Turquía indulta a karl Marx pero reprime a Bart
Simpson
-
El país ha levantado la prohibición sobre
más de mil libros y publicaciones periódicas
-
El fin de una lista negra de libros no
oculta otras formas de presión censora
Una
manifestación contra la censura en Turquía / EL PAÍS
Libros tan
dispares como un atlas de National Geographic, el Manifiesto Comunista de Karl
Marx y el cómic italiano Capitan Miki (El
pequeño héroe, en español) están entre los cientos de títulos
prohibidos en Turquía hasta este año. Turquía ha levantado la prohibición que
pesaba sobre más de mil libros y publicaciones periódicas. También están
incluidas las obras de Nazim Hikmet, considerado el poeta
turco más importante del siglo XX, un informe sobre la situación de
los derechos humanos en el país y una colección de canciones populares de la
provincia kurda de Dersim. Se trataba de diferentes prohibiciones impuestas
durante las últimas décadas. El año pasado, el Parlamento decidió que dejarían
de estar en vigor a final de año si ningún tribunal las ratificaba. Y así ha
sido.
El cambio se
entiende como un avance positivo en Turquía, un país que en los últimos meses
ha sido criticado duramente por sus ataques a libertad de expresión y de
prensa. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. “Este levantamiento de
la prohibición no sirve de nada”, dice entre risas Ebru, una dependienta de una
gran librería del centro de Estambul. “Es precisamente por eso que el Gobierno
lo ha permitido”.
Ebru explica
que, en la práctica, muchos de los libros prohibidos se podían seguir
imprimiendo y vendiendo legalmente en Turquía. En la contraportada de varias
obras de Nazim Hikmet se ve el sello del Gobierno que certifica que la venta de
ese libro es legal. Y lo mismo, por ejemplo, en las obras de autores marxistas
y comunistas.
En la
práctica, muchos de los libros prohibidos se podían seguir imprimiendo y
vendiendo legalmente
“Aun así, si
por ejemplo al Gobierno no le gustan mis ideas y me quieren convertir en una
delincuente, la policía puede entrar en mi casa y si ven el Manifiesto
Comunista o cualquier libro 'prohibido', entonces sí dicen que es un crimen.
Van haciendo las normas conforme las quieren usar”, dice Ebru, y destaca que
aún hay libros y, sobre todo, periódicos publicados por estudiantes y
activistas prohibidos por el Gobierno.
Pero los
intentos de limitar la libertad de expresión de las autoridades turcas no se
quedan ahí. El año pasado, el aclamado pianista turco Fazil Say fue acusado de
“insultar públicamente los valores religiosos adoptados como parte de la
nación” por un mensaje que publicó en la red social Twitter. Tras oír una llamada
a la oración muy breve procedente de una mezquita, Say escribió: “¿Por qué
tanta prisa? ¿Te está esperando tu amante o tienes un raki (licor alcohólico
tradicional turco) en la mesa?”
Turquía es
un país musulmán pero parte de la población aprueba el beber alcohol, sobre
todo en las grandes ciudades como Estambul. En el centro de esta ciudad, son
comunes las terrazas de los bares en las que se puede consumir alcohol. El
juicio a Say tendrá lugar en febrero y el pianista se enfrenta a 18 meses de
prisión.
La
televisión tampoco escapa a las restricciones. En diciembre la autoridad
reguladora de lo audiovisual multó con 52.951 liras turcas (unos 22.600 euros)
a un canal que había emitido un episodio de la serie animada Los Simpson
en el que aparecía Dios sirviendo un café al diablo.
La autoridad
reguladora de lo audiovisual multó con unos 22.600 eurosa un canal que emitió
un episodio de Los Simpson en el que aparecía Dios sirviendo un café al diablo.
Hace unos
días, la misma autoridad multó con 502.979 liras (unos 213.000 euros) a otro
canal de televisión. En este caso, el motivo fue lo que dijo una de las
participantes a su marido en un concurso en el que varias parejas competían por
un coche: “Cariño, piensa en mí con otro hombre, piensa algo malo y enfádate
conmigo”. “Piensa en mí con otra persona” se refiere a una relación ilegal, lo
que significa engañar (en el matrimonio)”, explicó la autoridad de lo
audiovisual en un comunicado.
Pero quizá
la mayor controversia la ha causado la serie de televisión El siglo
magnífico, que trata sobre Solimán el Magnífico. Solimán fue el sultán más
importante del Imperio Otomano, que bajo su liderazgo en el siglo XVI conquistó
Oriente Medio, parte del norte de África y los Balcanes y llegó a las puertas
de Viena.
La serie deja
de lado el aspecto histórico, se centra más en las intrigas palaciegas y
muestra a Solimán como bebedor y mujeriego entre un harén de bailarinas, algo
que no gusta nada al primer ministro, Recep Tayyip Erdogan. “Ese no es el
Solimán que conocemos. Ante mi nación, condeno tanto al director de la serie
como al dueño del canal de televisión. Hemos alertado a las autoridades y
estamos esperando una decisión judicial”, dijo el primer ministro en noviembre.
Unos días después, la compañía aérea Turkish Airlines dejó de incluir la serie
como parte de su oferta de entretenimiento en sus vuelos.
"Estos
ejemplos rozan lo absurdo y son inaceptables, esto proyecta una larga sombra
sobre Turquía", se lamenta Yavuz Baydan, defensor del lector en el
periódico Sabah y activista por la libertad de expresión y de prensa.
"Sobre
estas cuestiones, hay buenas noticias y hay malas noticias, en Turquía es
siempre así, es complicado", añade Baydan, quien recalca el hecho de que
Turquía es el país europeo con un mayor número de usuarios en Facebook y uno de
los primeros en Twitter. "Si tienes esto en cuenta, hay mucho espacio para
que la gente exprese sus opiniones".
Aunque
quienes quizá se llevan la peor parte son los periodistas turcos. En diciembre,
Reporteros sin Fronteras (RSF) declaró Turquía "la mayor prisión del mundo
para periodistas". RSF había contado 72 trabajadores de medios de
comunicación detenidos en Turquía y, de estos, al menos 46 por motivos
relacionados con su trabajo, lo que convertía a Turquía en el país del mundo
con un mayor número de periodistas encarcelados, por delante de China, Irán,
Siria y Eritrea.
Por su
parte, el Comité para la Protección de los
Periodistas (CPJ, en inglés), aumentaba esta cifra a 50 y destacaba
que una de las pruebas en el caso más reciente era precisamente que el
periodista tenía un libro "prohibido" en su casa.
En los
últimos días, otros 6 periodistas han sido acusados
de pertenecer a un grupo terrorista y encarcelados sin que haya fecha para su
juicio. "Las autoridades turcas deben detener la práctica de
encarcelar a periodistas por vagas acusaciones antiterroristas y permitir a la prensa
que informe con libertad y sin temor a los encarcelamientos o abusos",
dijo el CPJ en un comunicado el 22 de enero.
También en
diciembre, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos criticó la actual
legislación turca sobre Internet. Según Baydan, más de 8.000 páginas web están
bloqueadas en Turquía. "Pero uno no puede detener las ideas, siempre
volverán a aparecer por otro sitio", concluye.
Fuente: www.elpais.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario