No
es una novedad que los pozos petrolíferos y de gas natural se estén agotando y,
con ellos, la influencia, poder y escandalosos beneficios económicos de las
multinacionales que los gestionan. Para evitar esto, desde hace algunos años se
han lanzado a una carrera desenfrenada para localizar y explotar hasta la
última gota de los combustibles fósiles a los que tan adictos/as nos han
convertido.
Artículos de
Opinión | Todoporhacer.org | 04-02-2013 |

El nuevo
maná parecen ser los llamados gases no convencionales, es decir, gas natural
que no se encuentra en bolsas y por tanto no puede extraerse mediante las
técnicas tradicionales. De ellos, el más común es el gas pizarra, que se
encuentra atrapado, como su nombre indica, en estratos de pizarra a mucha
profundidad, distribuido en pequeños poros no conectados entre sí, lo que hace
necesaria una técnica de extracción muy costosa y compleja: la fractura
hidráulica o fracking. Ésta consiste en realizar una perforación vertical hasta
la capa de pizarra, y una vez ahí una perforación horizontal (de 1,5 km de
media, aunque puede llegar hasta los 3) a través de ella. A continuación se
utilizan explosivos para provocar pequeñas fracturas, y se inyectan miles de
toneladas de agua a muy alta presión, mezcladas con arena y aditivos químicos.
Este agua a presión fractura la roca liberando el gas que luego, junto con el
agua, el arena y los aditivos retorna a la superficie (retorna entre un 15 y un
80% del fluido inyectado).
Impactos de
la fractura hidráulica
Los impactos
que lleva consigo esta técnica, como se puede suponer, son brutales. Además del
consumo de agua masivo que requiere (entre 4.000 y 28.000 toneladas por
fracking, y hasta 18 frackings por pozo) y las grandes infraestructuras
(desmontes que modifican el paisaje, pozos, balsas de almacenamiento,
gasoductos, pistas para camiones, etc.), genera continuos ruidos y un gran
impacto visual para la población local. A esto se añade el altísimo riesgo de
contaminación en muchísimos aspectos, como se ha podido comprobar en los
lugares en los que ya se ha puesto en marcha en Estados Unidos (EEUU)[1]:
Dónde se ha
puesto en práctica, dónde no y dónde va a ponerse
La
extracción de este tipo de gas comenzó a practicarse hace un par de décadas en
Estados Unidos. Las grandes empresas petroleras pronto comenzaron a invertir
miles de millones de dólares en este negocio, y las prospecciones para hallar
nuevos yacimientos se multiplicaron rápidamente, “alquilando” terrenos a
particulares para instalar nuevos pozos, hasta llegar a más de 450.000 pozos en
34 estados en la actualidad.
En Europa,
el proceso está siendo más lento debido a que el subsuelo no es de propiedad
privada sino competencia de la Administración. Aunque aún no existe legislación
específica (ni a nivel europeo ni en cada país), Polonia ya ha comenzado a
explotar yacimientos, mientras que Francia ha paralizado los proyectos hasta
conocer mejor las consecuencias medioambientales y se han aprobado moratorias
en Suiza, Holanda y otros países.
En España no
se ha utilizado todavía la técnica, pero se están concediendo numerosos
permisos para explorar yacimientos y determinar su capacidad. El último caso se
conoció el pasado mes de octubre, con la firma de un consorcio entre el Ente
Vasco de Energía (EVE) y dos empresas estadounidenses (Heyco y Cambria), con la
intención de iniciar los trabajos de prospección de dos pozos en la provincia
de Araba (Álava), en lo que han denominado proyecto Gran Enara. El acuerdo se
anunciaba como la solución para la autosuficiencia energética de Euskadi,
llegándose a afirmar que el yacimiento puede contener gas suficiente para
abastecer la demanda durante 60 años. Con estas afirmaciones tan optimistas
pretenden justificar la inversión de 100 millones de euros necesaria “para
confirmar definitivamente el hallazgo“[2].
Es difícil
saber con exactitud la cantidad de permisos concedidos, ya que la información
al respecto es muy limitada e imprecisa, pero la mayoría de ellos corresponden
sobre todo a la zona norte de la península (Cantábrico, Pirineos, Aragón,
Burgos…). En Cantabria y, más recientemente, en Burgos, ya se han constituido
asambleas populares contra la fractura hidráulica, que tratan de recopilar y
difundir información acerca de esta técnica y de los permisos de investigación
que afectan a su territorio, y de actuar como sea posible para paralizar los
proyectos.
Por su
parte, el Ministerio de Industria declaró el pasado 14 de noviembre su apoyo a
este combustible, en una jornada sobre seguridad energética en Europa
(auspiciada por la Presidencia polaca de la UE), a la que asistieron directivos
de grandes petroleras y altos cargos políticos del Parlamento Europeo.
Conclusión
Queda claro
que nos encontramos ante una nueva amenaza directa al hábitat y la salud de
quienes (humanos o no humanos) en nada se benefician de los intereses de
grandes multinacionales ávidas de nuevas formas de exprimir hasta la última
gota el medio en el que vivimos.
Por un lado,
tenemos la hipocresía de quienes tratan de vendernos un futuro de “capitalismo
verde”, de consumo responsable y sustentado por energías renovables y no
contaminantes, y por otro, nos encontramos con la realidad de la huida hacia
adelante del progreso, del consumo desenfrenado, y la consecuente búsqueda de
formas de alimentar a la máquina al precio (medioambiental) que sea. Queda
patente que la búsqueda de nuevas fuentes de energía nunca estará basada en el
tan clamado “desarrollo sostenible”, sino pura y llanamente en la obtención del
mayor beneficio económico posible.
Más
información en www.fracturahidraulicano.wor...
[1] En EEUU
los pozos de fractura hidráulica están exentos de atenerse a la Ley de Aguas y
otras leyes de protección medioambiental, y la información, mediciones, medidas
de seguridad, etc., son, en el mejor de los casos, insuficientes. Hasta 2010 no
comenzó a plantearse la necesidad de regulación de esta industria. La
contaminación local del agua y el aire es prácticamente la norma. Para
información sobre casos concretos se puede consultar el documental Gasland, de
Josh Fox (http://fracturahidraulicano.wordpre...).
[2] Cabe
destacar que, según documentos de la Administración de Información de la
Energía de EEUU publicados en el New York Times, existen importantes dudas acerca
de las estimaciones que realizan las empresas sobre la cantidad de gas que se
puede extraer de manera rentable económicamente, lo que apuntaría a una posible
“burbuja energética”. Hay que tener en cuenta la cantidad de recursos que
requiere esta técnica: miles de toneladas de agua, grandes infraestructuras,
miles de viajes de camiones cisterna, productos químicos, y un largo etcétera,
lo que hace plantearse si, a fin de cuentas, realmente se produce más energía
de la que se consume.
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