Artículos de Opinión | SERGIO ALEJANDRO GÓMEZ | 13-02-2013 |
De todo un
poco tiene el largometraje político protagonizado por la expresidenta de la
Comunidad de Madrid y actual titular del Partido Popular (PP) en la región,
Esperanza Aguirre, quien transita con facilidad de una trama de espionaje y
corrupción a la más bufa de las comedias, cuando los micrófonos abiertos le
juegan una mala pasada.
Con el
pomposo título nobiliario de condesa consorte de Murillo, Aguirre acumulaba
tres escabrosas décadas en la palestra pública antes de salir por la puerta
estrecha y renunciar a su cargo de gobernadora por causas poco claras en
septiembre del 2012, dejando un legado de privatización de hospitales y de
progresiva desarticulación de los servicios públicos.
Sin embargo,
deben removerle poco la conciencia las masivas protestas del movimiento social
15-M, un grupo que calificó de "camorristas" y
"pendencieros" y comparó con los jacobinos de la Revolución Francesa
en busca de un golpe de Estado.
Aguirre
cuenta con un rosario de este tipo de comentarios fuera de tono, disparates y
confusiones, como cuando confundió a la escritora española Dulce Chacón
(fallecida hace varios años) con la poetisa cubana Dulce María Loynaz (también
fallecida). Durante la inauguración de un colegio que lleva el nombre de Chacón,
Esperanza preguntó a la madre de la novelista: "¿Dónde está Dulce, en
Cuba?" Igual de famosa es su versión del apellido del genial portugués
José Saramago, reconvertido en sus labios en "la novelista Sara
Mago", así como su antológica sentencia de muerte a los arquitectos porque
sus crímenes perduran para toda la vida.
EL
"ESPERANZAgATE", GÜRTEL Y BÁRCENAS
El viejo
"animal político" que es Esperanza Aguirre ha demostrado que solo le
importa una cosa, el poder, y es capaz de hacer cualquier cosa por saciar su
sed de grandeza.
La Agencia
Tributaria española confirmó que financió de forma irregular su campaña
electoral del 2003 y 2004 para la Comunidad de Madrid con
"donaciones" a una fundación vinculada al PP (FUNDESCAM) que ella
misma presidía y cuyos fondos no podían ser utilizados para labores
proselitistas.
El favor de
los empresarios lo pagó luego con más de 200 ventajosos contratos con el
gobierno comunitario por valor de 300 millones de euros.
Esos
"buenos contactos" le permitieron cambiar la política por el
lucrativo puesto que ostenta ahora como "asesora estratégica" de
Seeliger y Conde, una transnacional cazatalentos.
Esas ansias
la llevaron también a verse envuelta en uno de los mayores escándalos políticos
en la historia del PP, digno de Carl Bernstein y Bob Woodward, los periodistas
del Washington Post que develaron el caso Watergate, donde estaba implicado el
presidente Richard Nixon y que terminó con su dimisión en 1974.
El
"Esperanzagate" ibérico fue destapado a comienzos del 2009 por El
País, pero los acontecimientos sucedieron un año antes. Según la información
obtenida por el diario, Aguirre utilizó fondos públicos y a funcionarios de la
Comunidad para seguir los pasos de sus adversarios directos dentro del mismo
PP, entre ellos el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo y el exvicepresidente y
exconsejero regional Alfredo Prada.
No era poco
lo que estaba en juego entonces, desde la disputa por la presidencia de los
populares, en la que terminó reeligiéndose Mariano Rajoy, hasta el control
político de la poderosa Caja Madrid, una batalla que también perdió al asumir
la dirección Rodrigo Rato y no su aliado Ignacio González.
Sin embargo,
en el 2010 la jueza que atendía las acusaciones de espionaje decidió archivar
el caso por "falta de pruebas", pero no de que se hubieran cometido
efectivamente los seguimientos, sino de elementos que demostrasen que estos
constituían en realidad un delito. No sería la primera vez que Aguirre saliera
bien librada de escándalos políticos en los que, a todas luces, debió haber
estado involucrada o, cuando menos, enterada.
Aún es poco
lo que se sabe del papel real que jugó en el caso Gürtel, una compleja trama de
sobornos a altos cargos de la Comunidad Madrileña y Valenciana a cambio de
beneficios económicos, en el que están involucrados altos cargos del PP.
Asimismo, muchos de los alcaldes sancionados por los negocios turbios son
reconocidos "aguirristas".
Tampoco son
claros los nexos de Aguirre con el reciente escándalo de Luis Bárcenas,
extesorero del PP, quien supuestamente habría llevado una contabilidad
alternativa del Partido y realizado pagos ilegales a sus principales
dirigentes. Varios analistas coinciden en que todo esto sucedía bajo sus
narices, y pocas cosas se mueven en la Comunidad de Madrid sin que ella las haya
autorizado o impulsado.
AMISTADES
PELIGROSAS
Fue ese
mismo escenario madrileño el que Aguirre intentó convertir —de la mano de su
amigo y guía intelectual José María Aznar— en una segunda Miami y un nuevo
cuartel central para los grupos anticubanos.
Llegaron
incluso a crear la Fundación Hispano-Cubana, como homóloga de la tristemente
célebre Cubano-Americana, entre otras organizaciones. Incluso fondos públicos
comunitarios fueron malversados para subvencionar acciones de desestabilización
contra la Isla, un dinero que bien podría utilizar hoy Madrid para evitar la
quiebra de sus hospitales, por ejemplo. Bajo su mando, desfilaron por allí
declarados terroristas de origen cubano como Carlos Alberto Montaner, amigo
personal de Aguirre, y Antonio "Toñin" Llama, entre muchos otros.
Por todas
estas razones no sorprenden sus nuevos y desaforados ataques contra Cuba, ni
sus cuestionamientos a nuestro sistema legal y político. Más habría que
preocuparse el día que un personaje de su tipo rompa en alabanzas hacia la sociedad
cubana. Al final, Aguirre es solo otra esperanza perdida de la ultraderecha
española.

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