Un sector del partido le presiona
para que logre más contundencia de Rajoy en el 'caso Bárcenas'. El ex
presidente del Gobierno teme la fragmentación de la derecha española. Nadie
descarta que acabe interviniendo
ANA PARDO DE
VERA Madrid 09/02/2013 08:32 Actualizado: 09/02/2013 08:49
Aznar, junto a Ana Botella, en el acto del Círculo de
Bellas Artes de Madrid.
El lunes, en
un abarrotado salón del Círculo de Bellas Artes, José María Aznar acudió a la
presentación del archivo documental sobre Gregorio Ordóñez, el ex dirigente del
PP vasco asesinado por ETA hace 18 años. Al acto, organizado por FAES y la
Fundación Gregorio Ordóñez, acudió toda la cúpula del PP, encabezada por
su secretaria general, Dolores de Cospedal, y a la que acompañaron los tres vicesecretarios:
Carlos Floriano, Javier Arenas y Estaban González Pons. Junto a ellos, el
presidente del Consejo de Estado, Jose Manuel Romay-Beccaría; dirigentes del PP
vasco, como Iñaki Oyarzábal y la ex alcaldesa de Lizarra, Regina Otaola, o la
viuda de Ordóñez, Ana Iríbar, entre otros.
La
expectación era máxima ante la intervención del ex presidente del Gobierno,
pues ésta constituía su primera aparición en público tras conocerse las
informaciones de la contabilidad b del PP y las explicaciones de Mariano Rajoy
ante el Comité Ejecutivo Nacional del partido el 2 de febrero. Sin embargo,
Aznar mantuvo un discurso muy centrado en la "honradez" de Ordóñez,
la fortaleza de su familia y en el rechazo habitual que le genera la entrada de
Bildu en las instituciones. Nada sobre corrupción en general ni, mucho
menos, sobre Luis Bárcenas en particular.
El ex
presidente del Gobierno sólo ha irrumpido en este escándalo para poner una
demanda contra El País inmediatamente después de que el diario
recogiera, citando fuentes del entorno de los ex tesoreros del PP (Ángel
Sanchís y el propio Bárcenas), que el sistema de pago de sobresueldos en negro
se habría instaurado con Aznar. Su demanda ha sido un gesto muy aplaudido por
quienes en el partido vienen reclamando a Rajoy que haga lo mismo contra el ex
tesorero del PP desde el minuto uno en que aparecieron las informaciones con
los papeles presuntamente elaborados por Bárcenas, ahora a disposición del juez
para averiguar su origen y autenticidad.
Aznar sólo
ha irrumpido en el escándalo para poner una demanda contra 'El País'
Precisamente,
quienes apoyan la tesis oficial de Cospedal de mantener la prudencia frente
a "actuaciones en caliente" creen que éste ha sido el mejor
camino, pues confían en que los documentos sean invalidados y, de paso, se
evite el desfile de la cúpula del PP por los juzgados, ya que quienes figuran
en las anotaciones -manipuladas o no- serían llamados a declarar con toda
probabilidad si las acciones jurídicas las hubiese emprendido el partido.
Aznar, sin
embargo, ha ido por libre y optado por hacer frente a este asunto de la misma
forma -razonan en su entorno- en que cree que debería haber actuado Rajoy
contra el ex tesorero. Sin embargo, en el PP no ha dejado de sorprender tanta
contundencia personal del ex presidente contra unas informaciones "aún sin
demostrar" cuando él no figura explícitamente en las mismas, si no,
únicamente, si se le atribuyen presuntamente las siglas "J.M.".
Unas siglas
que, además, aparecen confusamente nada más que en el primer año de la
contabilidad publicada por El País (1990, seis veces de 255.000
pesetas), en 1997 (dos veces por 2,8 y 2,1 millones de pesetas) y 1998 (una vez
por 2,1 millones) Poco se puede hacer, por encima, para comprobar entradas y
salidas de dinero en el PP en esas fechas iniciales de liderazgo de Aznar, pues
los dirigentes conservadores admiten que "no existen" documentos
contables anteriores a 1995, año en el que ha comenzado su auditoría
interna Carmen Navarro, tesorera-gerente del partido.
La sombra de la UCD
La
preocupación del ex jefe del Ejecutivo es mucha, según quienes hablan con él en
privado, y sus motivos van mucho más allá de los clamorosos indicios de presunta
corrupción sostenida en el PP durante dos décadas. La gran inquietud de
Aznar se encuentra en la amenaza de fragmentación que, por primera vez desde el
final de la UCD, sobrevuela al único partido nacional de derechas con
representación parlamentaria. El presidente de FAES mantiene un perfil bajo,
sostienen sus conocidos, para no ensanchar las fisuras que provoca en el PP la
"tibieza" del liderazgo de Rajoy y que separa a los partidarios de
una mayor contundencia en las actuaciones del sector que apoya los tiempos del
hoy presidente del Gobierno; pero también, de una parte considerable de barones
y conservadores con cargos medios que no encuentran referentes en ninguno de
los dirigentes actuales.
Una escisión
de Aguirre o un traspaso de la Presidencia a Sáenz de Santamaría son
posibilidades que se barajan
En el
partido se barajan ya todas las posibilidades si el escándalo del dinero negro
no remite: una crisis de ministros, una escisión del PP con Esperanza Aguirre
como líder y hasta de un traspaso de la Presidencia del Gobierno de Rajoy a
Soraya Sáenz de Santamaría -la única que parece liberada de responsabilidad y
mención alguna en la presunta corrupción del partido- como paso previo a una
convocatoria anticipada de elecciones a medio plazo.
Aznar se ha
encontrado, además, con un frente abierto con el que no contaba pero que en
este momento es, probablemente, el que más acentúa su "soledad" de
refundador de un partido que se resquebraja: la estruendosa irrupción de
Aguirre como regeneradora del PP. La ex presidenta madrileña, que quiere
asegurarse el control del partido en la Comunidad como catapulta hacia su
indefinido papel renovador, carga en privado contra la ministra de Sanidad, Ana
Mato, una dirigente muy cercana al ex presidente, con quien empezó como asesora
ya en Castilla y León.
Pero también
y sobre todo, Aguirre critica duramente a Ana Botella por su forma de gestionar
la tragedia del Madrid Arena, lo cual coloca a la alcaldesa de la capital en
una situación muy difícil, ahora que ha dimitido por haber sido imputado
Antonio de Guindos, ex responsable de Seguridad cuando se produjo la avalancha
mortal. Además, quienes tratan a la presidenta del PP de Madrid reconocen en el
rechazo que ahora hace de los "profesionales de la política"
una intención implícita contra la mujer de Aznar. De momento, éste calla,
aunque nadie se atreve a vaticinar si aguantará mucho tiempo así, cuando es de
sobra conocido -basta con leer sus Memorias- el orgullo con el que siempre ha
hablado de su responsabilidad casi exclusiva en la "fortaleza y
unidad" del PP.


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