domingo, 8 de febrero de 2015

SECUESTRAN A TRES INDIGENTES EN A CORUÑA PARA QUEDARSE CON SU PENSIÓN



Los raptores tenían cautivos a estos hombres de avanzada edad en el asentamiento de la antigua Conservera Celta para cobrar todos los meses sus pensiones o sus rentas sociales
Alberto Mahíaa coruña / la voz, 07 de febrero de 2015. Actualizado a las 12:14 h. 5
Esta barbaridad se destapó por un error de bulto del secuestrador. Por cometer la torpeza de acudir con su cautivo a la Cruz Roja a pedir un papel poniéndole en bandeja al prisionero la posibilidad de contarle a una voluntaria lo que le estaban haciendo. Así fue como recuperó su libertad un hombre de avanzada edad, unos veinte días después de haberla perdido.
Todo ese tiempo estuvo metido en una chabola a orillas de la ría de O Burgo, en A Coruña. En el último poblado chabolista que resiste en la ciudad. Al principio, estaba ahí de buena voluntad, echando una mano a su presunto secuestrador en la recopilación de leña y otros quehaceres propios de la vida entre chamizos. Lo hacía a cambio de casi nada, de un plato y un camastro. Pero luego ya no. Con los días se quiso ir, pero ya no pudo. No lo dejaron. Porque lo que quería el raptor era quedarse todos los meses con su pobre pensión, que apenas supera los 300 euros. Para ello era necesario tenerlo en casa, sin dejarlo salir. El tiempo que hiciera falta o hasta que se cansaran.
La liberación se produjo hace unos días, cuando secuestrador y secuestrado acudieron juntos a la Cruz Roja. Como la intención del detenido era cobrar la renta social del hombre y este necesitaba un papel que solo se lo podían dar en la Cruz Roja, lo cogió del brazo y allí se lo llevó, para solicitar el documento. De camino, el presunto secuestrador le exigió que no abriera la boca, que se limitara a pedir el papel, que lo cogiera, y punto. Pero el hombre no le hizo caso. Al verse en la institución que lo había cuidado tanto tiempo y tener delante a la persona que tanto se preocupó de él, le echó valor y lo contó.
En la Cruz Roja lo echaban de menos. Los voluntarios se preguntaban qué sería de ese usuario, que de un día para otro desapareció, cuando era un hombre que jamás faltaba, que siempre acudía puntual a las instalaciones para recibir ayuda. Así que cuando la voluntaria lo vio aparecer por la puerta corrió hacia él preocupada para preguntarle qué le había pasado. Como el hombre tenía al lado a su captor, calló. No dijo ni mu hasta que la responsable de Cruz Roja le pidió que pasara al despacho, según aparece en la denuncia policial. Quiso entrar el presunto secuestrador, pero le dijeron que esperara fuera. Así que el hombre entró solo y nada más sentarse relató su infierno. Contó que conoció a su captor en la calle y que lo había convencido para que fuera a vivir con él al poblado de la Conservera Celta. Lo engatusaron con un plato de comida en la mesa y una cama en la que dormir. A cambio, solo tenía que ayudarle a recopilar madera, a limpiar o con cualquier chapuza. Nada pasó en los primeros días. Pero de pronto, según el relato del indigente ante la policía, la actitud hacia él del secuestrador cambió. Ya no eran buenas palabras. Eran gritos. Y cuando le dijo que de continuar como un esclavo cogería sus cosas y regresaría a la Cruz Roja, fue cuando lo encerraron.
Al escuchar aquello, según describe la policía en el atestado, la responsable de Cruz Roja llamó de inmediato al 091 para denunciar lo que le acababan de contar. Allá fue un coche patrulla para entrevistarse con el hombre. Cuando llegaron los policías, el presunto raptor ya no estaba. al parecer, cuando no lo dejaron entrar en la oficina con su custodio, huyó del lugar temiendo que iba a hablar.
Pistola
Una vez que los investigadores escucharon todo por lo que había pasado el indigente, procedieron a la detención del secuestrador. Lo encontraron en su chabola de la Conservera Celta. «Cuando nos vio se puso pálido», desvelan fuentes policiales. Allí mismo negó haber tenido secuestrado a indigente alguno, que el hombre que había compartido chamizo con él no era más que un conocido al que dio cobijo sin nada a cambio. La policía entró en la chabola, la registró y, por si fuera poca carga la de ser llevado a comisaría como secuestrador, también hallaron una pistola.
Cuando los agentes se encontraban inspeccionando la zona, algo les llamó la atención en dos chabolas próximas. Se acercaron y se encontraron con la sorpresa de que había otros dos hombres cautivos. También indigentes.
El detenido fue puesto a disposición judicial y, pese a la postura del fiscal, que exigió su encarcelación, el juez lo dejó libre con cargos de detención ilegal, robo y tenencia ilícita de armas.
Un núcleo habitado por ambulantes, furtivos y chatarreros a orillas de la ría
El poblado de la Conservera Celta es el único núcleo chabolista que queda en la ciudad. Pero este no es como los demás. Tiene el mismo aspecto calamitoso que el resto, con chabolas asentadas en barro, pero sus habitantes se distinguen por tener a todos sus hijos escolarizados, ayudados por varias oenegés, y la mayoría se dedica a la venta ambulante y la chatarra. No hay droga ni nunca la hubo, como en la mayoría de los asentamientos chabolistas. Lo que sí hay son muchos furtivos que viven de esquilmar la ría de O Burgo. De hecho, en la Conservera Celta -se llama así por estar asentado en lo que en tiempos fueron las naves de una empresa pesquera- se producen muy a menudo importantes redadas contra el furtivismo.
Pero fuera de ahí, nunca fue un lugar problemático ni peligroso. Habitado en su mayoría por gitanos de origen portugués, en el 2006 el Ayuntamiento coruñés intentó derribar el poblado ayudando a los que allí vivían. Para ello entregó 12.000 euros a las familias que ocupaban las instalaciones de la vieja fábrica y en una semana regresaron. Peor aún: regresaron acompañados de familiares llegados de otros puntos de España e, incluso, Portugal. Para levantar chamizos alrededor de la vieja y ruinosa nave. Desde entonces, se han ido sumando familias y hoy son 57, según el censo de Servicios Sociales.


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