El pasado domingo en El Escorial (Madrid) tres becerros, cachorros de menos de dos años, fueron lidiados, torturados y asesinados por vecinos del pueblo, elegidos como matadores en una rifa entre los compradores de un boleto. Su falta de experiencia y su ansia de macabra diversión causó un sufrimiento atroz a los animales, que padecieron incluso la amputación de las orejas estando aún vivos.
Los activistas de Pacma que intentaron documentar la barbarie fueron
amenazados y necesitaron escolta de la Guardia Civil. Una de ellas vuelca en
este artículo sus sentimientos hacia “los miserables”.
El caballo de Nietzsche / Violeta B.
05/08/2014 - 20:06h
Los
"mozos" cortan una oreja a un becerro aún vivo, el pasado domingo en
El Escorial. Foto: Partido Animalista PACMA
Cada
verano el municipio de El Escorial celebra sus fiestas de "Mozos, casados,
solteros y viudos", con actividades de todo tipo y para todos los
públicos, incluidos niños. Y como es desgraciadamente habitual en España,
también en este caso el maltrato animal está incluido en el programa de
festejos. El sufrimiento de animales amparado en la tradición y en la diversión
es siempre deleznable, pero más aún cuando se trata de cachorros de menos de
dos años, que son sometidos a todo tipo de vejaciones y torturas por parte
de los “mozos” del pueblo, ávidos de sadismo y sin atisbo alguno de compasión o
empatía.
Después
de varios años de suspensión de la becerrada, este año el equipo de gobierno
municipal, del PP, desoyó las solicitudes formuladas por el Partido Animalista
(Pacma) para trasladar la opinión de las más de 14.000 personas que habían
pedido con su firma una nueva suspensión.
Quienes
rigen el Ayuntamiento de El Escorial no han querido escuchar esas voces ni
plantear alternativas de ocio éticas, más acordes al siglo XXI en un Estado
miembro de la Unión Europea, y han optado por seguir adelante con su bárbara
tradición.
Finalmente,
tres becerros, todos ellos menores de dos años, fueron lidiados por los vecinos
del pueblo, sometiéndolos a todas las suertes del toreo como hacen los llamados
“profesionales”, pero generando un sufrimiento aún más terrible. Ante la
presencia de niños y adolescentes, los inexpertos matadores repitieron sin
tino las estocadas, una y otra vez, hasta ir dando muerte a los animales, que, aún
agonizantes, sufrían la amputación de las orejas para servir de trofeo a
los “mozos”.
Activistas
de Pacma acudieron a la plaza para documentar y denunciar esta crueldad.
Detectada su presencia entre el escaso público, ya que no debía de haber más de
200 personas, las increpaciones y amenazas fueron subiendo de tono hasta
convertirse en agresividad, llegando al punto de requerir escolta de la Guardia
Civil para abandonar la plaza.
Los
activistas fueron objeto de escupitajos, cabezazos, lanzamiento de bebidas, e
incluso del impacto de la oreja de un becerro, que desde la arena
tiraron a sus pies al grito de “graba eso”. Mientras, desde la megafonía se
incitaba al público al insulto, la mofa y la carga contra los activistas, al
grito de “a por ellos, oe, a por ellos, oe”.
A pesar
de las dificultades, los activistas consiguieron documentar lo que sucedió en la plaza para
seguir defendiendo el respeto a la vida y a la integridad física de todos los
animales. “Seguiremos trabajando para que se imponga la cordura y cesen este
tipo de espectáculos, mantenidos a costa del erario público en detrimento de
partidas que podían destinarse a servicios sociales afectados en la actualidad
por los recortes achacados a la crisis económica”, aseguran los representantes
de Pacma.
Los miserables
Por Violeta B.
Vais de
fiesta con la alegría propia de quien celebra un domingo como si no hubiera
lunes. Subís la cuesta a la plaza cargados con la nevera, los niños, la abuela
y las flores, pensando en pasar una tarde divertida en familia. ¡Vivan los
santos patronos!
Arriba
os espera la arena ya limpia, el ruedo mitad sol mitad sombra, los músicos en
su sitio tronando charangas. ¡Viva la fiesta! ¡Vivan las reinas, el alcalde y
el juez! ¡Viva la Guardia Civil y la Presidencia!
Habéis
cogido el mejor sitio, culo sobre piedra, para ver a los valientes con los
huevos prietos bajo el pantalón, que salen a saludar con el orgullo de los
idiotas, haciendo alarde de no ser nada y ser los primeros y mejores en todo.
Casados,
solteros y viudos que dais risa con vuestro uniforme de gente de bien podrida
por dentro de puro aburrimiento entre copa y puro. La plaza es vuestra.
Vuestras mujeres os jalean, os tiran flores, ríen los niños, eructan los
abuelos que comieron demasiado.
Y sale
el becerro.
Aún no
ha cumplido dos años. Enfadado, asustado y desesperado, queriendo huir recorre
la arena hasta pararse frente al tendido de sombra.
¡Va por
ti, alcalde, que todo lo haces! ¡Va por ti que pusiste los fondos! ¡Va por ti
que nos dejaste un año más ser los más chulos, los más idiotas, los más
perfectos cabrones frente a un animal acorralado!
Suenan
redobles, retumba la plaza de pasodobles. Hay cerveza fresca, pipas,
bombón helado y vino. Que no quede la boca seca, que pase la saliva y se
lleve el miedo, el mal trago ante el escarnio público.
Ya
dobla el becerro las patas. Ya jadea cansado. Le falta aire en los pulmones, le
corre sangre bajo los pinchos clavados en la espalda. ¡Qué valiente eres,
soltero, casado y viudo! ¡Qué buen domingo nos estás dando! ¡Arrímate,
arrímate!
Abuela,
ese es tu nieto, madre, ese es tu hijo, hijo, ese es tu padre y el padre de tu
padre y el padre del padre de tu padre. Todos la misma testosterona inútil,
todos el aliento fétido del instinto ancestral que os obliga a enfrentaros a un
animal superior a vosotros.
Señala
el sol la muerte en la espada. ¡Mátalo, mátalo! Qué bien lo pasáis todos
juntos, todos brutos, todos uno como un pan rancio. ¡Mátalo, mátalo!
El
joven becerro mira exhausto con las últimas fuerzas. Brama ya sin aliento y
suena la música que lo silencia. Reís como los tramposos, se os afloja la
taleguilla antes abultada, cargada de excitación, y os dais por satisfechos.
Un año
más vuestra mísera existencia delante de un animal sin defensa, torturado y
herido hasta la muerte, demuestra que no valéis lo que cagáis. Pero ¡qué bonito
todo! ¡Cómo se divierte el estimado público! ¡Qué buena tarde de cobardes,
ignorantes y chulos!
Dais
palmas al aire. Se oscurece el cielo mientras arrastráis la muerte por la
arena. Nada os importa.
Los
miserables lleváis el corazón helado.
Fuente: www.eldiario.es

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