Memoria de Guadalajara, | 1
febrero 2015
La provincia de Guadalajara fue especialmente castigada
desde el primer momento por la represión franquista
Quizás por haber resistido hasta el final de la
guerra y por ser escenario de la primera derrota militar del fascismo italiano,
la provincia de Guadalajara fue especialmente castigada desde el primer momento
por la represión franquista y con un alcance que las cifras nos muestran con
horror. Entre 1939 y 1944 fueron represaliadas 7269 personas nacidas o
residentes en la provincia, lo que representaba un 4.3 % de la población
provincial de 1940. De esas 7269 personas, el PCE fue la segunda organización
en número de castigados, con 1039 represaliados, siendo la primera UGT con
1904. Al igual que en el resto de España, el Partido Comunista había pasado de
ser un pequeño grupo sin apenas presencia militante en nuestra provincia a
convertirse en un grupo con miles de afiliados y principal sostén del Quinto
Regimiento. Así, en Guadalajara el PCE pasa de tener 90 afiliados en 1935 en
toda la provincia, a 8000 carnets entregados en noviembre de 1937. (Hernández
Sánchez, 2010).
Desde el primer momento de la represión franquista, en
abril de 1939, los principales dirigentes provinciales fueron fueron
perseguidos con saña y asesinados o encarcelados; Vicente Relaño, secretario
general del PCE de Guadalajara fue prontamente detenido y sometido a un cruel
trato, aunque su ejecución se retrasó hasta 1943 porque Relaño tenía más de 10
avales de personas de derechas a las que se había salvado al ponerlas bajo la
protección de la Ley republicana en los días difíciles de los primeros meses de
la guerra. Otros dirigentes fueron al exilio o fueron encarcelados. Desde
Guadalajara se organizó una expedición falangista a Alicante para buscar a
todos los republicanos alcarreños allí detenidos. A su regreso, fueron exhibidos
por las calles de la ciudad en un recorrido parecido a un auto de fe.
El número de penas de muerte ejecutadas a militantes
comunistas en la provincia de Guadalajara, según estadística recogida por el
Foro por la Memoria de Guadalajara y basada en las propias sentencias
judiciales, fue de 164, de un total de 822 fusilados entre 1939 y 1944 en las
tapias del cementerio provincial, siendo la segunda organización con mayor
número de asesinados después de la FNTT-UG.
En estas circunstancias es fácil entender que la mayoria de
los militantes comunistas que estaban en condiciones en la posguerra de
reorganizar el PCE en Guadalajara eran o bien los más jóvenes, que no habían
vivido la guerra, o las mujeres, viudas o compañeras de militantes encarcelados
o presos.
La militantes femeninas no fueron sólo las que tuvieron que
afrontar las multas, ayudar a sus compañeros presos y sostener a la familia en
una situación de persecución y postguerra, sino que fueron en muchos casos las
encargadas de intentar la reconstrucción de la organización, cuyo principal
objetivo era, como en el resto de España, sobrevivir y auxiliar a los presos.
Es de justicia citar a algunos de los militantes comunistas
de Guadalajara que arriesgaron su vida y su libertad para reorganizar el partido
y apoyar a sus camaradas presos. Son solamente unos pocos aquellos de los que
se guarda memoria, pues cientos de ellos murieron anónimamente bajo un dictado
de olvido que algunos desean que persista hasta el día de hoy. Como ejemplo de
dignidad y lucha llegan hasta nosotros estos nombres:
Maria Valés Santos, natural de Torre del Burgo, encarcelada
el 09/07/1942, acusada de reorganizar clandestinamente el PCE.
Gregoria Pérez Barbero, 23 años de Cendejas de la Torre,
militante de JSU, detenida en 1943 junto a 21 personas más, acusada de ser
«miembro de la organización clandestina del PCE».
Adoración Retuerta detenida «por actividades clandestinas
de carácter comunista.(…)», detenida por el reparto en Guadalajara y Madrid de
unos pasquines que decían «Franco os roba el aceite y el pan de vuestros hijos
hambrientos, ¿a qué esperáis para manifestaros contra el hambre? Viva la
República».
Tomasa Cuevas, de Brihuega, de las JSU, quien tras 12 años
de cárcel en durísimas condiciones, regresó a Guadalajara y se convertiría en
uno de los mayores ejemplos de fortaleza moral, de solidaridad y de humanidad
que haya podido haber en el comunismo español, rescatando la memoria de la
vida, lucha y sacrificio de las mujeres de su generación.
Muchos de los militantes que lucharon por la reconstrucción
del partido habían sido presos de primera hora que ya habían sido excarcelados
tras cumplir penas menores, como es el caso de Pedro Martinez Magro, maestro de
Jadraque que tras ser sobreseída su causa, fue puesto en libertad, participando
en la reconstrucción del PCE en Guadalajara y Alcalá de Henares, hasta que en
1947 fue detenido, acusado de la explosión del polvorín militar de Alcalá de
Henares y fusilado.
Un caso que ejemplifica muy bien el de aquellos
combatientes que habíando logrado sobrevivir no dudan en volver a comprometerse
en la lucha es el de Felix Samper Albarracín, jornalero de Sayatón y teniente
del EPR quien tras salir de la carcel en 1943, fue detenido de nuevo en el 45 y
acusado de pertenecer a la organización clandestina del PCE siendo condenado a
un año y seis meses.
Entre las mujeres que habian estado presas destaca Mercedes
Wandelmer, de la Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA) y del PCE, que
pertenecía a una familia de luchadores y militantes comunistas en la que hay
dos fusilados. Tras salir en libertad condicional de la prisión de Barbastro en
julio de 1943, fue detenida de nuevo en 1945, (“ingresó en la clandestinidad en
el PCE para combatir y derrocar al régimen legalmente constituido en España y sus
más sanas y tradicionales instituciones”). Fue condenada a cinco años más de
prisión.
El Socorro Rojo Internacional (SRI) sirvió como primera
estructura de apoyo a los presos y permitió una tímida organización del partido
en nuestra ciudad con la entrega de comida, ropa y enlace entre los presos y
sus familias y con el partido. Esos fardos de ropa eran precisamente usados
para la introducción de mensajes, veamos un ejemplo:
Teodora Segura Muñoz, de 18 años, de Peralejos de las
Truchas, fue encarcelada en 1945 por propaganda ilegal, junto a Bonifacia de la
Riba Esteras “con motivo de haber llevado clandestinamente para lectura de los
presos partes de guerra y revistas, las que pasaba envueltas en legajos de ropa
para los presos”.
La reconstrucción del PCE en Guadalajara empezó en la
propia cárcel pues los propios presos crearon una célula para repartir las
ayudas y apoyarse mutuamente. La proximidad de Madrid facilitaba conseguir
propaganda y traerla a Guadalajara en arriesgados viajes en tren. Algunas de las
más activas militantes de SRI que sirvieron de enlace con los presos fueron:
Cecilia Abad, Tomasa Cuevas, Julia García, y Trinidad Merodio, entre otras.
Gracias al libro “Mujeres en las cárceles” de la briocense Tomasa Cuevas,
conocemos el nombre de uno de los militantes que participó como organizador en
el interior de la Prisión Central de Guadalajara de una célula clandestina. Se
trataba de un militante malagueño llamado Antonio Ramón, que estaba gravemente
enfermo de tuberculosis y que falleció al poco de ser liberado en los años 50.
Otro de los miembros del PCE que se hallaba preso y que agravó su causa fue
Emilio Alda Garcia natural de Chiloeches, tras ser acusado de ser el
responsable clandestino del PCE en la cárcel de Guadalajara.
Los supervivientes de la represión estaban en el constante
objetivo de la policía franquista y eso, en una ciudad pequeña como
Guadalajara, hacía más difícil su tarea, siendo necesario extremar las
cautelas. Hacia 1946 Clotilde Ballesteros, militante comunista nacida en Mirabueno
y viuda de un importante cuadro del PCE, Juan Raposo, que había sido cruelmente
asesinado a golpes en la Prisión Provincial y fusilado después de muerto,
recibió la visita de un extraño personaje que le propuso hacer negocios y
reunir a los militantes dispersos para teóricamente reconstruir el PCE.
Clotilde lograría mantenerse con éxito en la clandestinidad y sería clave en
mantener el contacto con Madrid en los años más duros. Las resistentes como
Clotilde estaban especialmente expuestas porque eran el punto de contacto
externo. El personaje traía la supuesta carta de un histórico militante llamado
Emiliano Wandelmer quien había sido secretario provincial de las JSU. Wandelmer
había sido excarcelado en 1943; tanto Emiliano como su padre Pedro y su hermana
Mercedes, habían tenido un compromiso público en defensa de la República y como
militantes del PCE y eran muy conocidos en Guadalajara. Tras la entrada de la
tropas fascistas fueron detenidos y el padre, Pedro Wandelmer, un hombre ya de
edad que no obstante llegó a ser oficial del EPR, fue ejecutado.
Emiliano, encarcelado en la Prisión Provincial había sido
torturado; el odio a su familia y a su militancia valiente le había convertido
en una víctima a la que destruir y aplastar moralmente. Los resistentes sabían
que Wandelmer había sobrevivido, pero existía el temor de que se hubiera
quebrado moralmente y estuviera, ya en libertad, siendo utilizado por la
Brigada Político Social para romper la seguridad de la resistencia. No había
pruebas de que hubiese traicionado, pero las condiciones de lucha eran tan
terribles que la sospecha bastaba para tener que tomar medidas preventivas.
Cañadas Dombríz, militante libertario que había sido detenido en los mismos
días que Emiliano, en sus memorias inéditas (Cañadas, FMGU) señala que le
vigilaron y gracias a ello: (…)Supimos que Waldelmer [sic] era el traidor
porque a los que sí se habían reunido con él, les extrañó que a la reunión que
él habia convocado y que fue sorprendida por la policia, no acudió el sujeto y le
vieron por la calle con algún policía de la Social (…)
Sospechando que el visitante que decía venir en nombre de
Wandelmer era un policía o un infiltrado, Clotilde Ballesteros, quien ya
entonces participaba activamente en la actividad clandestina del PCE, se hizo
la tonta y mintió al sospechoso y asegurándole que ya había abandonado toda
actividad política, y que estaba ocupada sólo en su hijo y su nuevo marido,
también encarcelado. El visitante insistió y se entrevistó con otros militantes
en libertad, entre ellos con Francisco Mayoral, ex-secretario de organización
de las JSU de Guadalajara, que acababa de salir de la cárcel. Mayoral avisó de
la manera más discreta posible a todos los militantes que pudo, no sin antes
poner vigilancia y seguimiento al individuo sospechoso, que desapareció tras
varias visitas, al comprobar seguramente el escaso eco de sus propuestas.
(García Bilbao, X., 2008)
La lucha en la ciudad estaba muy centrada en recomponer
lazos y en apoyar a los encarcelados y sus familias fundamentalmente, pero en
las zonas de sierra de la provincia los guerrilleros se mantenían en armas, si
bien en situación muy precaria. La capital, una ciudad de 20.000 habitantes
donde en 1939-40 llegaron a estar encarcelados simultáneamente 5000 personas, era
tan sólo uno de los espacios de lucha, el «llano» y la «montaña» eran los
otros. Por el «llano» se entendían las poblaciones rurales y por la «montaña»
las zonas agrestes en las que se mantenían los guerrilleros. El llano ayudaba a
la montaña. En ese apoyo a la actividad guerrillera el PCE clandestino fue uno
de los pilares fundamentales. Guadalajara formaba parte del corredor de la
Cordillera Central que permitía conectar el centro y sur con el camino a
Francia, pero la principal zona de resistencia fue el Alto Tajo, en las
fronteras con Teruel y Cuenca. Entre 1947 y 48 hubo hasta 35 detenciones de
vecinos de Ocentejo, Peralejos de las Truchas y otros pueblos de la zona, que
fueron acusados de «apoyo a bandoleros» (García Bilbao, X. [et al], 2010)
.
La actividad clandestina del PCE siguió a pesar de todas
las dificultades. Una, y no poco importante, era la de contactar con la
estructura del partido a nivel nacional y de esa forma con la dirección en el
exilio. Hay informes en la documentación de Jesús Monzón donde Guadalajara
aparece claramente conectada con la dirección del partido en 1945
(AHPCE.Informes-jacq3). Tras la masacre de cientos de militantes en los
primeros años de la dictadura, los encarcelamientos masivos y las
deportaciones, la represión no cesó. Las multas, el expolio, los despidos, la
persecución diaria que llegó a suponer la muerte civil de los que se habían
atrevido a plantar cara al golpe y defender la República eran una cruda
realidad que aplastaba cualquier intento de resistir; recordemos a comunistas
como Antonio Buero Vallejo, luego famoso autor teatral, o a Ramón de Garcíasol,
periodista y poeta, quienes tras sobrevivir a la guerra, la cárcel y eludir la
muerte, se vieron obligados a un duro exilio interior. Buero Vallejo, en fecha tan
tardía como 1980, era discutido por parte de la sociedad bienpensante de la
ciudad y se entorpeció el darle su nombre a un Instituto de Bachillerato
apelando a su condición de comunista.
En medio de este panorama, muchas personas abandonaron la
ciudad y fueron a Madrid o a otras provincias. El PCE resistió porque la
voluntad de lucha de sus militantes fue absolutamente heroica, pero las
condiciones de aislamiento y represión supusieron el desgaste brutal de la
generación joven que había conocido la República y luchado en la guerra, siendo
los años 40 una época de resistencia que acabó por agotarla.
La salida de la cárcel de los supervivientes de la
represión inicial les llevó a encontrar una Guadalajara devastada moralmente y
con toda la vida civil en manos de un régimen totalitario donde no había lugar
para los que no quisieran rendirse. Las redes de apoyo a presos y familias, una
solidaridad antifascista ejemplar, abarcaba a todos, incluidos militantes
socialistas y libertarios, aunque las tensiones derivadas del golpe de Casado
se hicieron sentir siempre. Tras 1944 y hasta el 49, la actividad guerrillera y
con ella el paso por Guadalajara de partidas y cuadros procedentes de Francia
en ruta a otras zonas de actividad generó un repunte de la represión y del
control. Una nueva oleada de encarcelamientos y juicios se cebó entre los
resistentes, llevando de nuevo a la cárcel a muchos de ellos.
A primeros de los cincuenta, la situación era de
devastación. Persistían redes de veteranos militantes y el PCE mantenía
contacto con la dirección en Madrid y Francia, pero la actividad era sobre todo
de resistencia moral, no dejarse vencer, como primer objetivo. Surgieron dos
retos: el primero fue la reproducción generacional, los mayores anteriores a la
guerra estaban muertos, prisioneros, en el exilio o agotados, sólo un reducido
grupo mantenía la red clandestina. Los más jóvenes, sobre todo los antiguos
militantes de las JSU, ahora ya en plena madurez, serian de nuevo fundamentales
en la lucha, pero era preciso incorporar a las nuevas generaciones a la
militancia. El otro reto era la lucha sindical. El PCE orientó su lucha al
frente del trabajo y a la lucha en los sindicatos del régimen. Desde los
cincuenta hasta los años 70, la historia del PCE sería sobre todo la lucha en
el movimiento obrero; la fabrica de VICASA en Azuqueca de Henáres, atrajo
obreros de toda España, principalmente de Extremadura y se convertiría en un
punto clave de la nueva organización del partido.
Nunca se perdió el contacto con la dirección, pero hemos de
esperar a los años 60 para encontrar una red de células del PCE que eran ya
nuevas, fruto de la nueva dinámica política y no un eco de la guerra y la
primera resistencia. El veterano combatiente Sixto Agudo sería encargado en los
60 de establecer renovadas líneas de comunicación entre la estructura
clandestina y la dirección en Francia. El PCE mantiene una red en Guadalajara,
con ramificaciones en Molina de Aragón o Sigüenza. Romero Marín, miembro del
Comité Central del PCE, acude a Guadalajara en 1962 y mantiene contactos
directos con la estructura clandestina gracias a Esteban Hernández Maestre, un
joven albañil que había tomado el testigo de los viejos militantes y actuaba
como organizador y nudo de la red, junto a su compañero Goyo Muela . Un piso
clandestino en la calle Horno de San Gil de Guadalajara pasó a ser un punto
clave de la red. En 1968, con jóvenes obreros emigrantes, la actividad
clandestina se relanzó. La Brigada Político Social conocía los nombres de todos
los represaliados supervivientes y les tenía sometidos a vigilancia periódica,
igual que con los cuadros más activos que estaban en los sindicatos. Vigilar
para conocer y conocer para neutralizar era la pauta seguida por la Brigada
Político Social en ese periodo. En 1969, Antonio Cezón, obrero de la fábrica
Bressel, Antonio Rico, un obrero de Segovia, Juan Ignacio Begoña y Francisco
Palero, entre otros, tejen ya una amplia red. La policía les vigila y detiene y
maltrata cuando les parece conveniente, pero no lograrán impedir su actividad.
La represión de la BPS es constante, siendo su afán tener localizados todos los
posibles focos de resistencia. Pese a su historial de crímenes y torturas, los
policías de la BPS escaparan impunes en la Transición.
Entre 1964 y 1976, el Tribunal de Orden Público, el famoso
TOP, 32 personas de Guadalajara serán condenadas. El primero de ellos fue
Enrique Aguado Marco, natural de Cobeta, con 51 años, condenado (Causa 106/64
TOP) por propaganda ilegal —distribución de Mundo Obrero— a 10.000 ptas. y un año
de cárcel; Anastasio García, de Mandayona, fue detenido siéndole incautados
ejemplares de Mundo Obrero, Nuestra Bandera, Fraternidad y Metal (revistas del
sindicato clandestino), resultando condenado a dos años de prisión y una fuerte
multa. Serían los primeros condenados en esta nueva etapa del franquismo que no
cesaría hasta las elecciones del 77. Policías y jueces de la dictadura
seguirían en sus puestos sin ser cuestionados.
La trayectoria del PCE en nuestra ciudad desde los años 60
hasta la transición será tratada en otro artículo. pero podemos citar como
principal determinante desde los años 50, no tanto la actividad represiva del
régimen, sino la nueva línea de «Reconciliación Nacional» implantada desde
1956. Como consecuencia de esa línea, la renovación generacional acabaría por
producir una fractura moral entre los veteranos de la resistencia y los cuadros
jóvenes de orígen católico o de familias del régimen que se encargarían de
aplicar las nuevas directrices; en ellas, la memoria de la lucha de la
resistencia resultaba inconveniente. La disolución del sistema de células por
centro de trabajo o actividad y la adopción de una estructura de agrupaciones
territoriales acabó por destruir los lazos comunistas que en difíciles
circunstancias habían logrado mantener durante tantos años.
Se puede decir que a pesar de la dura represión y del
ensañamiento contra los comunistas alcarreños, en todos los años de dictadura
no hubo ni un sólo día en el que no hubiera una célula clandestina comunista en
Guadalajara empeñada en su lucha contra la dictadura franquista.
En 1979, Clotilde Ballesteros y Trifón Cañamares García,
volvieron al pueblecito de Mirabueno. Clotilde había eludido la cárcel y en
1951 marchó a Viella y luego a Barcelona donde militó en la clandestinidad.
Trifón Cañamares, aquel valiente joven militante de las JSU comisario de
compañía en la 49 BM, natural de Cendejas de Enmedio (Guadalajara), había
mantenido su militancia en el PCE todos aquellos años. En Mirabueno, Trifón y
Clotilde defendieron la candidatura al ayuntamiento de su partido, el PCE, y lo
hicieron con la sinceridad y fortaleza de corazón que había caracterizado a los
militantes de su generación. En 2014, los jóvenes de la UJCE de Guadalajara le
dieron el nombre de Trifón Cañamares a su agrupación provincial, y el propio
Trifón, emocionado, firme y lúcido a sus 103 años, pudo dirigirse a ellos,
evocar a cuantos entregaron sus vidas por un ideal de paz y justicia social y
transmitir el hilo rojo de la memoria que se necesita en las batallas del
presente y el futuro.
Hernández Sánchez, F., El PCE en la guerra civil, Tesis
doctoral, UNED, 2010.
Garcia Bilbao, X., La represión franquista en Guadalajara,
Silente 2010-
—, «Entrevista con Francisco Mayoral, militante JSU
Guadalajara, 01/10/2008», FMGU)
—, «Entrevista con Jesús Salas, miembro de la resistencia
antifranquista Guadalajara, 02/07/2014, FMGU)
Xulio García Bilbao
. Foro por la Memoria en Guadalajara
@memoriaguada

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