Artículos de
Opinión | Vicky Peláez | 05-02-2013 |
“Como
cambian las cosas Venancio qué te parece”, dice una canción típica y, aquí en
este continente tenía que pasar más de 500 años para que veamos cómo un
presidente latinoamericano recibía a su homólogo español con la frase
“bienvenido a un mundo mejor”.
Y es que
América Latina goza hoy nuevamente de la bonanza mientras Europa y los Estados
Unidos se hallan en declive y viven una crisis espantosa. Ocurrió hace unos
días, durante la primera cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC) con la Unión Europea (UE), cuando con estas palabras el
presidente de Chile Rafael Piñeira, que era el anfitrión de la reunión, saludó
al presidente de España, Mariano Rajoy.
Durante
estos largos cinco siglos, Europa saqueó a la América Latina dejándola
finalmente con “las venas abiertas” y a merced del “Patrón del Norte” que hizo
de ella su “patio trasero” atrasado, perpetuándolo además en el “desarrollo de
su subdesarrollo”. Sin embargo, el mundo está creado de tal forma que todos los
procesos socio económicos están en permanente cambio y finalmente llegó el
momento cuando “el patio trasero” terminó con la dependencia y se aboca a
construir sobre sus escombros un nuevo conglomerado de Estados y emprende un
dinámico camino de integración latinoamericana. La formación de la Alianza
Bolivariana para Nuestros Pueblos de América (ALBA) en 2004, de la Unión de
Naciones Suramericanas (UNASUR) en 2008 y la CELAC en 2011 dio un nuevo impulso
a este proceso integracionista, iniciándose un cambio de época en América
Latina.
Según la
subsecretaria general de la ONU y directora asociada del Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Rebecca Grynspan,”los países de esta
región son un ejemplo para el resto del mundo. Esta es una de las zonas del
planeta que han logrado un crecimiento económico muy marcado, con una fuerte
reducción de la desigualdad. Latinoamérica es un ejemplo del crecimiento con
equidad”. Los últimos pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de
la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (SEPAL) del crecimiento
económico en la región para 2013 indican que Brasil crecería el 4 por ciento,
México el 3.5%, Argentina el 3.9%, Colombia entre el 4.3 y 4.5%, Venezuela el
3.3 – 4%, Chile el 4.4 – 4.8%, el Perú crecería alrededor del 6 por ciento,
Bolivia se expandiría entre 4.6 y 5.1%, el PBI de Cuba alcanzaría el 3.5 por
ciento, Ecuador crecería el 3.9 por ciento y el PIB del Uruguay subiría al 4
por ciento.
Mientras
América Latina está en proceso de expansión económica, la Unión Europea junto
con los Estados Unidos están tratando desesperadamente de salir de la severa
crisis económica, sin encontrar hasta ahora los remedios compatibles con su
modelo neoliberal que hace empobrecer cada día más a la mayoría de su población
pero que enriquece a la minoría con las riendas del poder. La situación en
Europa está llegando a tal extremo que los grandes productores de automóviles
como Mitsubishi, Opel y Fiat están cerrando sus fábricas en la Unión Europea.
Las otras corporaciones como Peugeot, Ford y GM están preparándose para tomar
las mismas medidas. Y esto está sucediendo en la región donde se produce uno de
cada cuatro automóviles ensamblados en el mundo. Actualmente en Europa hay
cerca de 30 millones de desocupados y se prevén nuevos despidos.
El reciente
Foro económico Mundial celebrado en Davos, Suiza no logró un consenso respecto
a qué hacer para salir del túnel de la crisis. Las propuestas fueron las
mismas: suavizar controles arancelarios, recortar salarios, eliminar programas
sociales, disminuir préstamos a los estudiantes universitarios y sobre todo
crear condiciones para maximizar las ganancias de los grandes inversionistas y
especuladores financieros. A nadie de los 1.500 empresarios, gobernantes y
autoridades financieras reunidos en este 43 Foro Económico Mundial les preocupó
la perspectiva de que el número de desocupados que actualmente alcanza 202
millones seguirá creciendo en los próximos años, ya que no se espera que la
crisis termine antes de 2017.
Dadas estas
condiciones, la primera reunión CELAC – UE ha sido considerada en Europa como
una oportunidad para recurrir a los recursos latinoamericanos y encontrar
socios que le ayuden a superar la crisis que arrancó en 2007. Europa ha sido el
primer socio comercial de América Latina, pero el intercambio siempre ha sido
desigual y combinado. Las corporaciones europeas, igual como las
norteamericanas, impusieron sus leyes no escritas a los dóciles gobernantes
latinoamericanos. Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina tuvieron que tomar
drásticas medidas, recurriendo a la nacionalización para tener mayor acceso a
sus recursos naturales.
En otros
países como Colombia, Chile y el Perú las corporaciones europeas siguen su práctica
de maximizar sus ganancias y minimizar el aporte financiero a los países donde
están operando. Mientras China condicionó a Europa su ayuda económica a cambio
de la compra de la infraestructura productiva, cosa que se negaron los
europeos, Perú vuelve a ser imprudentemente “dadivoso”. En un reciente
artículo, la periodista peruana Melissa Pérez puso en evidencia cómo el
gobierno “nacionalista” de Ollanta Humala “perdonó” casi 2.000 millones de
dólares en impuestos a la renta, no pagados por la corporación española
“Telefónica” y renovó el contrato con esta compañía por 18 años más a cambio de
la promesa de 1.200 millones de dólares en inversión en la red telefónica
nacional. El presidente de España, Mariano Rajoy se quedó tan satisfecho que
vino a dar las gracias en persona, anunciando “el momento extraordinario” en la
relación bilateral. Por supuesto, este gesto generoso del gobierno peruano es
un alivio para España en quiebra, pero al mismo tiempo es una desventaja para
la economía peruana.
Precisamente
este tipo de relaciones desiguales entre Europa y América Latina denunció el
presidente del Uruguay, Pepe Mujica en el Foro CELAC cuando dijo que “la culta
UE es uña y carne de los EE.UU., ellos son una sola unidad cuando especialmente
explotan y destruyen pueblos y naciones como Irak, Afganistán, Libia, etc., y
también cuando hacen coro para amenazar a Irán y otras naciones. En esencia esa
es la Unión Europea que hoy en día hace todo lo posible para hacer recaer su
crisis y su desbarajuste económico sobre las espaldas de sus respectivos
pueblos en lucha, para favorecer a los banqueros y además viene presurosa a
Latinoamérica, tratando de consolidar ayuda de sus socios, como el presidente
de Chile”. Cabe agregar a esto, que Europa jamás ayudó a ningún país
latinoamericano para superar sus problemas económicos, muy al contrario siempre
se aprovechó de la situación.
Recientemente
el ministro de trabajo francés, Michel Sapin declaró que en Europa “el Estado
existe pero en completa bancarrota”. En estas condiciones la Unión Europea
busca desesperadamente las salidas de la crisis, echando el ojo a América
Latina con el pretexto de convertirla en una economía complementaria y no
competitiva aprovechándose de sus recursos naturales y su capital. Para
lograrlo el presidente del Consejo Europeo Herman van Rumpoy está tratando de
convencer a los gobiernos de Perú, Colombia y América central de la ventaja de
tratados de libre comercio con Europa.
Sin embargo,
detrás de las promesas europeas del bienestar y prosperidad de los tratados
libres bilaterales (TLB) está el frío cálculo de los gobernantes europeos de
“saquear de nuevo a América Latina”, como lo dijo Evo Morales. Los TLB, según
los especialistas Andres Asiain y Lorena Putero, “son instrumentos de coloniaje
económico” y no son en realidad tratados bilaterales sino unilaterales que
“facilitan la extranjerización de la economía sin el esperado despliegue de la
inversión prometida”. En Argentina entre 1991 y 2001 el 56 por ciento de la
inversión extranjera se dirigió a la compra de las empresas preexistentes.
Los
gobernantes latinoamericanos saben perfectamente esa realidad y la mayoría de
ellos no están de acuerdo, según la presidenta de argentina Cristina Fernández,
para que “Europa le transfiera a América Latina el peso de su crisis”. La
esperanza de Europa de obtener de los países latinoamericanos una promesa
durante la primera reunión CELAC – UE comprometiéndose a terminar con las
políticas proteccionistas, abstenerse de la nacionalización de las empresas en
manos extranjeras, erradicar el control de la divisa y rebajar los impuestos,
no se hizo realidad. La declaración final de 48 puntos resultó ser ambigua
conteniendo más retórica que proyectos y planos concretos.
Europa y
América Latina tienen en este momento diferentes destinos. La primera, a medida
que se está agravando su crisis económica, se está volviendo cada vez más
agresiva y belicosa involucrándose en las guerras en el Medio Oriente, Asia y
África, como si se le despertara de nuevo su instinto colonial y su criatura
armada, la OTAN está tomando mayor interés en América Latina, mientras este
continente busca su nuevo destino a través de la integración, solidaridad y la
paz.
Ante todo
esto, que Latinoamérica esté alerta y analice por ejemplo que tanto los
presidentes de Italia y Francia, Silvio Berlusconi y Nicolas Sarkozy eran
amigos íntimos de Libia y recibieron millonarias dádivas de Muamar Gadafi pero,
estos no dudaron en destruir ese país y abalar el asesinato del presidente para
apoderarse de sus recursos.

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