La
charla formó parte de las actividades paralelas a la exposición en Murcia de
las Misiones Pedagógicas y contó con un público expectante que llenó el Salón
de Grados de Derecho.
Memoria Histórica | Diego Jiménez | 05-02-2015 |
El Salón de Grados de la Facultad de Derecho registró, una
vez más, un lleno total en la tarde del pasado martes, día 27 de enero, para
escuchar a César Oliva disertar sobre La Barraca y el Teatro de las Misiones
Pedagógicas, un acto presentado por Antonio Sánchez, de la Asociación de
Jubilados y Pensionistas de STERM Intersindical.
César Oliva enmarcó la llegada de Alejandro Casona al Teatro
de las Misiones con el acceso al mundo teatral de autores españoles de la
Generación del 98, como Unamuno, que en 1932 estrena “El Otro”, con la actriz
Margarita Xirgu, y Valle Inclán, con “La reina castiza” (junio de 1931), una
obra antimonárquica publicada por primera vez en la revista La Pluma en 1920,
junto a “Divinas Palabras”, interpretada también por Margarita Xirgu y Enric
Borràs. Son los años de la aparición de nuevos dramaturgos como Miguel Mihura,
José María Pemán, Enrique Jardiel Poncela… El teatro profesional tenía, pues,
enorme peso en la República.
El Patronato de las Misiones Pedagógicas y su impulso de
la cultura y de las artes escénicas
En torno a 1931, se habla de una sociedad en descomposición
tras muchos años de dictadura sostenida por la Corona, de manera que el triunfo
de la II República trajo cierta esperanza para la vida española. En ese
contexto nace el Patronato de las Misiones Pedagógicas, creado por decreto de
29 de mayo de 1931 por el Ministerio de Instrucción Pública, a cuyo frente
estaba Marcelino Domingo, y con un objetivo claro: impulsar la cultura con un
programa concreto de educación popular.
El Patronato, presidido por Manuel Bartolomé Cossío, impulsa
en las artes escénicas el Coro y Teatro del Pueblo, dirigidos, respectivamente
por Eduardo Martínez Tornel y Alejandro Casona. El Coro y el Teatro estaban
integrados por jóvenes estudiantes que recorrían el país en periodos
vacacionales y en días festivos. Se beneficiaron de sus actividades unos 286
pueblos. El repertorio estaba basado en piezas populares de la literatura
clásica de autores como Lope de Rueda, Juan de la Encina, el Cervantes de los
entremeses, sainetes de Ramón de la Cruz…, y piezas compuestas por el propio
Alejandro Casona.
Poco después, se pone en marcha un segundo plan de acción
teatral, con idénticas pretensiones de llevar la cultura a los distintos
rincones del país: ‘La Barraca’, de Federico García Lorca.
La Barraca: su origen y sus actividades
La Barraca surge a partir de una idea de García Lorca y de
la Unión Federal de Estudiantes Hispánicos. El ministro de Instrucción Pública,
el granadino Fernando de los Ríos, subvencionó el proyecto con 100.000 ptas.
García Lorca, junto con Eduardo Ugarte, codirector de La Barraca, comienzan la
tarea de preparar montajes teatrales para llevar a los pueblos de España desde
el verano siguiente (1932). El objetivo pedagógico era similar al del Teatro
del Pueblo. Quizás los intereses del grupo fueran más atrevidos, como indicó el
biógrafo del grupo, Luis Sáez de la Calzada.
La Barraca fue una apuesta firme por la renovación del arte
escénico, condicionada, no obstante, por las dificultades presupuestarias
posteriores y por el cambio de gobierno, con el acceso de la derecha al poder.
Esas dificultades junto a ciertas críticas de sectores de la intelectualidad
hicieron disminuir el ímpetu inicial del proyecto. No obstante lo cual, entre
1932 y 1935 La Barraca ofreció un repertorio que dignificaba la escena
española, en un sentido de popularizarla, según reflexiones recogidas del
hispanista Ian Gibson. Un primer desafío que encara La Barraca fue la puesta en
escena de un complejo texto, el auto de ‘La vida es sueño’, de Calderón de la
Barca.
Sus actuaciones
El 10 de julio de 1932, en el pueblo soriano de Burgo de
Osma, comienza sus actuaciones La Barraca, en un periplo que, durante cuatro
años, la va a llevar por todos los pueblos de España. La bibliografía sobre
este grupo teatral recoge la enorme ilusión que ponían todos sus componentes,
vestidos con unos característicos monos azules, justificados por las tareas al
margen de su actuación artística que debían de desarrollar.
El repertorio lo constituían piezas clásicas, con la
excepción de un recital de “La tierra de Alvargonzález”, de Antonio Machado,
declamado por el propio Federico, y una breve pieza de García Lorca, “El
retablillo de Don Cristóbal”, programada en un breve periodo de tiempo que tuvo
La Barraca tras la muerte de Federico. Las representaciones de La Barraca iban
dirigidas a un pueblo llano, virgen, no corrompido, así como a unos pocos
intelectuales que entendieran los objetivos de esta actividad teatral.
Actividad escénica de las Misiones Pedagógicas
Las Misiones inician su andadura con el Teatro y Coro del
Pueblo, que lo integran, como en La Barraca, jóvenes estudiantes que actúan en
periodos vacacionales. El repertorio incluía obras clásicas y menores, como
pasos, entremeses, sainetes… adaptados o reescritos para su mejor comprensión.
La primera representación se dio en Esquivias (Toledo), el 15 de mayo de 1932, y
la labor de las Misiones en este terreno se prolongó durante cinco años,
quedando interrumpida por la guerra civil.
Las primeras salidas se hacían en radio de acción limitado
al entorno de Madrid, normalmente en funciones de mañana y tarde; pero, en
épocas vacacionales, las Misiones extendían su actividad a zonas más alejadas,
en provincias tales como Ciudad Real, Cáceres, Zamora, Valladolid, Salamanca,
Zaragoza… Las últimas actuaciones tuvieron lugar en julio de 1936, en la
comarca que rodea el lago de Sanabria.
Los materiales y los actores viajaban, normalmente, en dos
autocares y una furgoneta alquilados, cuyos propietarios cobraban un precio
simbólico. Pero, a partir de 1934, cuando el presupuesto de las Misiones
descendió un 50%, los propietarios sólo cobraban el importe de los carburantes
de los vehículos.
El alma mater del Teatro del Pueblo fue Alejandro Casona, un
dramaturgo que era maestro de escuela. Su apellido Casona (en realidad sus
apellidos reales eran Rodríguez Álvarez) lo adoptó artísticamente en recuerdo a
la casona familiar en la que transcurrió su infancia y juventud.
Funcionó, así mismo, un Retablo de Fantoches, verdadero
teatro de títeres dirigido por Rafael Dieste, que llegaba a pueblos a los que
no podían acceder el autobús y la camioneta. La primera representación de ese
Retablo de Fantonches se dio en Malpica, en la Costa da Morte (A Coruña), el 20
de octubre de 1933. El repertorio incluía piezas del propio Dieste.
Estas actividades eran puestas en tela de juicio por ciertos
políticos e intelectuales. Así, Araquistain decía que estas actuaciones
“enriquecían la cabeza de la nación pero que se olvidaban del estómago”.
Similitudes y diferencias entre los dos proyectos
culturales surgidos en la II República: La Barraca y el Teatro del Pueblo
Analogías: deseo de difusión cultural; componentes del
estudiantado, aficionados, poco o nada contaminados por el teatro profesional
de la época, y dirección a cargo de personas con cierta experiencia en la
puesta en escena, y, sobre todo, en la adaptación de textos. Diferencias: una
mayor sencillez en el concepto de producción en Misiones Pedagógicas; escasas
pretensiones estéticas y un principal objetivo: llevar por los rincones de
España algunas obras breves de nuestro acervo cultural clásico, con esa idea
didácticas que estaba en la propia esencia de Misiones Pedagógicas, que,
además, en el caso de Misiones iban acompañadas de Coro (La Barraca no tenía
Coro).
La Barraca pretendía, además, la renovación teatral. Sus
representaciones tienden a hacerse en las capitales, como aquí en Murcia, en el
Teatro Romea, en Elche… Esa pretensión de renovación hace que la escenografía
cobre un protagonismo especial en La Barraca, para lo que contó con jóvenes
artistas para esa renovación estética: Benjamín Palencia, Santiago Ontañón,
José Caballero, Ramón Gaya…, es decir, los artistas jóvenes de ese momento.
A más de 80 años de su creación, sin embargo, ambos modelos
respondieron a un afán de aproximar el arte estético a medios desfavorecidos de
la cultura española.
Fotografía: De izquierda a derecha, Antonio Sánchez y el
ponente, César Oliva.

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