Frente a los indiferentes, pasivos, buenas personas, cobardes… ¿odio,
compasión… o ambos?
Artículos de
Opinión | TroppoVero | 19-11-2012 |
Gran Vía.
Madrid. 2012.
14-N Huelga
general. 12:30 de la mañana. Observo anonadadx como un agente de las U.I.P.,
con el casco puesto y la visera levantada, acorazado bajo su exoesqueleto –como
un enorme insecto- agarra por el cuello a una joven manifestante. Con la mano
libre agita la porra y grita a pleno pulmón, tiene los ojos desorbitados, se
mastica la mandíbula, está desencajado… Se me viene a la cabeza una consigna
escuchada hace unas semanas en un piquete antidesahucios en la zona de
Lavapiés: “Ni tiros al aire, ni por la nariz / fuera policía de los barrios de
madriz” (alguien debería controlar la sustracción de los alijos de las
dependencias policiales: la mezcla de obediencia ciega, conciencia de
impunidad, fuerte preparación física, material represivo y cocaína es
explosiva: avisamos con tiempo). Los compañeros de la chica intentan impedir
que se la lleven y forcejean con el grupo de antidisturbios… Una sombra pasa a
mi lado y escucho: “¡Que vergüenza, pegando a la policía!” Me vuelvo de un
tirón y clavo mi mirada en un individuo de edad avanzada pero no anciano.
Intento escrutar su rostro: su indignación parece sincera, no encuentro atisbos
de ironía ni de cinismo en su gesto… Vuelvo de nuevo la vista hacia el altercado
y alcanzo a ver como las fuerzas de “seguridad” se emplean sin miramientos, con
contundencia… Y me pregunto: ¿Cómo es posible que ese hombre y yo estemos
viendo cosas tan diferentes?
La Tierra.
Mediados del S. XII.
Las señales
luminosas se vieron perfectamente en todo el planeta, sin necesidad de
instrumento óptico alguno, durante varias jornadas, de noche y también de día.
Se trataba de una nova, es decir, de la llegada de la luz procedente del
nacimiento de una estrella, con las enormes y violentas explosiones que
acompañan ese tipo de fenómenos. Los astrónomos persas lo observaron y dejaron
constancia de él en sus anales, cosa que también hicieron, según han comprobado
los historiadores, los astrónomos indios, chinos y aztecas. Los astrónomos de Florencia
o de París, sin embargo, no registraron el fenómeno. No vieron las señales, o
si las vieron, no les concedieron importancia. La razón es que los astrónomos
europeos, eran aristotélicos, y estaban convencidos por ello de la
inmutabilidad de las estrellas. En lo que a ellas se refería, ningún movimiento
o cambio de estado era posible. Por eso, cegados por ese prejuicio, no
repararon en ello. Lo que viene a demostrar que en buena parte de las
ocasiones, no sabemos lo que vemos, sino que vemos sólo lo que sabemos, lo que
encaja con coherencia en nuestro sistema de ideas previo.
Harlem
(Nueva York). 1940.
La pareja de
psicólogos afropanameños de raza negra, Mamie Phipps Clark y su esposo Kenneth
B. Clark, llevaron a cabo una serie de ensayos psicosociales con niñxs
norteamericanxs de raza negra en edad preescolar. En dichos experimentos, les
dieron a elegir entre dos muñecas, una negra y otra blanca… Al comienzo de las
sesiones, la doctora preguntó a una de las niñas cuál era la muñeca mala y de
forma inmediata la niña señaló la muñeca negra. Luego le pidió que le explicara
por qué era mala y la pequeña respondió que porque era negra. Por último, le
preguntó: “¿Cuál es la muñeca que se parece más a ti?” y la niña, con recelo,
sin decir nada, tomó en sus brazos a la muñeca negra… En efecto, la gran
mayoría de las niñas y niños negros prefirieron la muñeca blanca y le
atribuyeron características positivas. Su explicación incidía en que las
muñecas negras eran feas mientras que las muñecas blancas eran más bonitas. La
conclusión de los Clark fue que los niños negros, a la edad de tres años, ya no
se identificaban con las muñecas negras ni reconocían su identidad racial, y
que a los cinco años ya habían desarrollado las mismas imágenes personales
negativas derivadas de los valores ideológicos de la sociedad dominante. A esa
corta edad, los niños ya habían integrado los prejuicios de la sociedad, y con
ese bagaje crecían desarrollando un sentimiento de inferioridad frente a los
blancos construido socialmente.
Lo normal
sería sentir compasión de esxs pobres niñxs afroamericanxs al entender como se
construye su subjetividad desde la misma infancia. Y sin embargo, eso sería
como ver “la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio”: porque los
prejuicios sobre las clases sociales y las jerarquías se construyen de la misma
manera y nos alcanzan a todxs.
Universidad
de Texas. 1955.
Los
psicólogos Lefkowitz, Blake y Mouton llevaron a cabo un experimento que
consistió en realizar el conteo de los individuos que seguían a un sujeto que
se arrancaba a cruzar la calle pese a que el semáforo estaba en rojo para los
peatones. Demostraron estadísticamente que la proporción de individuos que se
iban de forma automática detrás del actor contratado por los investigadores era
muy superior cuando éste iba vestido con traje y corbata, que cuando llevaba
vaqueros y zapatillas.
Los Ángeles.
1968.
Siguiendo
esa línea, los también psicólogos Doob y Gross realizaron un experimento que
consistió en observar la reacción de los conductores cuando el vehículo de
delante de ellos no arrancaba en el momento en que la luz del semáforo cambiaba
a verde. Para ello bloquearon alternativamente el tráfico con dos coches, en un
caso con un modelo nuevo y de lujo en contraposición a un cacharro viejo y
barato. El resultado fue que de manera estadísticamente significativa, los
conductores obstaculizados hicieron sonar sus bocinas antes y durante más
tiempo en el caso del automóvil desvencijado y de bajo status que en el del
modelo nuevo y suntuoso.
Por supuesto
con todo esto no pretendemos justificar el cinismo, el egoísmo, la mala fe, la
ceguera interesada pues a día de hoy ya es imposible atribuir a la ignorancia o
la falta de conciencia, la indignación que algunas personas expresaron cuando,
por ejemplo, los compañeros de Cañamero y Sánchez Gordillo expropiaron unos
pocos carritos de comida para los hambrientos mientras de forma simultánea la
degenerada y corrupta élite dirigente del país se apropiaba de toda la riqueza
social, desahuciaba a 400mil familias condenándolas a la miseria, intentaba
deteriorar la enseñanza y la sanidad públicas para posteriormente quedárselas,
y endeudaba al conjunto de la población comprometiendo nuestro futuro y el de
nuestrxs hijxs… Tenemos claro que lo políticamente correcto en una sociedad
cruel e inmoral es sencillamente un crimen basado en la ignorancia de no querer
ver, en definitiva mentiras y racionalizaciones para escapar del miedo o
escamotear el compromiso a cambio de una tranquilidad ficticia.
Bien
entendido esto, éste escrito es una invitación a lxs revolucionarixs a afilar y
mejorar nuestro pensamiento, a deconstruir los conceptos aprendidos, a
cuestionar todos los aspectos de la realidad vigente, a cotejar
indiscriminadamente nuestras ideas con las de lxs otrxs a través del “estallido
conversacional”.

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