Amina Nasser / 30 nov 2014
El
padre Román, supuesto líder del clan.
Cuatro largas horas y media duró la declaración judicial de
Daniel, el nombre ficticio del primer denunciante de los supuestos abusos
sexuales que han sobresaltado a los fieles de Granada y han escandalizado a
medio mundo. Fue el viernes por la mañana. Daniel no pudo ir acompañado de
abogado porque la investigación, aunque no lo parezca, sigue bajo secreto de
sumario. El joven salió extenuado de los Juzgados. Rememorar el tormento
que pasó de adolescente con ‘los romanones’ –o los romanes- no es un plato de
buen gusto. Pero quiere llegar hasta el final. No por él, porque lo suyo ya no
tiene remedio. Lo hace para evitar que otros menores puedan pasar por su
suplicio.
El juez Antonio Moreno, titular del Juzgado de
Instrucción número 4 de Granada, le interrogó sin piedad. Probablemente,
para aclarar las supuestas contradicciones a las que aludía el magistrado en
los autos en los que dejó en libertad con cargos a los tres sacerdotes y al
seglar detenidos el pasado lunes como presuntos autores de los abusos sexuales.
Daniel ratificó ante el juez lo que ya había manifestado ante la Policía
Judicial. Insistió en que otros siete sacerdotes y otro seglar, todos ellos
vinculados al grupo de los ‘romanes’, conocían las prácticas del padre Román y
de los otros tres encausados.
No sólo eso. El joven aseguró que en las reuniones del
grupo, los supuestos encubridores le presionaban para que aceptara las
relaciones sexuales que practicaban los miembros del ‘clan’. Daniel era
menor de edad. Soportó abusos sexuales desde los 14 hasta los 17 años. Los
presuntos autores, los tres clérigos detenidos el lunes, y el seglar, el
profesor de Religión que antes de ser un presunto abusador fue víctima de
Román, lo intimidaban aprovechando su situación de superioridad, su edad y su
condición sacerdotal para que admitiera como ‘normal’ los abusos sexuales.
LA NOVIA ERA UN OBSTÁCULO
También ha declarado ante el juez el otro acusador de los
‘romanones’, por ahora, el segundo denunciante en vía judicial de los abusos.
Es uno de los nombres que Daniel apuntaba en su denuncia como supuesta víctima
del ‘clan’. El joven tenía novia en la época en la que se relacionó con el
grupo, que hizo lo indecible para romper aquella relación. Este diario
dispone de abundante información sobre las artimañas de las que se valieron
entonces los sacerdotes para romper la pareja, datos que se omiten para no
comprometer la investigación judicial.
De momento, el escándalo solo ha tocado a tres sacerdotes y
un seglar a los que el juez les imputa supuestos delitos contra la libertad e
indemnidad sexual. Todos quedaron en libertad con cargos el miércoles y el
líder del ‘clan’, Román M. V. d C., eludió la prisión tras pagar una fianza de
10.000 euros. Imputados están también los curas Francisco J. C. M., vicario
judicial adjunto, suspendido del cargo –que no cesado- el pasado 15 de octubre,
Manuel M. M., suspendido también como párroco en Órgiva y el profesor de
Religión Sergio Q. M., el más joven del grupo, a quien el arzobispo mantuvo la
‘venia docendi’ hasta el 26 de noviembre. De los supuestos autores, su alto
nivel de vida, sus propiedades y su forma de actuar se han contado muchas
cosas. Pero no de sus encubridores: siete clérigos y otro laico contra los
que el arzobispo de Granada no ha tomado ninguna medida cautelar.
MASAJES, ORGÍAS, VÍDEOS PORNO…
“Ellos también son víctimas”, le dijo el arzobispo de
Granada, Javier Martínez al joven Daniel cuando le comunicó que suspendería de
sus funciones pastorales a los tres sacerdotes sospechosos de los supuestos
abusos. El arzobispo no sólo no ha actuado contra los encubridores, sino que
los ha protegido colocando a miembros del grupo en la Iglesia San Juan María de
San Juan de Vianney, de la que era párroco Román, y en los Tablones de Órgiva.
El puesto de vicario judicial adjunto no lo ha cubierto.
En su relato ante el juez, Daniel insistió en que fue
víctima de abusos y agresiones sexuales por parte de los sacerdotes.
Masajes, intentos de penetración, vídeos pornográficos, orgías en la piscina…
El relato de lo sucedido podría ser la trama novelesca de un best-seller. El
propio juez ha calificado de “degradante y vejatorias” las prácticas del padre
Román contra Daniel en los autos de puesta en libertad de los detenidos, en los
que relata con toda crudeza en qué consistían los abusos y vejaciones que
sufrió la víctima.
En su declaración del viernes, el joven reiteró todos los
extremos que había hecho constar en su denuncia. Los imputados niegan la mayor
y declaran su inocencia. Llevan demasiado tiempo -todo el que les dio el
arzobispo de Granada- preparando su defensa y juegan con la ventaja de que los
delitos que les imputan están en el límite de la prescripción
Fuente: http://www.andalucesdiario.es/
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