La burbuja inmobiliaria y
los cambios en las clases hegemónicas
Jueves, 7 de febrero de 2013
Por M. Relti / Canarias-Semanal.org
"Lo que
se ha dado en llamar la "burbuja inmobiliaria"- escribe nuestro
colaborador M.Relti - tiene su origen en la constitución de un nuevo
"modelo económico" capitalista, que fue desarrollándose paralelamente
al desmantelamiento industrial y agrario que se dio en el Estado español, tras
la adhesión a la Unión Europea. Pero este proceso comenzó cuando durante la
transición política de la dictadura franquista a la monarquía juancarlista, las
clases hegemónicas españolas fueron desplazando el ámbito de su poder económico
hacia los negocios de la recalificación y construcción de suelos (...)
Lo que se ha dado en llamar la "burbuja inmobiliaria" tiene su
origen en la constitución de un nuevo "modelo económico"
capitalista, que fue desarrollándose paralelamente al desmantelamiento
industrial y agrario que se dio en el Estado español tras la adhesión a la Unión
Europea.
La construcción terminó convirtiéndose en la auténtica "industria
nacional". Se trató, pues, de una reconversión radical y profunda de
la economía española, mediante un proceso nada espontáneo iniciado en la década
de los 80, alternativo a aquél que se había diseñado en los años 60 bajo la
dictadura de Franco. A partir de 1982, bajo el gobierno de Felipe
González, se fueron abonando las condiciones para que en 1997 se empezara
desarrollar, de manera vertiginosa, lo que luego hemos conocido como la "burbuja
inmobiliaria".
En realidad, el proceso comenzó cuando durante la transición política de
la dictadura franquista a la monarquía juancarlista se produjo una "refundación"
oligárquica del poder de las clases dominantes. Poco a poco, sobre esta
"refundación" las clases hegemónicas españolas fueron desplazando
el ámbito de su poder económico hacia los negocios de la recalificación y
construcción de suelos, que no sólo no estaban sometidos a ningún tipo de
control, sino que encontraron el aliento y la complicidad de las instituciones
gubernamentales. Esta política fue patrocinada por el propio presidente del
ejecutivo socialdemócrata Felipe González Márquez. Y resueltamente
defendida, públicamente, por su ministro de economía Carlos Solchaga.
Fue la época en la que éste último se preguntaba soberbio ante los medios de
comunicación qué podía tener de malo que España fuera un
país plenamente dedicado al sector servicios y a la recepción de jubilados
europeos. La pregunta del ministro no respondía, naturalmente, a una reflexión
personal suya, sino que era la expresión de la aceptación por su parte del
papel subordinado que la UE había impuesto a España.
En el curso de este período, una burguesía inmobiliaria y rentista, vinculada a
las grandes empresas de las infraestructuras y la construcción, consolidó su
poder en todas las áreas económicas del Estado español.
Con los gobiernos de Aznar y Rodríguez Zapatero, el nuevo
"modelo económico" se fortaleció. Como corresponde a cualquier
Estado capitalista, la legislación fue puesta en sintonía con los intereses de
la nueva oligarquía hegemónica. En el año 1998, una ley dictada por el gobierno
de Aznar privatizó el mercado del suelo. El propósito era evidente:
multiplicar la rentabilidad del negocio inmobiliario aumentando el terreno
edificable. Su continuador en la presidencia, Rodríguez Zapatero, no
hizo más que consolidar las medidas de su predecesor implementando su
aplicación.
Fue esta la época de los megaproyectos urbanísticos, acompañados por las
recalificaciones de suelos. En una alucinante orgía de despilfarro se
construyen aeropuertos, parques temáticos, "ciudades de la cultura",
complejos congresuales, etc., atendiendo exclusivamente a los intereses
inversionistas de la nueva clase dominante.
Este período coincide también, por otra parte, con las repercusiones provocadas
por la entrada de España en la Unión Europea. Los fondos europeos
pusieron a disposición de las grandes empresas de la construcción cantidades
fabulosas de capital dispuestas a ser invertidas en cemento. Ello creó
paralelamente la mágica ilusión, en importantes sectores de la población
española, de convertirse en propietarios de viviendas, gracias a las "libérrimas"
facilidades ofrecidas por una banca que también poseía importantes
intereses en el sector de la construcción.
De forma simultánea, el valor de las viviendas crecía exponencialmente. Durante
el decenio 1996-2006 el precio de la vivienda se duplicó. El endeudamiento de
las familias alcanzó tal desarrollo que en el año 2006 una cuarta
parte de la población española estaba endeudada por más de una década.
Durante esos años, decenas de miles de jóvenes abandonaron sus estudios
seducidos por "El Dorado" de la construcción. Mientras que el
precio de la vivienda se duplicaba, los salarios en cambio permanecían
congelados. ¿Cómo era posible, entonces, que la adquisición de este bien
continuara creciendo exponencialmente? La razón estribaba en que los banqueros,
borrachos por el festín de beneficios que proporcionaba el boom de la
construcción, ofrecían "hipotecas baratas para todos". Los
plazos de las mismas fueron ampliados hasta límites inconcebibles: ¡40 años!.
"¡Si usted no puede pagarla, la pagarán sus nietos! Y si en el transcurso
de esas cuatro décadas algún suceso le impidiera pagar los plazos, con su venta
ganaría dinero" - afirmaban sonrientes los gestores de la banca.
El final de esta historia no es necesario recordarlo. Hoy está a la vista
de todos.
Fuente: http://canarias-semanal.org/

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