LA AUSTERIDAD COMO UN CASTIGO MORAL
Artículos de
Opinión | por Alberto Montero Soler | 16-02-2013 |


.jpg)


1.- ¿Es aceptable el diagnóstico de “The Economist”, que viene a resumir lo que el propio Gobierno viene diciendo de su actuación, es decir que aunque nada funcione en el terreno de las indicaciones centrales económicas, no hay otra política posible para salir de la crisis que la realizada por el gobierno de España?
Mi opinión
es que, evidentemente, hay otras políticas posibles si bien ninguna de ellas, y
menos ésta, nos saca de la crisis en las mismas condiciones de bienestar,
empleo y derechos sociales y económicos en la que nos encontrábamos cuando
comenzó.
Así, creo
que hay otras políticas posibles que permitirían paliar el impacto que la
crisis está teniendo sobre la mayor parte de la población y sobre la clase
trabajadora, pero las mismas serían meramente paliativas y no solucionarían los
problemas de fondo de la economía española sino sus expresiones sociales y
económicas más dolorosas (lo cual no es poco y es absolutamente reprochable al
gobierno que ni siquiera esté pensando en las mismas).
El problema
es que las políticas que permitirían revertir la situación y garantizar la
sostenibilidad de la economía española en la Eurozona superando su dependencia
del endeudamiento deben apostar por un cambio radical en el sistema productivo.
Es decir, son políticas de largo plazo y que no pueden realizarse en un marco
de competencia abierta con socios que nos llevan décadas de ventaja, sin
capacidad de proteger los emprendimientos productivos incipientes de la
competencia externa y con limitaciones sobre los márgenes de maniobra política
y financiera del Estado para promoverlos. Por lo tanto, en el marco
institucional y de política económica que impone el euro, la economía española
está condenada a ser de periferia, con todas las características propias de esa
condición.
2.- Si, como
se dice y alega continuamente, la política de “austeridad” se impone en España
porque es la que impone el eje Berlín – Bruselas – Frankfurt, ¿por qué no se
pone en discusión la política europea? ¿Es que quizá no hay alternativa a la
política de austeridad?
Yo creo que
la discusión sobre la política europea replica la división de la Eurozona entre
centro y periferia. Creo que en estos momentos nadie, salvo Alemania (y los
últimos datos muestran que la crisis también comienza a afectarle), se
encuentra cómodo en este experimento que es la Eurozona. Estamos en lo que
podríamos denominar un juego de suma negativa, esto es, un juego en el que
todos los participantes creen que se encontrarían mejor si no estuvieran
jugando al mismo.
Así, los
países del centro tienen esa percepción porque reniegan de su contribución al
rescate de las economías periféricas, olvidando los beneficios recibidos al
financiar los crecimientos descompensados de éstas. Y las economía periféricas
sienten que se les está haciendo pagar un precio abrumador por lo que era, en
parte, un deseo legítimo de equiparar aceleradamente condiciones de vida y
bienestar con el centro.
El caso de
Alemania es el más complejo porque vive en la esquizofrenia de ser centro y,
por lo tanto, renegar de la ayuda a la periferia pero, al mismo tiempo, es el
Estado que ha puesto a su servicio todo el proyecto europeo convirtiéndolo en
el principal mercado para sus exportaciones y solventando con ello el problema
de la debilidad de su demanda interna. Desde esa posición de superioridad
táctica Alemania dicta, ya sin el contrapeso de Francia, la política europea y,
más concretamente, impone casi como una condición moral la austeridad a la
periferia. Y cuando la austeridad se impone como un castigo moral por parte de
quien controla los resortes del poder a nivel europeo no creo que quepan muchas
opciones alternativas entre otras cosas porque éstas exigirían sacrificios
precisamente a quienes consideran que han obrado virtuosamente.
Por lo
tanto, no creo que esa opción pueda ser contemplada realistamente como posible
en el medio plazo. Es más, creo que si la crisis avanza y afecta a Alemania su
apuesta será aplicarse una nueva ronda de austeridad en carne propia, dando una
vuelta de tuerca más sobre las condiciones laborales y salariales de los
trabajadores alemanes.
3. Muchos
reconocen que la austeridad no basta, pero el crecimiento y el empleo empezarán
a responder cuando las reformas estructurales – en especial facilidades y
abaratamiento del despido, reducciones salariales, privatización servicios
públicos y reforma de las pensiones – comiencen a dar resultado, impulsando la
productividad. ¿Es un punto de vista correcto o, como temen muchos, las
llamadas reformas estructurales se ponen en marcha ante todo como instrumento
de destrucción de las garantías legales y colectivas del trabajo y para la
disgregación del Estado social?
Mi punto de
vista al respecto es que las reformas estructurales constituyen el núcleo de la
ofensiva contra los trabajadores y contra el propio Estado social. En un
contexto de crisis generalizada del capitalismo, en el que no termina de
recuperarse la tasa de ganancia y en el que determinados servicios se
encuentran desmercantilizados porque son prestados por el Estado, la ofensiva
contra el Estado de Bienestar busca la privatización de los mismos y su
rentabilización por parte del capital.
Además, la
emergencia de nuevas potencias económicas en la esfera internacional, con unas
condiciones laborales y sociales no equiparables a las de las economías
capitalistas más desarrolladas, está induciendo a una carrera competitiva a
éstas últimas tratando de ocupar mercados externos por la vía de la
equiparación a la baja de esas condiciones y despreciando los efectos que esto
tiene sobre la demanda interna.
Las
políticas de reforma estructural son, por lo tanto y a mi modo de ver, parte de
la estrategia de refuerzo de la competitividad por la vía de abaratar costes
laborales, al tiempo que permiten recuperar espacios de rentabilización del
capital mediante la privatización de lo público. O, por decirlo más
contundentemente, la conquista de cuotas de mercado externo se consigue a costa
del empobrecimiento de los trabajadores y del desmantelamiento de los derechos
laborales y sociales de todos los ciudadanos, es decir, extendiendo la
barbarie.
Alberto
Montero Soler es profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga y
presidente de la Fundación CEPS.
Fuente:
Insight







No hay comentarios:
Publicar un comentario