El cambio hoy es echar al PP y a la derecha del poder.
¿Qué cambio será? Dependerá de la correlación electoral entre los partidarios
de la alternativa y los de la alternancia.
nuevatribuna.es |
Por Manel Garcia Biel | | 06 Febrero 2015 - 19:40 h.
La regresión
social, política y democrática es clara y a pesar de esto, y las diversas
manifestaciones de rechazo social, nos podemos encontrar que la carencia de una
respuesta política suficientemente fuerte nos lleve al mantenimiento del poder
por parte de las derechas
Estos últimos
años de gestión política de la crisis han sido negativos por el conjunto de la
ciudadanía. La gestión económica efectuada por parte de los gobiernos de la
derecha, sea el PP o CiU, ha comportado un empobrecimiento generalizado para la
mayoría y sólo ha beneficiado las minorías vinculadas al capitalismo
especulativo y concesional. Los recortes salariales, en bienestar social, el
incremento del paro y la reducción de las prestaciones sociales, la bajada del
consumo interno son signos inequívocos de unas políticas hechas en beneficio de
los poderosos y en detrimento de la mayoría de la población. En el caso del
gobierno del PP estos recortes económicos y sociales han sido acompañadas de
unos recortes de derechos no sólo laborales, económicos y sociales, sino de
libertades como lo demuestran desde la “ley mordaza” a la reforma del código
penal o el acceso a la justicia.
La regresión
social, política y democrática es clara y a pesar de esto, y las diversas
manifestaciones de rechazo social, nos podemos encontrar que la carencia de una
respuesta política suficientemente fuerte nos lleve al mantenimiento del poder
por parte de las derechas.
Estamos ante el
inicio de un ciclo electoral que se inicia en las Elecciones en Andalucía y
finalizará en las Elecciones Generales, pasando por las municipales y
autonómicas de mayo y las catalanas de septiembre. Todo un ciclo político
completo. Y las perspectivas son inciertas. A pesar del gobierno antisocial y
regresivo de la derecha, a pesar de la corrupción generalizada del PP y CiU,
sin olvidar la que de forma menos generalizada afecta a otros actores políticos
y sociales, puede resultar que la derecha y especialmente el PP pueda volver a
ganar por carencia de una alternativa clara. Es muy probable que el PP pierda
la mayoría absoluta actual, pero esto no comporta ni que pueda haber un
gobierno alternativo, ni que el PP pueda perder el gobierno.
Frente al PP hay en estos momentos tres opciones que manifiestan de forma
clara su oposición, pero ninguna de ellas es capaz de ganarle en solitario. Ni
el PSOE, ni Podemos ni todavía menos la izquierda alternativa tienen hoy
posibilidades de derrotar por si solos al PP. Y lamentablemente sus
posibilidades de construir alianzas alternativas no se ven cercanas.
La alternancia
tradicional que representa el PSOE no parece en condiciones de derrotar el PP en
solitario. En este momento carece de un liderazgo consolidado y de un discurso
claro y homogéneo; está lastrado por el recuerdo de las políticas económicas
con que afrontó el inicio de la crisis, política precedentes de las que
profundizó el PP, y singularizadas en la reforma del artículo 135 de la
Constitución. A la vez es claro hacia dónde pretender ir. La
vieja política del partido, escondida ahora bajo la figura de Susana
Díaz, no parece querer ser otra cosa que la tradicional alternancia a la derecha
e incluso juegan con la posibilidad de una gran coalición, todo esto a pesar de
la sombra amenazante del precedente que les ha representado el PASOK griego.
Por su parte Podemos mantiene su apuesta de ser una alternativa popular (?)
en solitario al gobierno del PP. Pero todavía tiene por delante que demostrarlo
tanto en la práctica electoral como en la política. Es un partido con un
liderazgo claro y un dominio de las nuevas formas comunicacionales, pero debe
demostrar aunque es algo más que un nuevo producto comunicacional. Carece aún
de una organización consolidada y que sepa afrontar el día a día de la política
en todos el ámbitos del local al general, y le falta ofrecer una concreción de
su discurso hasta ahora poco claro tanto en las propuestas como en los
objetivos más allá del de la alternativa a la “casta”. Y lo que no está nada
claro actualmente es que su apuesta sin alianzas políticas le garantice ni la
posibilidad de ganar el PP, ni incluso consolidarse como la principal fuerza
opositora. Mientras en la sombra lanzan “opas” sobre cuadros de otras
formaciones de izquierda sin ninguna voluntad unitaria sino de hegemonía
exclusiva.
En lo relativo a la izquierda alternativa, la que durando muchos de tiempo
ha sido la única oposición tanto a los gobiernos de derecha como a las
políticas económicas de derechas que ha realizado el PSOE, se encuentra en que,
justamente cuando estas políticas parecen deslegitimadas, la entrada en escena
del fenómeno de Podemos los ha llevado a una situación de profunda
desorientación estratégica. La situación de Izquierda Unida es bastante
significativa. Después de años de hacer de oposición, ahora todo apuntaba a que
la situación del país daba la razón a sus políticas de crítica y que estaba en
el momento de capitalizar su larga trayectoria opositora y de llevar a cabo su
apuesta estratégica por la confluencia de las izquierdas alternativas. Pero la
aparición de Podemos ha trastocado toda su posición y nuevamente han surgido en
su seno diferentes visiones, cargadas de sectarismo por todas partes. Unos se
sienten deslumbrados por el rápido crecimiento de Podemos y corren a su encuentro
y/o a su imitación, a pesar de la negativa a la unidad por parte de
Iglesias y los suyos, y todo sin tener en cuenta que en política siempre gana
el original sobre las copias, (algunos incluso si al precio liquidando IU).
Otros al contrario llaman a cerrar filas para evitar el contagio, sin querer
abrirse nada a lo que significan los cambios sociales, y otros incluso se
plantean una radicalización de posiciones que los vacune de contagios.
Finalmente algunos sectores más serenos de la izquierda alternativa
consideran, y quizás con razón, que lo deben hacer es mantener una organización
implantada, mejorando sus estructuras internas haciéndolas más participativas y
abiertas, y mantener el legado de unas propuestas políticas estratégicas
basadas en una alternativa a las políticas de la derecha, partidarias de la
confluencia de las fuerzas de progreso y que ahora deben abrirse al diálogo,
desde el respecto a la identidad de cada uno, con los nuevos actores políticos
de cambio, sin imitarlos y sin rechazarlos, tratando de colaborar en lo que sea
posible. Y fundamentalmente dedicarse a mejorar la comunicación y la difusión
de sus propuestas a la sociedad.
No todas las
perspectivas son pesimistas: el acuerdo de confluencia en una alternativa
plural a la derecha en el Ayuntamiento de Barcelona, o la apuesta para confluir
de la coalición ICV-EuiA en Cataluña, a partir de reconocer que ningún actor,
ni ellos ni Podemos son alternativa en solitario a la derecha de Mas son dos
ejemplos positivos del que debe hacerse.
El objetivo fundamental de los que desde cualquier sector se reclamen del
cambio pasa para echar del poder a la derecha que representan Rajoy, Mas y
compañía. Los representantes de unas políticas que han causado mucho dolor y
mucha desigualdad en la ciudadanía.
Y para echar del
poder a esa derecha, que nadie podrá hacer en solitario, habrá que articular
vínculos, algunos estratégicos y otros tácticos entre las diversas fuerzas
desde el centro-izquierda a la izquierda alternativa. Porque los partidarios de
una alternativa radical al actual estado de cosas deben contemplar una alianza
estratégica de las fuerzas que defienden esta alternativa, sin sectarismos, sin
monopolios y con generosidad y voluntad de transformación. Y es evidente
también que un cambio, a partir de la realidad política de nuestro país no será
posible sin algún tipo de diálogo y relación con las fuerces reformistas del
centro izquierda.
El cambio hoy es
echar al PP y a la derecha del poder. ¿Qué cambio será? Dependerá de la
correlación electoral entre los partidarios de la alternativa y los de la
alternancia. Lo que debe quedar claro a estas alturas es que si cada cual va
por su lado, la división, y las encuestas así lo indican, permitirán que la
derecha continúe gobernando.
Fuente: www.nuevatribuna.es






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