nuevatribuna.es |Pedro Luis Angosto | 04 Diciembre 2014 - 20:01 h.
Bolonia es un modelo universitario retrógrado, clasista y
excluyente
En 1817 Fernando VII, el rey felón, decretó el cierre de las
Universidades debido al efecto pernicioso que las teorías liberales defendidas
por muchos profesores causaban en la juventud española, al mismo tiempo decretó
la reforma de las escuelas básicas para cortar de raíz la ponzoña anticristiana
en la que se educaba a los súbditos infantiles de su católica Majestad:
“Aunque el arreglo de los estudios mayores del reino, como más urgente y
perentorio, exigía un pronto y eficaz remedio para curar las llagas que las
malas doctrinas habían causado en la juventud y preservarla de nuevos estragos,
todavía mis paternales desvelos por la cristiana y esmerada educación de los
niños me hacían desear la mejora de las escuelas de primeras letras, donde
todos recibieran la doctrina indispensable para que sean buenos cristianos, y
vasallos aplicados y útiles en las diversas ocupaciones y ministerios de la
vida civil y religiosa”. Miles de profesores y maestros fueron despedidos,
encarcelados y exiliados mientras que quienes pudieron seguir dedicándose a la
enseñanza lo hicieron bajo el yugo del catecismo y el cirio.
Pese a los intentos liberales acaecidos tras la muerte del
rey felón, la situación de las universidades españolas no mejoraría hasta que
en 1876 Francisco Giner de los Ríos, Nicolás Salmerón y otros destacados
catedráticos universitarios se negaron a seguir adoctrinando a la población en
el dogma católico, hecho que supuso su expulsión de la Universidad y el
nacimiento de la mayor y mejor empresa educativa de nuestra historia: La
Institución Libre de Enseñanza. Basada en las teorías pedagógicas y filosóficas
de Pestalozzi, Krause, Alfredo Calderón y del propio Giner, la Institución,
perseguida por todos los gobiernos, educó a millares de jóvenes en libertad,
buscando en cada uno de ellos su mejor aptitud, de modo que al cabo treinta
años había logrado formar la mejor generación de pedagogos, científicos,
literatos, artistas y políticos de toda nuestra historia. La llegada de Franco
al poder supuso también la del nacional-catolicismo a la Universidad, una
universidad desierta y huera de la que habían desparecido la mayoría de los
profesores educados en la ILE dado que fueron asesinados, depurados o
exiliados: El renacimiento glorioso de la Universidad Nacional de México se
debió sin duda a la inmensa aportación del exilio español. A un profesorado
mediocre y gris, salvo algunas excepciones que habían logrado escapar a
exterminio franquista, se unía que la mayoría de las universidades y escuelas
universitarias sólo admitían a ricos o a enchufados afines porque todos tenían
números clausus, de ahí que las profesiones se perpetuaran de padres a hijos,
nietos y bisnietos, quien era hijo de abogado, sería abogado, quien lo era de
ingeniero sería ingeniero y juez el de juez.
Durante los últimos años del franquismo, pero sobre todo a
partir de la muerte del tirano se produce un cambio drástico en el panorama
universitario español: Muchos padres quieren que sus hijos cursen estudios
universitarios convencidos de que de esa manera su vida mejorará. En unos años,
la universidad elitista y familiar del franquismo se vio asaltada por miles y
miles de jóvenes que ya no pertenecían a las estirpes del régimen sino a la
clase media y en menor medida a la trabajadora: Sin en 1959 el número de
universitarios ascendía a 170.602, en 1999 la cifra superaba 1.580.000,
equiparándose España por esas fechas a la media que regía en Europa desde hacía
décadas. Fue importante la inversión hecha por los gobiernos socialistas de los
años ochenta y noventa, para comprobarlo basta darse un paseo por las
universidades de cualquier capital de provincia española, la de Alicante
sencillamente excepcional. Sin embargo, el mundo comenzó a cambiar en 1996 con
la llegada de Aznar y su troupe circense a los poderes. A los pocos meses de
ocupar la Moncloa, Aznar decretó la liberalización del sector universitario y
comenzaron a salir como setas en otoño lluvioso las universidades católicas en
las que se daban títulos a cambio de dinero, muchas veces sin que fuese preciso
tener aprobada la selectividad. Los hijos lerdos de familias con dinero vieron
abierto el camino para poder colgar un título en el comedor de casa y
acceder a la empresa o el ministerio de papá con muchísimo menos esfuerzo que
quienes estudiaban y estudian en la pública, porque la cosa lejos de arreglarse
se ha enquistado y las universidades católicas siguen expendiendo títulos a
granel sin ningún tipo de control estatal.
Si a esa puñalada trapera asestada al sistema universitario
español, añadimos el brutal impacto que el insensato Plan Bolonia ha causado en
nuestras universidades públicas, podemos concluir que estamos a un paso de
regresar al sistema que imperó durante la dictadura. España ha sido el país
europeo que más interés ha mostrado por implantar las directrices de Bolonia.
Así, nuestros hijos se ven obligados a pagar matrículas cada día más
intolerables y excluyentes, a hacer en cuatro años lo que antes se hacía en
cinco y a pagar unas cantidades de dinero inasumibles para obtener el Máster,
que no es otra cosa que la privatización directa del último curso de carrera.
Pero no para ahí la cosa, siguiendo las directrices ultraconservadoras y
mercantilistas de la UE, España se prepara ya para la estrategia 2020, que
supondrá que los grados universitarios tendrán una duración de tres años y que
los otros dos, los de la especialización, se cursarán también vía Máster
privado, pagando el estudiante o su familia la totalidad del coste de esos dos
cursos, sin becas y con microcréditos a pagar por el implicado o sus padres en
un plazo determinado. El Plan Bolonia supone de facto, la voladura integral de
la Universidad española y la expulsión del sistema educativo superior de las
clases menos pudientes, reservando ese ámbito educativo para aquellos que
tienen rentas más altas. En definitiva, se trata de una vuelta al pasado ya
vivido, ya sufrido, un regreso a la caspa y al privilegio sin que los problemas
verdaderos que arrastra la universidad española sean atajados de una vez por
todas. Bolonia es un modelo universitario retrógrado, clasista y excluyente que
ofrece como única solución a las carencias universitarias, la expulsión
económica de cientos de miles de estudiantes e investigadores dentro de un plan
que pretende poner como modelo el pasado.
Mucho se habla últimamente de la corrupción universitaria,
de los pésimos métodos de selección de personal docente que utiliza. Es cierto
que la Universidad española sigue rigiéndose por la endogamia, que para ser
profesor hay que tener padrino y esas cosas, pero siendo esa una rémora grande,
no es menos cierto que en las últimas décadas de la Universidad española han
salido médicos, físicos, informáticos, filólogos, historiadores, biólogos,
sociólogos e ingenieros de primera fila que hoy se rifan países como Alemania
por su alta cualificación y la negativa del Gobierno español a propiciarles una
salida profesional en nuestro país. España está siendo saqueada –en esto
también- de sus mejores cerebros, formados aquí, con dinero de aquí, se ven
forzados al exilio económico y regalar sus conocimientos a países que no han
invertido nada en ellos. Pero no se preocupen, con la política educativa del
Partido Popular y el Plan Bolonia, en breve nos veremos obligados a importar
profesores, médicos y abogados del Norte de África, nuestro ámbito natural.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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