REVOLUCION A LA ISLANDESA
Artículos de
Opinión | Jaime Richart | 16-02-2013 |
Dice
Confucio "Señor, dame señor fuerzas para cambiar las cosas que puedo, paciencia
para soportar lo que no puedo cambiar e inteligencia para distinguirlo".
Tenemos luz y taquígrafos suficientes como para saber que el país entero está
en manos de malhechores de mayor o menor fuste incrustados en todas las
instituciones.
Por eso, aunque
albergo convicciones marxistas que preceden incluso a mi lectura de Marx,
también tengo paciencia: la virtud principal del revolucionario. Y puesto que
el pueblo español en su conjunto viene siendo muy mal educado ya desde la cuna
y desde muy lejos en el tiempo por el poder, por todos los poderes, para
indisponerle en contra del socialismo real, por tanto, renuncio de momento a la
utopía y me uno a quienes proponen la revolución pacífica tomando como
referencia la consumada en Islandia. Manuel Castells escribe en La Vanguardia
un artículo titulado ¿Revolución? No se limita a justificarla, también detalla
minuciosamente cómo ha de hacerse.
Hay que
desalojar del poder político y económico a todos estos buscavidas de medio pelo
que tanto daño están haciendo. Estoy convencido de que el ejército habrá de
mantenerse al margen. Una nueva Era ha comenzado. Benedicto XVI, más allá de
las razones oficiales y oficiosas ha debido comprender que su Iglesia ya no
tiene cabida en ella y por eso ha renunciado. Pero en este país, y pese a que
las pruebas pesan más en la balanza que los más elocuentes discursos, los
jerifaltes españoles no van a seguir ni de lejos el ejemplo de Benedicto, no
van a dimitir ni tampoco van a convocar elecciones; elecciones, por cierto, que
ya el pueblo ni desea porque nadie, salvo los políticos y sus cómplices,
quieren el sistema de partidos. En esta Era, tampoco hay sitio para ellos. El
pueblo español tiene ante sí un desafío. Si aprovecha las nuevas tecnologías
que dan acceso al conocimiento de la realidad más puntual antes velada a la
inmensa mayoría; si es consciente de que puede y debe aprovechar el
advenimiento de la conciencia universal, se hará con las llaves de esta Era y
construirá los cimientos de un país que nunca existió.
Contribuyamos
y facilitemos su entronización pues ya es inevitable. Recordemos a Confucio,
pero también a los antiguos griegos que decían: los dioses ayudan a quienes
aceptan y arrastran a quienes se resisten. Es nuestro turno, es el turno del
pueblo y de las asociaciones cívicas.
(Especial
para ARGENPRESS.info)

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