sábado, 23 de agosto de 2014

LARGO CABALLERO, EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO QUE ACABÓ EN UN CAMPO DE CONCENTRACIÓN NAZI

El exilio (1939-1946): de París al campo nazi de Sachsenhausen
    Unos días antes de la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, el socialista Largo Caballero acompañado de su familia abandona el piso de la Avenida Diagonal donde había vivido desde finales de 1938 para dirigirse a la frontera francesa, que cruza el 29 de enero de 1939 junto con su colaborador y amigo, el también socialista Luis Araquistain. Poco después se instalaba junto con sus tres hijas y su concuñada «la señora María» -sus dos hijos varones estaban presos en la zona sublevada- en un pequeño apartamento de la calle Passy de París. Allí logró subsistir gracias a la ayuda de la Federación Sindical Internacional, de algunos amigos de países europeos y americanos, y de amigos españoles también exiliados, especialmente Rodolfo Llopis
Cuando los nazis invadieron Francia y contando con 72 años fue detenido por la Gestapo, en febrero de 1943. Se resistió al arresto gritando «Tuez moi!, Tuez moi tout de suite, ce sera plus vite fait!» (¡Matadme! Matadme ya, ¡será más rápido!). 
Largo explica en sus escritos autobiográficos que fue llevado a Lyon donde fue interrogado personalmente "por el jefe de la Gestapo en la ciudad", que seguramente era el siniestro Klaus Barbie.
Luego fue llevado al cuartel general de la Gestapo en París donde fue sometido a nuevos interrogatorios durante los cinco meses que estuvo allí. En julio de 1943, Largo Caballero sería enviado a Berlín, donde también fue interrogado por la Gestapo.
El 31 de julio, Francisco Largo Caballero ex Presidente del gobierno español fue enviado al campo de concentración nazi de Sachsenhausen, en la provincia de Oranienburg, al norte de Berlín.

Largo Caballero, el segundo por la izquierda, 
el día de su liberación.

Cuando se supo de su llegada, los presos españoles de Sachsenhausen se unieron en su ayuda. Largo Caballero tenía entonces 74 años y su salud era quebradiza. En su confinamiento francés, había sufrido un desafortunado accidente al caerse por la trampilla de un desván y romperse la cadera. Cuando llegó al campo de concentración de Sachsenhausen estaba cojo, y, además, tenía problemas de corazón.
En abril de 1945, ante la inminencia de la llegada de los soviéticos, los nazis evacuaron a 30.000 prisioneros de Sachsenhausen hacia el oeste de Alemania. Entre ellos estaba Francisco Largo Caballero. Marchaban a pie, pero el veterano socialista español, cojo y maltrecho, no podía aguantar la marcha, se sentó en el camino y dijo que allí se quedaba. En sus memorias explica que los soldados de la escolta dispararon, pero fallaron. Por eso sobrevivió. 
Permaneció en el campo de Sachsenhausen casi dos años, hasta que el 24 de abril de 1945, una semana antes de que acabara la Segunda Guerra Mundial, una unidad polaca del Ejército Rojo liberó el campo. Largo Caballero aparece posando, flaco y junto a dos oficiales polacos y dos presos. 
Largo Caballero falleció casi un año después, el 23 de marzo de 1946, a la edad de 76 años. El entierro del socialista español fue en París, en el cementerio de Père Lachaise, frente a los mártires de la Comuna, fue multitudinario. En el periódico El Socialista, editado entonces en Toulouse, apareció un artículo necrológico firmado por Rodolfo Llopis y titulado "¡Yunques, sonad/enmudeced, campanas!", recogiendo la estrofa de la elegía a Francisco Giner de Antonio Machado, que incluía la frase, El proletariado español ha perdido al hombre más representativo de su clase, que según el historiador Julio Aróstegui, es la que mejor refleja la figura de Largo Caballero.

En abril de 1978, sus restos fueron trasladados a Madrid, en un acto al que acudieron medio millón de personas.


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