Artículos de
Opinión | por Fortunato Esquivel | 08-02-2013 |
Al terminar
este año 2012 los autodenominados grandes productores de alimentos agrícolas se
esforzaron como nunca en convencer al pueblo sobre la “urgente” necesidad de
incursionar en el uso de la biotecnología para producir en mayores
proporciones. En otras palabras, intentaron imponer su criterio de utilizar
semillas genéticamente modificadas, para producir alimentos “transgénicos”.
Históricamente
los grandes inventos científicos siempre fueron destinados inicialmente a los
ricos y mucho después a los pobres. En el caso presente, es la primera vez que
un gran invento es destinado inicialmente a los pobres: “los alimentos
transgénicos”. ¿Por qué será? Un conocido refrán dice que: “Cuando la limosna
es muy grande, hasta el santo sospecha”.
Cuando en
1879 la luz eléctrica hizo su presencia, los más ricos aprovecharon
inicialmente sus virtudes. Los más pobres no tienen hasta hoy ese beneficio en
los tugurios de las ciudades y en las aldeas alejadas de nuestro continente y
otros. Lo mismo ocurrió con trenes, automóviles, teléfonos y aviones. Los
pobres siguen a pie.
Los
alimentos transgénicos, son el primer gran invento universal destinado a los
pobres, porque según se dice la población mundial está aumentando “demasiado” y
los pobres son mayoría. En 1950 se contabilizaron 2 500 millones, en 1990 se
duplicó a 5 000 millones y este año se situó en 7 000 millones. Para 2050,
seremos más de 9 000 millones. Los ricos están espantados.
La suerte está
echada, los ricos van a los supermercados para comprar alimentos orgánicos y
sin transgénicos. Para los pobres, se encuentran a la venta productos baratos,
sin etiquetar, pero con transgénicos. Los aún más pobres reciben alimentos
gratuitos con el denominativo de ayuda humanitaria, sobre todo soya y maíz
transgénicos.
Hace un año,
los “grandes” agricultores se comprometieron a sembrar solo entre 20 y 30% de
soya transgénica, pero tras pisar y pasar, aquí estamos con la novedad de que
toda la soya cultivada es biológicamente modificada. El total de un millón de
hectáreas fueron sembradas con semillas transgénicas.
El escritor
y geógrafo ucraniano Alex Dobrovolsky, escribió un artículo sobre los peligros
de los tan propagandizados transgénicos y señala que “los ricos rechazan
consumir transgénicos, destinándolos a los pobres, y esta es la señal de que
estos alimentos son un fenómeno negativo y antisocial”.
Los
entendidos señalan que la tecnología de los transgénicos hace que estas
semillas no tengan memoria y solo sirven para la primera cosecha, pues en la
segunda ya no se acuerdan de germinar. Es una tecnología “Terminator”
(Exterminadora), son semillas Zombies, ya no saben si están vivas o muertas.
Estas
semillas modificadas genéticamente son creadas para ser resistentes al agro
tóxico, los insectos y las plagas. Cuando los campos son fumigados con
glifosato, la maleza y cualquier otra planta se marchitan, pero la soya
transgénica se encuentra intacta ¿Cómo ocurre?
Durante su
transgenización, estas semillas recibieron, sin duda, alguna bacteria dentro de
su código para que sean resistentes a los agrotóxicos, especialmente el
glifosato. Las grandes transnacionales productoras de estas semillas, intentan
de todas maneras convencernos de que son “alimentos”.
Dobrovolsky
dice con mucha razón que si el glifosato y otros tremendamente fuertes
agrotóxicos no pueden descomponer las moléculas de la planta transgénica, mucho
menos podrá el jugo gástrico o el jugo hepático del animal o del hombre. Por
estas sencillas razones, el organismo animal o del hombre será incapaz de
absorber las sustancias denominadas “alimento” tan necesarias para la vida.
Si esto es
así, los productos transgénicos tendrán como consecuencia, el hambre y sobre
todo la desnutrición. Formalmente los estómagos de los pobres recibirán estos
productos, pero no podrán absorberlos. Una segunda consecuencia negativa será
la sobrecarga del estómago, el hígado y otros órganos cuyos jugos y fermentos
no podrán descomponer las moléculas de los transgénicos, porque no pueden
descomponerse.
Los agro
productores que ya producen soya, anuncian que pronto lo harán con maíz, arroz
y algodón transgénicos, todos resistentes a los insectos y al moho. Pero, esas
semillas contienen en sus genes alguna bacteria tóxica, por tanto las plantas
transgénicas contienen el veneno que mata a los insectos y a las plagas
bacterianas.
Es innegable
que ese veneno termina siendo dañino para la salud, razón suficiente para tener
la seguridad que esta tecnología infernal ha sido destinada en primer término a
los pobres. Es preciso y urgente que los fabricantes de alimentos etiqueten sus
productos para saber cuáles son o no transgénicos.
La población
mundial, sigue creciendo y los pobres son mayoría. Un puñado de caprichosos
dementes urgidos de más y más plata, siguen proponiendo, alimentos orgánicos
para los ricos y transgénicos para los pobres.
Fortunato
Esquivel es periodista boliviano y colaborador de Sur y Sur.
Fuente:
Mercurio Digital
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