"La ideología dominante trata de
personalizar conflictos que reflejan choques entre clases"
Martes, 19 de febrero de 2013
Por Blas Padilla Pérez - Canarias-semanal.org
En la manifestación de la Plataforma
de Afectados por la Hipoteca en Madrid, la joven militante del PSOE Beatriz
Talegón, Secretaria General de la Internacional de las Juventudes
Socialistas, se vio envuelta en una de esas batallas que se expresan a través
de lo simbólico. El problema de Beatriz Talegón es que no entiende que los
asistentes a las manifestaciones de las PAH no reivindican su derecho a una
vivienda digna de una forma abstracta, pedigüeña o suplicante: lo hacen contra
aquellos que han generado el drama de los desahucios con sus políticas
austericidas. Cuando se protesta en las calles, en las plazas o desde la fábrica
se hace frente al otro, en una relación de antagonismo en donde el contendiente
es percibido como parte del problema y no de la solución. La reacción de los
manifestantes es completamente natural, en el sentido emocional y político del
término
Más allá de la justificación obvia,
lo que en el PSOE temen de forma intuitiva es que a partir del 15M y de las
protestas anti-austeridad se está forjando una nueva legitimidad paralela de la
cual no se pueden apropiar. La preocupación del PSOE proviene de su incapacidad
para reformular en términos de integración en el régimen una demanda tan
transversal como es el caso de la vivienda. Es curioso que en la edición
dominical de El País, justo en la página siguiente en la que aparecía la
foto lacrimógena de Beatriz Talegón, se publicara una encuesta según la cual el
90% de los ciudadanos del Estado español apoyan las reivindicaciones de las PAH,
incluidos los votantes del PSOE y del PP. ¿Cómo va a entender lo que pasó ayer
en la manifestación Beatriz Talegón? ¿En cuántas movilizaciones contra
los desahucios ha participado ella o cualquier otro dirigente del PSOE? ¿En
cuántos piquetes anti-desahucios ha estado López Aguilar? Las
manifestaciones del pasado sábado y la expulsión de Talegón demuestran
que la interpretación del problema de la vivienda y sus soluciones han sido
leídas por un movimiento autoorganizado desde abajo, fuera de los canales
integradores del régimen. La casta política se limita a sancionar (positiva o
negativamente) en el Parlamento lo que las PAH han construido en las calles, en
las plazas y en los piquetes. La expulsión de Beatriz Talegón y de su
acompañante López Aguilar delimita esa dialéctica: una cosa es que os
exijamos en el parlamento que apoyéis nuestras demandas y otra bien distinta es
que no sepamos que sois el enemigo. Esa identificación es una conquista
valiosísima del movimiento, que no olvida que el mismo PSOE que participó en
las manifestaciones populares contra el gobierno Aznar fue el que
posteriormente constitucionalizó los recortes a través de la priorización del
pago de la Deuda. Esta política neoliberal defendida por el PSOE, ha provocado
diez asesinatos la pasada semana y el lunes pasado una mujer en Castellón entra
en una Oficina de la Caja Rural pegándole fuego y ardiendo ella misma.
Porque, en realidad, a pesar de que
Beatriz Talegón sea una arrogante y mediocre burócrata, no es nada
personal lo que hay en su expulsión. El relato de la ideología dominante
siempre insiste en “personalizar” los conflictos, como si detrás de esos
conflictos no se escondieran choques entre clases. Al fin y al cabo, lo que
diferencia a Ada Colau de Beatriz Talegón son unos hechos, unos métodos
y una legitimidad representativa. Algunos siempre plantearán la pregunta: ¿Por
qué una puede ir a la manifestación y otra no? Es una pregunta completamente
falaz, impregnada de ideología pluralista. Beatriz Talegón no puede ir a las
manifestaciones porque no todos los políticos son iguales. Porque mientras
muchos activistas de organizaciones de izquierdas se han ganado el derecho a
participar en las manifestaciones, el partido de Beatriz Talegón se ha ganado
el derecho a ser expulsado. Son “el otro”. Están en el otro bando desde hace
más de 30 años. Nos manifestamos contra ellos. Eso es lo que no ha entendido
Beatriz Talegón y lo que reflejan sus lágrimas. Sería absurdo, una burla, que
el representante de un grupo de criminales acudiera a un homenaje de su
asesinado, aunque no hubiera participado en la acción misma. ¿Quién no lo
expulsaría?
Curiosos son también los llantos
moralistas de Beatriz Talegón, quejándose de la crueldad de los manifestantes.
Lo que es cruel, moralmente abominable, es que en la reunión de la “Internacional
Socialista”, cuando Beatriz Talegón se preguntó retóricamente donde
había estado su partido cuando sucedió el 15M y las revoluciones árabes,
ninguno de los burócratas allí presentes le respondiera que el PSOE gobernaba
en el Estado Español y que en Túnez gobernaba Ben Alí, miembro de la
Internacional Socialista y “amigote” de muchos de los que estaban presentes en
la reunión. Igual así se hubiera ahorrado el ridículo del sábado. Pero es que
la casta política no tiene piedad para con ella misma.
“La sociedad del espectáculo” devora a sus propias creaciones. Lo
más sorprendente es como el concepto de “casta” se vuelve patético: cuando los
que viven al margen de la vida cotidiana de los abajo van a su encuentro, se
ven obligados a huir, expulsados por la realidad. Las lágrimas de esta chica
son las lágrimas del desconcierto. Independientemente de que sus intenciones
fueran sinceras, no son honestas. No se puede estar con ellos y con nosotros.
Ellos forman parte de ése ejército que aplasta a la ciudadanía en general, y a
los más pobres en particular. Se han puesto voluntariamente del lado de la gran
banca.
Se trata también, desde nuestro
prisma, de mirar la política estratégicamente. Necesitamos a decenas de miles
de votantes del PSOE y del PP para construir un bloque social capaz de revertir
la barbarie neoliberal. No podemos mostrarnos como rencorosos con otros
oprimidos que en el pasado (o en el presente) se hayan identificado con el
PSOE. En política, la ética empieza por no dejarse engañar, en romper la
segregación, medios y fines y en desarrollar un lenguaje impenetrable para el
otro, en delimitar bandos, en crear barreras que el enemigo no pueda
sobrepasar, en decidir quién es tu aliado y quién es tu enemigo. Seamos los de
abajo los que marquemos agenda. Porque a Beatriz Talegón y a su
agonizante cascarón parasitario llamado PSOE no los necesitamos. La lección que
ellos olvidaron mientras configuraban del régimen del 78 nosotros la estamos
aprendiendo en las calles: “La emancipación de los trabajadores será obra de
los trabajadores mismos” (K. Marx).
VÍDEO: Los manifestantes de la marcha convocada por la
PAH expulsan de la movilización popular a Talegón y Juan Fernando López
Aguilar.

El nombrecito se las trae... Ser republicano es una sublime gilipollez...
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