sábado, 6 de diciembre de 2014

LA DEPURACIÓN FRANQUISTA EN EL SECTOR PRIVADO EN CATALUÑA



La depuración no sólo afectó a los empleados públicos en la posguerra. El franquismo también reprimió a los trabajadores del sector privado. En este artículo nos acercamos a este fenómeno en Cataluña.
Memoria Histórica | Eduardo Montagut Contreras | 06-12-2014 | En primer lugar trataremos la depuración de los profesionales liberales. Todos los miembros de los colegios profesionales sufrieron procesos de depuración. En el Colegio de Abogados de Barcelona se obligó a todos los colegiados antes del 18 de julio de 1936 a solicitar su reincorporación y cumplimentar unos cuestionarios sobre sus actividades políticas, sindicales y profesionales antes y después de la sublevación. La colegiación posterior a la fecha de la sublevación no fue reconocida. La Comisión depuradora acordó, en noviembre de 1939, la baja definitiva del Colegio de 58 colegiados y sancionar de distinta manera a 36 abogados. Los médicos de Barcelona sufrieron un proceso de depuración más amplio.
De los 1.700 colegiados inscritos en 1936, 335 fueron dados de baja inmediatamente, porque o estaban detenidos o habían marchado al exilio. El resto de colegiados tuvieron que pasar por procesos de depuración que duraron hasta el año 1944. Al final, fue sancionado el 18% de los colegiados y 26 médicos fueron suspendidos para ejercer temporal o definitivamente el ejercicio de la medicina. Se calcula que unos 995 médicos barceloneses sufrieron algún tipo de sanción dictaminada por la comisión depuradora del Colegio.

Los periodistas fueron sometidos, por su parte, a una dura represión. Para poder ejercer el periodismo había que estar inscrito en el Registro Oficial y este acto dependía de la autoridad correspondiente. Muchos periodistas no pudieron ejercer profesionalmente porque se les negó la inscripción.
El 9 de marzo de 1939 el general Álvarez Arenas dio una orden que regulaba los procedimientos para despedir y sancionar a los trabajadores en las empresas. Se estableció un plan de despidos por motivos políticos, es decir, por ser “desafectos a la Causa Nacional”, y que duró hasta finales del mes de abril. Los empresarios debían de entregar a la policía y a la Delegación Provincial de Trabajo la relación de sus trabajadores que había que despedir o sancionar. Estos organismos revisaban los listados y se encargaban de aprobar los despidos y las sanciones. Existía la posibilidad de recurrir ante la Magistratura de Trabajo, pero era evidente que era casi imposible conseguir ganar el recurso en aquel momento de persecuciones y exaltación del nuevo régimen. Es difícil hablar de cifras de despedidos y sancionados dada la cantidad de empresas y la falta de un estudio completo de este tema. La represión dependió mucho de las decisiones de los empresarios y equipos directivos de las empresas. La mayor parte de los despedidos fueron los trabajadores detenidos y los exiliados, acusados de haber abandonado su puesto de trabajo. Pero por otro lado, muchas empresarios tuvieron que readmitir a muchos trabajadores porque no podían prescindir de ellos, eso sí, difícilmente pudieron recuperar la categoría previa en el caso de los que habían tenido alguna responsabilidad en la empresa.
Los que sí sufrieron una clara represión fueron los líderes sindicales y los miembros de los comités obreros durante la guerra, aunque, también es cierto que dependió, de nuevo, de las decisiones empresariales.
En el sector bancario podemos acercarnos al caso de la Caixa de Pensions. En la institución fueron despedidos 83 empleados y sancionados unos 62, de una plantilla total de unos mil empleados. El depurado más conocido fue su director, Josep M. Boix i Raspall, que sufrió una dura persecución por parte de la policía; fue destituido, detenido, juzgado y condenado a tres años de prisión.
En el sector hostelero, tan activo en Barcelona, se obligó a todo el personal, independientemente de su categoría, a presentar instancias a la policía para solicitar el ejercicio de sus profesiones.
La depuración llegó al deporte. Se revisaron las licencias para poder practicar profesionalmente todos los deportes, y este control se extendió hasta los árbitros de futbol.
El despido de trabajadores por motivos políticos tuvo una consecuencia de la que fueron conscientes las propias autoridades franquistas, aunque no sabemos si tomaron alguna medida para paliarla o prohibirla. Algunos empresarios aprovecharon las circunstancias políticas para despedir a trabajadores sin indemnización, obligatoria como establecía la ley. El Servicio de Información e Investigación de la Falange de Barcelona denunció en mayo de 1940 que en algunas empresas se habían despedido a trabajadores que llevaban muchos años trabajando o que habían alcanzado una avanzada edad y habían sido hechos pasar por rojos para poder despedirlos sin derecho a indemnización. También es cierto que este servicio denunciaba, a la vez, que algunos empresarios habían ayudado y protegido a empleados que eran enemigos del Movimiento; quizás, porque debían ser muy valiosos como trabajadores



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