Cincuenta
años después de que los guardias civiles abrieran el portalón a la Segunda
República, junto con miembros del ejército, impulsados, seguidos y apoyados por
una trama que nunca quedó identificada y en nombre del rey, dan un golpe de
estado.
nuevatribuna.es
| Por Victor
Arrogante | 04 Agosto 2014 - 19:13 h.
Una
brillante mañana de Agosto, con el frescor de la hora temprana, doy un paseo
por Madrid, mi pueblo; Villa desde 1123 y capital desde 1561. Parece como si no
hubiera pasado el tiempo. De Oeste a Este y en un hilo menor de dos kilómetros,
me encuentro con escenarios del teatro de la historia. Calle Mayor, Plaza de
Oriente y de las Cortes, Puerta del Sol y Puerta de Alcalá, palacios,
fortalezas, el pueblo y yo como testigos de la histórica de Madrid.
Eran los
primeros años del siglo XIX cuando se produjeron en España una serie de
acontecimientos trascendentales: la invasión francesa y la guerra de la
Independencia. Constitucionalismo, absolutismo e inquisición. Dos reyes fueron
los responsables de que el ejército aliado de Napoleón ocupara Madrid. Dos
reyes «por la gracia de dios», Borbones y traidores para más señas. El 2 de
mayo de 1808, a primera hora de la mañana, la multitud comenzó a concentrarse
ante el Palacio Real. Los soldados franceses sacan del palacio al infante
Francisco de Paula, para llevarle a Francia con su real familia. Al grito de «¡Que
nos lo llevan!», el gentío intentó asaltar el palacio. Apoyado en una farola a
la entrada de la calle Bailén, vi llegar a la Guardia Imperial con los
mamelucos y la artillería disparando contra la multitud. La lucha se extiende
por Madrid y al resto de España. El pueblo contra los franceses, los liberales
contra los absolutistas reales, Fernando VII contra el pueblo, la razón contra
el despotismo y el oscurantismo contra la ilustración. Con el «¡vivan las
caenas!» y derogando la Constitución de Cádiz, se entronizó al Rey Felón y a su
descendencia que todavía colea.
Madrid a
principios del siglo XX, dejaba de ser aquel pueblo castellano polvoriento y la
monarquía española estrenaba reina. El 31 de mayo de 1906 el anarquista Mateo
Morral atentó contra la carroza real y la comitiva que regresaba de la Iglesia
de San Jerónimo. El rey Alfonso se había casado con la princesa Victoria
Eugenia de Battemberg y Madrid engalanada era una fiesta. Como tantos
madrileños, acompañé a mi joven abuela a ver la comitiva, vivía en la calle
Bailén, muy cerca del número 88 de la calle Mayor. Desde un balcón del tercer
piso, fue lanzada una bomba contra la carroza. Los reyes salieron ilesos, pero
hubo 28 personas muertas y multitud de heridos. Desde entonces, para mi abuela
Teresa, nada fue igual, el trastorno de estrés postraumático la acompañó hasta
su muerte años después.
El rey
Alfonso XIII el Africano, otro Borbón acusado de traición, abandona España. «No
tengo hoy el amor de mi pueblo» declaraba. El apoyo real al golpe de estado de
Primo de Rivera; los desastres del 98 y la guerra de África; la falta de
representatividad política y la situación calamitosa de las clases campesinas y
populares, hacen que las candidaturas monárquicas pierdan las elecciones
municipales en 1931. A primeras horas de la tarde del día 14 de abril, la
Puerta del Sol y el pueblo madrileño vuelven a ser protagonistas de su
historia. Subido en lo alto de un tranvía y ondeando la tricolor, vi cómo la
multitud se congregaba frente al Ministerio de la Gobernación. Los miembros del
«comité revolucionario» golpean el portalón del Ministerio y gritan: «Señores,
paso al Gobierno de la República». Los guardias civiles que lo custodian no
tienen por más que abrir. El comité se constituye en «Gobierno Provisional» de
la República. El pueblo con sus votos y el rey con su huida hacen posible la
proclamación de la Segunda República. El ejército franquista, el fascismo
reaccionario y la derecha católica la asesinaron cinco años después.
Al pasar por
la Puerta del Sol recuerdo el lugar en el que José Canalejas, Presidente del
Consejo de Ministros fue asesinado en 1912, cuando junto a mi, miraba el
escaparate de la desaparecida librería San Martín. También recuerdo a Eduardo
Dato que en 1921 fue asesinado por los disparos efectuados desde un sidecar en
marcha en la Puerta de Alcalá, por donde pasaré en unos minutos. Antes, en
1870, había sido asesinado el general Juan Prim y Prats, presidente del Consejo
de Ministros y ministro de la Guerra, capitán general de los Ejércitos. Eran
alrededor de las 19:30 y recuerdo que caía una espesa nevada. El general,
instalado en su berlina verde tirada por dos caballos siguió su ruta
habitual, cuando a su paso por la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas),
sufrió el atentado. Hoy se sigue especulando sobre la autoría del crimen. Más
tarde, en otro tiempo el almirante y presidente del gobierno Luis Carrero
Blanco (1973), sufrió igual suerte, por atentado de ETA. Y es que en Madrid se
han cometido un número considerable de atentados contra gobernantes, con
resultado de muerte.
Cincuenta
años después de que los guardias civiles abrieran el portalón a la Segunda
República, junto con miembros del ejército, impulsados, seguidos y apoyados por
una trama que nunca quedó identificada y en nombre del rey, dan un golpe de
estado. Desde la tribuna de invitados, fui testigo del secuestro del gobierno
de la nación y de todos los diputados (aquel 23 de Febrero de 1981 se
encontraban reunidos en sesión plenaria). Las armas y el exabrupto, frente a la
palabra y la razón. Adolfo Suárez había dejado de ser útil al rey y al sistema.
Se dice que el golpe fracasó porque el pueblo sin necesidad de salir a la
calle, dejó bien claro que no estaba con el golpe y porque ello lo supieron los
golpistas; no sé si fue por eso. También se dijo que el operativo de la asonada
militar estaba mal planteado y que las traiciones fueron moneda de cambio;
seguramente fue así. Lo cierto es que el golpe se dio «en nombre del rey» y el
rey, que estaba al corriente antes, durante y después del golpe, lo desactivó
(después de conocer el apoyo que contaba entre los jefes militares de las
capitanías generales). Pero el golpe tuvo consecuencias: como reacción se
consolidó el tierno sistema democrático diseñado durante la Transición y se legitimó
la Monarquía heredera del franquismo. Las Comunidades Autónomas quedaron
tocadas.
Otras
historias y otros protagonistas, Madrid tiene a cientos. Paseando por sus
calles, con sosiego, se encuentran. Agosto es un buen momento. Con un botellín
de agua de cebada por los calores, los ojos alerta y las piernas largas,
aparecen y desaparecen con sus luces y sombras. La imaginación pone lo que
falta. Habrá más.Fuente: http://www.nuevatribuna.es/


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