Artículos de
Opinión | Ernesto Wong Maestre* | 20-02-2013 |
Pudiera
afirmarse que desde hace casi cuatro años, con la rebelión de los obispos
africanos en el II Sínodo de Obispos para África, la crisis de las estructuras
impuestas por el Estado Vaticano a la Iglesia Católica a nivel mundial saltó a
una nueva fase que pudiera estar culminando ahora con la renuncia del Papa
Benedicto XVI para abrir otra fase que deberá afrontar el próximo Papa y jefe
del Estado de mayor riqueza per cápita del mundo.
La renuncia
de Benedicto XVI o Joseph Aloisius Ratzinger más que una separación anormal y,
para algunos, sorpresiva por ser el cuarto caso de toda la historia papal (1)
de una renuncia al máximo poder eclesiástico, es una expresión particular de
las insalvables contradicciones del mundo capitalista y del nuevo mundo
socialista que brota de las entrañas de los pueblos, sean cristianos,
animistas, musulmanes, budistas o taoístas.
Ya desde
aquel II Sínodo de obispos africanos en octubre del 2009 que llamó mi atención
y sobre el cual escribí un artículo, dando cuenta de lo que consideré una
“rebelión de los obispos africanos”, avizoré que estábamos a las puertas de una
nueva fase crítica de la Iglesia Católica y concluí afirmando que en ese
inicial, “álgido y relevante debate en el II Sínodo de Obispos sobre África
(...) pudiera preverse que se darán más fuertes debates, considerando, por un
lado, las líneas dadas por Benedicto XVI, por otro, las contradicciones
internas-externas sociales e institucionales, y por otro lado, las claras
denuncias de obispos de países africanos influyentes”. Uno de ellos, el
arzobispo de Ouagodougoy en Burkina Faso, Philippe Ouedraogo, manifestó que
África rechaza las prácticas “legalmente reconocidas en Occidente” y acusó a
los medios de comunicación occidentales de intentar imponer el “pensamiento
único” de Occidente.
Como él,
otros arzobispos y obispos africanos condenaron las prácticas capitalistas, lo
cual provocó la decisión de mantener al II Sínodo aislado de los medios, según
se pudo apreciar en los días posteriores.
Mi artículo
del 2009 lo concluí proponiendo “pensar que estamos en presencia de un hito en
la historia de la iglesia cristiana, la cual -se recordará- fue salvada en su
unidad institucional, hace decenas de siglos atrás, precisamente por un
africano, el padre San Agustín (de Hipona, poblado situado en el territorio de
lo que es hoy Argelia), quien reordenó y condujo moralmente al obispado, casi
en su totalidad corrupto, y trazó muchas de las pautas que han permitido a la
Iglesia cristiana adaptarse -a través de los siglos- a las transformaciones
sociales impulsadas por los pueblos, las cuales en el siglo XXI, se denominan
transformaciones socialistas” (2).
No será
casual entonces que al alemán Ratzinger lo reemplace un jerarca católico
originario del Sur o un arzobispo con claras muestras de reconocimiento hacia
la problemática del neocolonizado sur o en tránsito hacia el socialismo, aunque
toda esa puja dentro de la alta jerarquía (ajena totalmente a la práctica
democrática) estará influida fuertemente por las fuerzas de la OTAN y del
neoliberalismo que también buscarán colocar en esa plaza a quien mejor satisfaga
sus intereses en un mundo cada vez más polarizado ideológicamente y que esa
personalidad pueda obstaculizar la marcha de la historia. Todavía está por ver
qué ocurrirá el próximo 28 de febrero cuando se evite el vacío de poder ante la
renuncia de Benedicto XVI.
Resulta
interesante observar en ese II Sínodo a Benedicto XVI cuando ofreció algunas
ideas a manera de lineamientos para los obispos y se refirió a la "nueva
evangelización" a realizar por la Iglesia Católica que tenga en cuenta
’los cambios sociales’ y ’la globalización’.
De manera
que ahora, la renuncia de Ratiznger es, ante todo, un reconocimiento a su
fracaso por lograr esa deseada "evangelización" ante los retos del
siglo XXI y de las transformaciones económicas y políticas hacia el socialismo
en sus diversas manifestaciones nacionales o multiétnicas, en más de la mitad
de la población del planeta, y en el contexto de la “globalización” aprovechada
por el imperialismo estadounidense-europeo y su Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) para tratar de recuperar su hegemonía en el mundo.
La renuncia
de Benedicto XVI es, al mismo tiempo, una expresión política e ideológica de
sus propias contradicciones acrecentadas por la crisis económica, financiera y
social capitalista porque el Estado Vaticano y sus cuantiosas inversiones
capitalistas no está blindado ante los embates del neoliberalismo y las
debilidades estructurales del sistema financiero europeo-norteamericano, ni del
avance de las otras iglesias vinculadas a otros poderes estatales que pujan por
un sitio en la correlación mundial de fuerzas y que van conformando un mundo
con tendencia a la pluripolaridad en cuanto a la potencia y a la bipolaridad
multicéntrica (3) en cuanto a las ideologías.
No hay
ningún tipo de dudas en comprender claramente que esa “nueva evangelización”
deseada por Benedicto XVI sucumbió ante una OTAN agresiva y expansionista hacia
el sur y en particular hacia el Medio Oriente y norte de África en búsqueda de
fuentes energéticas y espacios de influencia que reducir a China, pero que
también ha reforzado el valor de las ideas islámicas y el sentido de amenaza en
África junto a las maniobras del Africom (Comando del Ejército de EEUU para
África) hacia el resto del continente africano, debilitando aún más al cristianismo
y reforzando las religiones tradicionales animistas y al mismo mundo musulmán
africano que está obligado a cerrar filas con las fuerzas independentistas
africanas agrupadas en el cono sur en torno a Sudáfrica, Angola, Namibia,
Mozambique, Zimbabwe y Tanzania.
Las mismas
fuerzas reaccionarias que obstaculizaron a Benedicto XVI en su “nueva
evangelización” en esas partes del mundo tratan de conformar al interior de la
iglesia católica en los países de Nuestra América a fuerzas políticas para
frenar el avance del socialismo bolivariano e indoamericano que claman por
construir naciones multiétnicas con mayor estabilidad y seguridad que
garanticen en sus pueblos mayores sumas de felicidad, apoyadas en procesos de
integración subregional y continental como la Alianza Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños (CELAC), entre otros.
De imponerse
el candidato de la OTAN y del neoliberalismo como jefe de Estado del Vaticano,
la Iglesia Católica podría entrar en una nueva etapa de crisis y hasta de cisma
y escindirse, considerando el contexto italiano donde las tendencias
separatistas pululan bajo la aguda vigilancia de los buitres imperiales quienes
se disputan la Zona Euro.
NOTAS (1) El
primer Papa que abandonó su cargo fue Benedicto IX en 1048; el segundo caso fue
el de Celestino V ya en 1290, época del apogeo feudal, cuando fue apresado y
obligado a abdicar y el tercer caso es el de Gregorio XII quien luego de un
golpe de Estado renunció en 1415 en medio del llamado Cisma de Occidente
ocurrido en la iglesia católica, según la enciclopedia web Wikipedia.
(2)
Publicado por Aporrea http://www.aporrea.org/internaciona... y por El
Mercurio Digital en http://elmercuriodigital.es/content...
(3) Término
propuesto en una ponencia en septiembre del 2012 ante los estudiantes de la
Maestría de Relaciones Internacionales de la UMBV.
*Ernesto
Wong Maestre profesor universitario, investigador, analista internacional,
cubano residente en la República Bolivariana de Venezuela.
Fuente:
Martianos-Hermes-Cubainformación
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