Artículos de
Opinión | José Haro Hernández | 19-02-2013 |
Dentro de
unos días, el 23 de Febrero, se conmemorará el trigésimo segundo aniversario de
ese esperpento casposo que fue el asalto de Tejero al Congreso de los Diputados
y la ocupación de Valencia por Milans del Bosch. Por supuesto, nos hablarán del
monarca que salvó la democracia y de cómo ésta se ha afianzado entre nosotros
para siempre. Y estas palabras sonarán a sarcasmo como nunca antes lo habían
hecho. Y no principalmente, aunque también, porque aquel sainete chusquero y
chabacano en realidad consiguiera sus objetivos esenciales (reconducir el
régimen parlamentario en un sentido aún más conservador y paralizar la
movilización social), aunque los toscos y burdos peones que fueron
instrumentalizados pensaban que estaban redimiendo, una vez más, a la patria de
sus males seculares a través de una acción heroica y decisiva que reconduciría
los destinos de la nación; sino porque será un insulto cualquier invocación de
los valores democráticos y cívicos que emane de unas élites políticas y
cortesanas que chapotean en un océano de corrupción y que, desde sus atalayas
de impunidad, se atreven a pontificar sobre la ineludible penitencia a la que
las gentes de a pie estamos condenadas al haber osado vivir por encima de
nuestras posibilidades. De aquel pacto constitucional de 1978 surgió una
democracia constreñida en la que el poder económico lo detentan las oligarquías
que se beneficiaron del régimen del 18 de Julio, y el poder político se reparte
entre los herederos reciclados del franquismo y unas nuevas castas dispuestas a
asumir el juego bipartidista de esta segunda restauración borbónica. El 23F
imprimió un sesgo más reaccionario al sistema. Y después vino, más
recientemente, y al albur de esta crisis, el golpe de los mercados financieros,
que transformó definitivamente nuestro sistema de libertades formales, ya muy
mermadas, en la grotesca caricatura de una democracia. Hay que decirlo bien
claro: no estamos ante un Estado Social y de Derecho. En el escenario público
se representa una farsa, que está quedando precisamente al desnudo estos días
ignominiosos. El edificio político del país está podrido hasta el tuétano.
Sobre la monarquía y el partido del gobierno se proyectan sombras de sospecha
cada vez más oscuras, sin que el resto de partidos sistémicos e instituciones
quede a salvo. Y esta putrefacción coexiste con un proceso de deterioro social
sin precedentes, con unos niveles de paro, pobreza y precariedad desconocidos
en nuestra historia reciente, y que no se compadecen con el nivel de riqueza
real de la sociedad. En cualquier país de nuestro entorno en el que hubiera
estallado un escándalo de las dimensiones del que azota al PP, se habrían
producido dimisiones en masa. Aquí no. Sencillamente, ya no funcionan siquiera
los mecanismos democrático-formales convencionales, de modo que un gobierno
ilegítimo, que no sólo ha roto el contrato electoral, sino que está envuelto en
una presunta trama corrupta y conduce al país al abismo, se enroca en las
trincheras del poder y actúa como si no pasara nada. Es otro golpe, el último
de esa sucesión de agresiones a las libertades y a la democracia que arrancó
con la componenda constitucional de la transición y que siguió con el 23F. La
única salida sensata a la situación actual es la convocatoria de elecciones.
Pero no unas elecciones cualesquiera, sino aquéllas que conduzcan hacia un
proceso constituyente que abra la vía a una democracia real que merezca ese
calificativo. Si el edificio está descompuesto hasta en sus cimientos, no cabe
el arreglo, no hay lugar para la chapuza. Hay que levantar otro nuevo. El
problema es que si este gobierno agonizante y destructivo persevera en su
posición, es hora de que la sociedad, adelantándose a una nueva maniobra oscura
de los poderosos para imponer un gobierno tecnocrático, dé su propio golpe. No
tendría un carácter cuartelero y violento para ahogar las libertades. Se
trataría de un golpe cívico y pacífico para establecer una democracia. De un
golpe social. Y es que al pueblo no le están dejando otra salida.

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