En los noventa parecía que CiU gobernaría Cataluña
eternamente. Nace entonces el concepto de oasis catalán, expresión en origen de
connotaciones idílicas que con el tiempo se convirtió en sinónimo de endogamia,
soberbia y falta de transparencia
08/08/2014 - 20:39h
Cartel electoral de Jordi Pujol en 1992
A finales de 1997, a
raíz de un viaje de Jordi Pujol a Argentina, Chile y Uruguay, se generó un
cierto revuelo porque, en algunas fases del periplo, a la comitiva presidencial
se sumaron sus hijos Marta y Pere Pujol Ferrusola. La Generalitat aseguró que
ambos estaban por la zona (Marta en Chile, Pere en Argentina) por motivos
distintos, y que habían querido coincidir con su padre, pero asumiendo sus
gastos. Llovía sobre mojado, ya que en anteriores viajes ya se había rumoreado
que Marta Ferrusola aprovechaba su presencia en tanto que primera dama para
hacer gestiones comerciales a favor de Hidroplant.
En el caso de Pere
Pujol Ferrusola, de quien nunca quedó claro si formaba o no parte de otra
misión empresarial promovida por el Instituto Catalán de Energía, el mismo
Jordi Pujol animó a los periodistas que le acompañaban a pedir sus facturas
para constatar que no habían ido a cargo del erario público. Como mínimo tres
diarios (de Madrid, con delegación en Cataluña) recogieron en las crónicas
enviadas desde Montevideo esta propuesta del president. Ignoro si algún
periodista le tomó la palabra, pero el semanario El Triangle lo hizo.
Animado por la invitación, unos días más tarde llamó a los departamentos de
Industria y de Presidencia y a la empresa Entorn para obtener las facturas, y
los tres se lo sacaron de encima de buenas o no tan buenas maneras. Les daba lo
mismo que la petición se apoyase en las declaraciones del presidente (que tal
vez no conocían), y por tanto en la siguiente edición del semanario sólo
pudieron explicar que el hijo de Pujol no quería hacer quedar bien a su padre.
Se podría pensar que,
ante la impertinencia de un periodista de un medio minoritario, esta era la
actitud adecuada. En realidad, no contestar era la norma. No era necesario que
la pregunta fuera sobre un hijo de Pujol, con que no les gustara la pregunta
había suficiente. El famoso y simpático avui no toca de Pujol elevado
estrategia comunicativa troncal. En el caso de El Triangle (y supongo
que algún otro medio), la consigna era atender con amabilidad pero no facilitar
ninguna información. Me lo comentaron años más tarde dos antiguos jefes de
prensa de dos consejerías diferentes.
En cuanto a la
oposición parlamentaria, la estrategia era similar, con la diferencia de que el
Gobierno está obligado a contestar las preguntas que le formulan por escrito, o
sea que contestaba siempre, pero casi nunca respondía. En el asunto de la
misión en Sudamérica, las preguntas de los diputados permitieron conocer el
coste total del viaje (23 millones de pesetas), pero no el detalle, o sea que
los interesados se tuvieron que conformar con la palabra del consejero de
Presidencia, Xavier Trias (hoy alcalde de Barcelona), de que la Generalitat no
había pagado ni la estancia ni los desplazamientos de los dos hijos Pujol.
El año 2002 también
estuvo salpicado de varias polémicas en torno a los hijos Pujol. La más sonada
(y tampoco en exceso), el hecho de que la consultora Europraxis (participada
por Josep Pujol Ferrusola) hubiera asesorado a la multinacional Lear en el
cierre de su planta de Cervera, la principal y prácticamente única industria de
la comarca de la Segarra, que la Generalitat se suponía que trataba de evitar
(el secretario general de Industria era Oriol Pujol Ferrusola); posteriormente se
sabría que una filial de Europraxis (Tourism & Leisure) había hecho varios
estudios por encargo del departamento de Industria, que este había intentado
ocultar. Traducido: que Oriol le hacía un regalo a Josep al tiempo que
Josep trabajaba para destruir el tejido productivo a pesar de la oposición (se
supone) de Oriol. También se publicó que la consultora Entorn (la de Pere Pujol
Ferrusola) había realizado varios estudios de impacto ambiental para las
empresas públicas GISA y REGSA, que avalaban determinadas operaciones
territoriales del Govern que contaban con el rechazo de los movimientos
ecologistas. Entorn tendría también un papel protagonista en el diseño del mapa
eólico catalán, pero en aquellos momentos esto no era todavía de dominio
público.
Todo ello suscitó la
preceptiva batería de preguntas parlamentarias de los partidos de la oposición.
Básicamente pedían saber todos los contratos entre algún organismo de la
Generalitat y las empresas mencionadas, además de Indra (que había comprado
Europraxis). El Gobierno catalán tardó medio año en contestar, y cuando lo
hizo, por boca de Josep Maria Pelegrí (entonces consejero de Gobernación, hoy
de Agricultura), las respuestas eran de este estilo: “Todas las adjudicaciones
se publican en el DOGC” o “precise a qué Indra se refiere porque hay varias
empresas con esta denominación”. Era como decir que sus preguntas se las pueden
poner donde les quepan, porque aquí tenemos cosas más importantes que hacer.
Ante esto, la
oposición reaccionaba indignada, pero era una indignación que tenía un muy
escaso eco mediático. Por ejemplo, en el caso de los viajes, Joan Ridao (ERC)
diría que las respuestas de Presidencia “confirman la sensación de abuso e
impunidad con que se actúa” (enero 1998). Sobre las de Europraxis, José Luis
López Bulla (ICV) afirmaría que “el Govern no responde a nada, es una
degradación de la vida parlamentaria y una muestra más de que la democracia
está enferma” (diciembre 2002). Estos eran los cimientos sobre los que se
sustentaba el oasis del tardopujolismo, aquel período que podríamos situar a
partir de 1993, cuando CiU suma a la mayoría absoluta en Cataluña su condición
de socio clave del partido que gobierna en Madrid (primero PSOE y después PP).
O un poco antes, con la repentina muerte de Ramon Trias Fargas y la derrota de
Miquel Roca, cuando CDC queda limitado a una sola personalidad fuerte,
escoltada por una guardia de corps de cachorros convergentes, una quinta de la
que forman parte Jordi Jr. y Felip Puig, y a la que pronto se unirían Oriol
Pujol y los llamados talibanes. Es un momento en el que parece que en Cataluña
CiU mandará por los siglos de los siglos.
Más o menos en
aquellos primeros años noventa, el pujolismo había engendrado la expresión
“oasis catalán”, como un autoelogio a la forma civilizada de entender la
rivalidad política en Cataluña, en contraposición con la mala educación y
modales soeces de Madrid. Mientras aquí mantenemos el fair play porque
somos maduros y europeos, allí se destripan entre ellos porque son primitivos y
de pueblo. Pero el paso del tiempo fue deformando el significado del oasis
hasta transformarlo en sinónimo de opacidad, amiguismo, impunidad y
endogamia.
Se podrían poner
muchos más ejemplos de respuestas evasivas, incongruentes, prepotentes o las
tres cosas juntas. Durante el tardopujolismo era imposible (para un periodista
o para un diputado) saber de fuentes oficiales a qué empresas prestaba dinero
al Instituto Catalán de Finanzas (existía la sospecha de que la gestión era tan
partidista y poco profesional como en Banca Catalana); tampoco se podía saber
cuántas suscripciones tenía contratadas la administración y de qué periódicos,
o como se repartía el suculento pastel de la publicidad institucional, y sólo
muy al final se empezaron a publicar las subvenciones directas a los medios de
comunicación. Una directora general que facilitó a un diputado de la
oposición el listado de asesores del Govern, y sus retribuciones, con la
escandalera que eso causó, fue cesada poco después; y como hemos visto era
extremadamente complicado tener una visión panorámica sobre los contratos de un
determinado órgano administrativo. Esto no quiere decir que no se publicaran
informaciones punzantes verídicas y contrastadas. Siempre ha habido fuentes no
oficiales con el deseo que aflore la verdad.
En este contexto, es
sensacional que una modesta publicación gratuita local, con un nombre tan poco
audaz como Cafèambllet, haya conseguido poner patas arriba todo el
entramado sanitario catalán, con sus comederos, chanchullos, connivencias y puertas
giratorias sociovergentes. Sobre todo por el hecho de que lo que convirtió esta
revista con vocación amable en un artefacto al servicio de la subversión fueron
las respuestas evasivas e incongruentes del directivo de un hospital
semi-público a unas inofensivas preguntas planteadas de buena fe. A partir de
ahí, empezaron a repreguntar, a buscar nuevas fuentes, a documentarse a
fondo..., y a medida que conservaban intacta su capacidad de indignarse fueron
capaces de comunicar lo que iban descubriendo con toda la potencia de las redes
sociales. Y seguramente sin buscarlo se encontraron a todos los jefazos del
entramado sanitario catalán temblando, que es lo que no había conseguido ningún
periodista consagrado de ningún medio reconsagrado. Ni conseguido ni intentado,
que es peor.
Y he aquí el quid. La
opacidad fue consentida, y eso la hizo posible. No molestaba a los grandes
medios, públicos y privados, que siempre encontraron otros temas más
interesantes para poner en la portada o comentar en la tertulia que una
polémica sobre los hijos del Molt Honorable o sobre el posible trato de favor a
un determinado grupo empresarial. Estas cosas eran “propias de los que quieren
hacer daño a Cataluña”. El día que los medios de Madrid abrían su crónica del
viaje de Pujol con el revuelo de los hijos, el diario más leído en Cataluña
titulaba: "Pujol acaba su viaje al Cono Sur 'abrumado' por el trato
recibido". Sólo en las últimas líneas del último párrafo asomaba el asunto
y con un tono positivo: "Respecto a la presencia de dos hijos (Marta y
Pere) del matrimonio Pujol en distintas etapas del viaje, el president se
mostró dispuesto a contestar en el Parlament a una pregunta de Esquerra, pese a
que va dirigida al conseller de la Presidencia, Xavier Trias". Punto final.
Es cierto que en los
últimos años se ha mejorado, y, como muestra, Transparencia Internacional acaba
de reconocer a Cataluña, Castilla y León y el País Vasco como las comunidades
más transparentes (la peor puntuación se la lleva la de Madrid). Sin salir de
casa e invirtiendo un tiempo razonable, ahora cualquier ciudadano puede saber
lo que cobran los políticos, en salario fijo y dietas, así como el patrimonio
que declaran tener los parlamentarios (españoles y europeos) o la diferencia de
patrimonio que declara cualquier alto funcionario antes y después de ejercer el
cargo (en el caso catalán). También es más fácil acceder a las subvenciones y
las adjudicaciones, así como los estudios y dictámenes que encargan los
departamentos.
Hoy, los periodistas
podemos, si queremos y nos dejan, ejercer un marcaje más preciso sobre la
gestión del dinero público, pero para una verdadera gestión transparente queda
mucho por hacer. En el Butlletí Oficial del Parlament (BOP) las respuestas
evasivas son aún el pan de cada día; los créditos del ICF siguen siendo
confidenciales en atención al secreto bancario (como si el dinero público
tuviera que disfrutar del mismo trato que el privado); las suscripciones y el
reparto de la publicidad institucional son secretos muy bien guardados; las
retribuciones, adjudicaciones y los estudios pagados por todo el maremágnum de
consorcios y entidades semi-públicas (como toda la red hospitalaria concertada)
siguen siendo tan opacos como siempre; ignoramos con qué lobbies se reúnen los
consejeros y diputados; y, por supuesto, con respecto a la financiación de los
partidos, que como todo el mundo sabe es el principal foco de corrupción, las
auditorías del tribunal de cuentas siguen siendo a todas luces insuficientes.
Fuente: www.eldiario.es

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