar capitalista.
Creerlo, es ser víctima de la fetichización del dinero y suponer que el dinero
puede producirse así mismo de la nada. Admitir este desvarío es dar por buena
una insólita sinécdoque que erige a las finanzas (una parte) como la relación
social general capitalista (el todo).
Hablamos de
crisis sistémica ya que podemos considerar que la crisis general de
sobreproducción capitalista, ocupa todas las áreas que componen el mosaico
estructural (producción industrial, agropecuaria, servicios etc.) y la parte
supraestructural (política, ética, cultura, etc.) del modo de producción
capitalista, por ello, la crisis es sistémica y no financiera.
El aparente
y “sorpresivo” irrumpir de la crisis sistémica del capital En voz de Marx,
entendemos que el modo de producción capitalista se desarrolla en una serie de
ciclos no isócronos. La vida de la industria se convierte en una serie de
períodos de animación media, de prosperidad, de superproducción, de crisis y de
estancamiento. De lo anterior podemos entrever que de la más amplia prosperidad
capitalista, es decir, de la expansión de la producción y por ende de la
ganancia; se desprende la crisis de sobreproducción general, que trae aparejada
la agudización de la ristra de desgracias que comentamos en el párrafo
anterior.
Así las
cosas, aunque parezca contraintuitivo, la crisis emana de un exceso de riqueza,
de una superabundancia de capitales que se abalanzan a perseguir la tasa de
ganancia media incrementada. Por tanto, podemos afirmar que esta crisis general
de superproducción, dimana de un auge de la tasa ganancia, que puede ser
explicado por el movimiento cíclico decenal del capital. Ésta ciclicidad
determina el grado de utilización de las fuerzas productivas y el trabajo en la
sociedad. Parafraseando a Fourier: la miseria emana de la más fabulosa
riqueza(concentrada en muy pocas manos). En el momento de mayor auge (ojo, no
quiere decir que en ese instante se superen las contradicciones del capital o
la clase obrera alcance el “bienestar”) es la antesala a la más honda
depresión. Ésta ciclicidad determina el grado de utilización de las fuerzas
productivas y el trabajo en la sociedad. En palabras de Marx:
“(“) [es un]
ciclo decenal de períodos de animación medía, producción a todo vapor, crisis y
estancamiento, descansa en la constante formación, absorción más o menos
intensa y reanimación del ejército industrial de reserva o superpoblación
obrera.”
Con el
trabajo del Profesor Juan Iñigo, podemos contribuir a dilucidar esta aparente
contradicción:
“El presente
avance de la crisis de superproducción general no se corresponde con la caída
inmediata de la tasa de ganancia, sino con su aumento. No se trata que produzca
poca plusvalía y, por lo tanto, poco capital, sino de que se produce demasiada
riqueza social bajo la forma de capital”[iii]
El auge
económico mundial del período 2011-2012, aunque ligero, debe venir aparejado
con una severa disminución en la producción para más tardar el año 2014 ó 2015,
de acuerdo al comportamiento cíclico de la economía.
El proceso
mundial de acumulación y la creencia de que la crisis es el ?norte? De las
frecuentes tergiversaciones populistas, nos llega a los oídos, la tenebrosa
idea de la”desconexión”, o el “desgaje” del proceso mundial de acumulación
capitalista. La “desconexión” es un trabajo teórico que fue desarrollado
primigeniamente por el marxista egipcio Samir Amín[iv] y que está siendo
utilizado por una caterva socialdemócrata que plantea una quimérica
desvinculación ?nacional? al proceso mundial de acumulación capitalista. Pero
el escape no estriba en construir el socialismo científico (como lo señala de
algún modo Amín), sino en erigir, como expresa Wim Dierckxsens:
“(?)
relaciones internacionales bajo principios de solidaridad, reciprocidad,
complementariedad cooperación y sustentabilidad, es decir hacia un mayor
equilibrio internacional ["] desconexióndel proceso de anexión económica a
EEUU [?] recuperación de la soberanía nacional ["] Ya con varios países
desconectados, la idea (“) comienza a tener factibilidad.”v]
¿Cuáles son
esos países desconectados? ¿Cómo se desconectan económicamente países que son
absolutamente interdependientes, es decir, cuya determinación central estriba
en la mundialización de los procesos productivos y en un intercambio comercial
incesante? ¿Será que existen países autárquicos que producen todo lo que
consumen al interior de sus fronteras nacionales? Si Marx planteó que la
revolución socialista puede estallar primeramente en un solo país, el
socialismo como modo de producción tiene que erigirse necesariamente de forma
mundial. Por ello, la tarea revolucionaria fundamental es construir ese sujeto histórico
revolucionario (la clase obrera directamente internacional), y empezar a
unificarla bajo un plan de producción internacionalmente consolidado. El
planteamiento de la ?desconexión?, aparte de ser falaz, plantea una situación
reaccionaria y retrograda para la construcción socialista. ¿América Latina no
será tocada por la crisis del ?norte??
Es una
triste fantasía creer que la crisis de sobreproducción capitalista, no afectará
a América Latina, por el alto precio actual de sus mercancías primarias de
exportación (soya, petróleo, gas etc.) o porque (como erróneamente argumenta
Dierckxsens) se pueda ?desconectar? de la debacle capitalista, por la vía de
acuerdos comerciales o tratados de cooperación. Creer que esto sucederá es
conjeturar al mundo como un montón de economías autárquicas que se relacionan
esporádicamente por la vía comercial. Es imaginar a las sociedades como
componentes agregativos que se yuxtaponen (si mezclarse) en relaciones de
intercambio. Dejarse llevar por esa apariencia, es clave en el error que
estriba en la ilusoria protección latinoamericana a la crisis general de
sobreproducción.
En los
países cuyo proceso de acumulación capitalista sigue su curso más general
(EEUU), en los países cuya dinámica económica gira principalmente alrededor de
la renta del suelo (Venezuela, Argentina, Chile) y en los países cuya
acumulación de capital estriba en la explotación de fuerza de trabajo (con
bajos salarios) dedicada a la manufactura simple (Sudeste Asiático), la crisis
de sobreproducción general, incidirá fuertemente, pero en escalas y
profundidades diferentes. No hay milagrosas defensas ni salidas a este fenómeno
inherente al propio funcionamiento del capital. No hay salvatajes
(transferencias directas de dinero ?Estatal? a los quebrados bancos), ni
expansiones del gasto público (keynesianos), ni contracciones del gasto público
(ultraliberales) que puedan detener los masivos efectos destructivos de la
crisis. Las manifestaciones más visibles de la crisis capitalista: caída
abrupta de la tasa de ganancia, caída de la inversión, cierre de fábricas,
despidos masivos, quiebras generalizadas; son sólo expresiones de destrucción
de capital o derruir de fuerzas productivas. Esta eliminación de capital
sobrante, es el ÚNICO mecanismo mediante el cual el modo de producción
capitalista metaboliza a las empresas más ineficientes y a los
capitalessuperabundantes que ya no pueden valorizarse, y que ralentizan con su
obsolescencia el proceso de acumulación mundial de capital. Por ende, de forma
cíclica las crisis se suceden y sucederán, dejando efectos más devastadores en
la depauperada la clase obrera.
Las
economías de América Latina cuya dinámica central dependa de la renta de la
tierra, verán como los precios de sus mercancías de exportación se desploman y como
la demanda internacional que genera sus divisas se derrumba. Ello traerá
problemas para cubrir los gastos estatales corrientes, se paralizará el
crecimiento económico y aumentarán los niveles de pobreza e indigencia, que
deben venir aparejados de las corrientes medidas ultraliberalesque tomarán los
gobiernos en esas circunstancias: maxi devaluación de la moneda (devaluación
del 100%), aumento del IVA, aumento en las tarifas de los servicios públicos,
despidos masivos en el sector estatal, disminución del gasto social y
paralización de la construcción de infraestructura etc. En Venezuela las
divisas las provee en 95% la industria petrolera, el 80% de ese petróleo es de
bajo procesamiento. Con un incremento de 300% en sus importaciones totales en
la última década, debe resentir con enorme e inusitada fuerza una eventual
contracción de la demanda energética, que depende directamente de la producción
industrial en el mundo y de la especulación financiera que con esa plusvalía se
genera.
Lo mismo
puede aplicarse a países cuya centralidad económica oscila a través del precio
de commodities como el gas natural, la soja, el cobre etc. Dicha crisis amenaza
con ser mucho más grave que la de 1929, 1974, 2001 y 2008, teniendo en cuenta
que las dos últimas grandes crisis han sido apenas pausadas, a fuerza de
enormes expansiones de la deuda global. Si el gran gendarme del mundo (EEUU),
cuya economía es casi un quinto de la economía mundial, tiene una deuda global
que alcanza el 400% de su PIB, posee más de 37 millones de desempleados y más
de 44 millones de pobres, ¿Que quedará para las demás naciones capitalistas
cuyos niveles de acumulación son notoriamente más débiles? El aumento en la
belicidad de las naciones con mayor poderío militar y los probables estallidos
sociales que esas crisis generarán, son un tópico importante que trabajaremos
en próximos escritos.
Notas:
[i] Iñigo
Carrera, Juan, El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia.
-1ra- Edición, Edit. Imago Mundi, Argentina. (2008). Pág. 59.
[ii] Marx,
Carlos, El Capital, Tomo I, Edit. Fondo de Cultura Económica, 2da Ed. México,
1959. Potsfacio a la Segunda Edición. Pág. XXIV
[iii] Juan
Iñigo Carrera, El capital: razón histórica, sujeto revolucionario y conciencia.
1ra Edición, Edit. Imago Mundi, Ed. Argentina. 2008. Pág. 88.
[iv] Amin,
Samir, ?La desconexión. Hacia un sistema mundial policéntrico?, Editorial
IEPALA, Madrid, 1998.
[v]
Dierckxsens, Wim, El proceso de desconexión y transición del capitalismo
mundial, Fecha de publicación 15/8/2006, Artículo disponible en http://www.lahaine.org/index.php?p=16519
manuel1871@gmail.com
twitter: @marxiando

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