El
pasado viernes 1 de febrero a las 17’00 horas de la tarde, un grupo de
activistas del Grup Antimilitarista Tortuga desplegaron una pancarta en el
interior de El Corte Inglés de Oscar Esplá, en Alicante
España |
Tercera Información | 04-02-2013 |
En dicha
pancarta se leía “Comprar en el El Corte Inglés es violencia”. Junto a
los activistas que sujetaban la pancarta otros repartían octavillas e
informaban a los clientes del centro comercial con megáfono.
El objeto de
la acción, que se enmarca en la celebración que está haciendo nuestro colectivo
del Día Mundial de la Paz y la Noviolencia, ha sido el de señalar la complicidad
de El Corte Inglés con el militarismo y la guerra. El Corte Inglés, señala
el Grupo Tortuga,“ expolia al tercer mundo vendiendo objetos fabricados en
condiciones de semiesclavitud, y ofreciendo productos de marcas expresamente
señaladas como agentes de destrucción medioambiental y de exterminio de
comunidades indígenas. Por ejemplo Coca-Cola o Nestlé. No conforme con eso, es
el principal proveedor de vestuario del ejército español, con el cual mantiene
un pingüe negocio. También gana dinero vendiendo vestuario a la policía.”
La acción,
relata el Grup Antimilitarista Tortuga, que ha durado más de una hora, ha sido
respondida por un nutrido grupo de agentes de seguridad de El Corte Inglés
con gran violencia. Los activistas han sido expulsados del interior del
centro comercial a base de patadas, golpes, empujones y arrastres. Esta
actuación, denuncian los antimilitaristas, “supone un hecho delictivo e
inmoral, y una muestra más de hasta qué punto El Corte Inglés es sinónimo de
violencia. Los antimilitaristas, por su parte, se han limitado a hacer en todo
momento resistencia pasiva echándose al suelo y tratando de evitar ser
desalojados y de que se les arrebatara su pancarta, pero sin hacer uso de la
más mínima respuesta violenta. Hasta dos veces más se han vuelto a introducir y
desplegar la pancarta mientras los agentes estaban ocupados en desalojar a
otros compañeros, siendo todos expulsados varias veces, siempre con la misma
saña. Los violentos empleados de El Corte Inglés se han ocultado a la llegada
de la Policía Nacional, a la que previamente habían llamado. Ha habido
identificaciones de algunos manifestantes pero no detenciones.”
El Grupo
Tortuga explica que “la acción directa noviolenta fue exitosa en cuanto a su
pedagogía, y bastante contraproducente para la imagen de la empresa. La
violenta y sostenida actuación de sus guardiantes en horario de máxima
afluencia de público, y en la puerta del gran almacén que daba a una replaceta
en la arteria comercial más importante de la ciudad, un viernes por la tarde,
arremolinó a decenas de curiosos y clientes del Corte Inglés. Los compañeros del
grupo que participaban en la acción desde fuera pudieron hacer una difusión
exitosa de los materiales publicitarios, y hablaron con muchas personas que se
acercaron a preguntar por las motivaciones de la acción.”
Manifiesto:
Comprar en
El Corte Inglés es violencia
Suele
parecernos que poco o nada podemos hacer para evitar las injusticias que
dominan nuestro planeta; sin embargo, en actos tan cotidianos como hacer la
compra o tomar un café podemos colaborar, quizá inconscientemente, con empresas
que sangran el mundo. El Corte Inglés es una de ellas.
Estamos
hablando de una cadena que fabrica su ropa en talleres africanos donde para
nada se cuidan las condiciones laborales. Algunas de estas prendas nos las
vende a nosotros; otras (mediante contratos con Defensa que alcanzan los 90
millones de euros), al ejército español, aquel que participa en una guerra como
la de Afganistán que ha costado la vida ya a más de 12 000 personas; otras, a
la misma policía que defiende sus establecimientos ante cualquier protesta.
El Corte
Inglés —como Carrefour, Mercadona o Alcampo— busca a miles de kilómetros los
mismos alimentos que se cultivan al lado de nuestra casa. Esto supone que los
productos deban hacer largos y contaminantes viajes, despilfarrando combustible
por el camino. Además, son los cultivos que tradicionalmente alimentaban a
muchos campesinos en el Tercer Mundo, y a los que ya no tienen acceso, pues
viajan hacia nuestras mesas antes de que puedan probarlos. Así, El Corte Inglés
expolia al Tercer Mundo y empobrece al campesinado de nuestra zona.
Pero las
maldades de esta empresa que fomenta el sindicalismo vertical no acaban aquí:
vende marcas como Nestlé o Coca-Cola, acusadas ambas en casos de asesinatos de
sindicalistas y expoliadoras de fuentes en las que bebían desde hace siglos
comunidades indígenas en América Latina o Asia.
Comprar a El
Corte Inglés és violència
Sovint ens
sembla que poc o no res podem fer per evitar les injustícies que dominen el
nostre planeta; no obstant això, amb actes tan quotidians com ara fer la compra
o prendre un cafè podem col·laborar, potser inconscientment, amb empreses que
sagnen el món. El Corte Inglés és una d’elles.
Parlem d’una
cadena que fabrica la seua roba en tallers africans on no es cuiden en absolut
les condicions laborals. Algunes d’aquestes peces ens les ven a nosaltres;
d’altres (mitjançant contractes amb Defensa que arriben als 90 milions
d’euros), a l’exèrcit espanyol, aquell que participa en una guerra com la
d’Afganistan que ha costat la vida ja a més de 12 000 persones; d’altres, a la
mateixa policia que defensa els seus establiments davant de qualsevol protesta.
El Corte
Inglés —com Carrefour, Mercadona o Alcampo— cerca a milers de quilòmetres de
distància els mateixos aliments que es conreen al costat de la nostra casa.
Això suposa que els productes hagen de fer llargs i contaminants viatges,
malgastant combustible pel camí. A més, són els cultius que tradicionalment
alimentaven a molts camperols al Tercer Món, i als quals ja no tenen accés,
perquè viatgen cap a les nostres taules abans que no puguen tastar-los. Així,
El Corte Inglés espolia al Tercer Món i empobrix a la pagesia de la nostra
zona.
Però les
maldats d’aquesta empresa que fomenta el sindicalisme vertical no acaben ací:
ven marques com ara Nestlé o Coca-Cola, acusades ambdues en casos d’assassinats
de sindicalistes i espoliadores de les fonts on bevien des de fa segles
comunitats indígenes a l’Amèrica Llatina o Àsia.

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