Don Felipe el limosnero

Mientras los mercados nos empobrecen, el gobierno cuela en los presupuestos 60.000 millones más para la banca, los desahuciados se suicidan, los inmigrantes se ahogan, los catedráticos se mileurizan, los estudiantes se sublevan y los indignados, que ya somos todos, rodean el Congreso, en España encontramos tiempo para el remanso cultural, para la contemplación azoriniana, para lo deportivo, lo caritativo, lo almidonado, lo monárquico y lo biempensante en los premios Príncipe de Asturias. Y dinero. También encontramos dinero. Porque estos premios rondan los seis millones de euros de presupuesto. Unos pocos desahucios se evitarían.

Jalonando el florido discurso de nuestro barbado príncipe, vinieron los premios. Futbolistas, escritores, arquitectos, gentes, etcétera. Pero, sobre todo, entidades vinculadas al mundo de la caridad. Cruz Roja, Banco de Alimentos y Media Luna Roja.
En España, desde los tiempos en que las marquesas ordenaban hacer ganchillo a sus sirvientas para donar bufandas a los pobres, la caridad ha sido un gran motor de nuestra economía. Hoy media España vive de la caridad, debe constituir ya el 20% de nuestro PIB, y esta semana nos hemos enterado de que Amancio Ortega ha donado, sin publicidad, 20 milloncitos a Cáritas. Eso sí, después de haberse ahorrado, también sin publicidad, más de 200 millonazos en impuestos con el truquito de cotizar por medio de Sicavs. Que una cosa es desbordar solidaridad y otra ser gilipollas. Bendita España de las oportunidades, que diría Don Felipe.


En resumen, que los Príncipes de Asturias han estado muy dedicados a los pobres y, por tanto, a la cultura, porque, en este sistema esclavista que estamos construyendo con el esfuerzo de todos, solo los pobres y los parados tienen tiempo para leer y para ir a la ópera. Y así es como se construye una nación verdaderamente culta. Que la gente tenga tiempo.
Por cierto. Vi la entrega de premios en el canal 24 Horas. Hubo un momento en que se oyó como un rumor de multitudes gritando: “La España real no tiene nada que celebrar”. Enseguida se apagó el ruido, e inmediatamente imaginé que la televisión pública había silenciado a los gritones porque eran de la ETA. ¿Alguien me lo podría confirmar?
Fuente: www.publico.es
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