Los de Podemos
continúan catalogados como electores que caen con facilidad en las redes del
populismo y la demagogia y deciden ser guiados por la bilis y el cabreo
05/08/2014 - 19:57h
Resulta un tanto inquietante el
esfuerzo de los medios más tradicionales para presentar el éxito de Podemos
como un misterio y destapar el verdadero rostro de su votante. Tal y como lo
cuentan a veces parece que fueran a descubrirnos una cura contra el cáncer, un
escándalo sexual o una pieza clave de la trama Gürtel, la familia Pujol o el
cartel de Medellín.
Nos han suministrado ya tantos
perfiles del sujeto que uno empieza preguntarse si, cuando el hombre de
Atapuerca, las televisiones no emitirían ya especiales informativos intentando
explicar el fenómeno del votante del Podemos.
Primero eran jóvenes indignados
y antisistema. Al parecer, para mostrar con claridad su desapego hacia las
instituciones habían acudido a votar en masa en las europeas que, como todo el
mundo sabe, son una elecciones que movilizan mucho al electorado, sobre todo a
esos millones de jóvenes a quienes habitualmente suele resultar tan fácil convencer
para que acudan a las urnas.
Que fueran jóvenes parecía la
explicación perfecta para los guardianes del bipartidismo. Para acabar de
razonar por qué Podemos era un "accidente" que los grandes partidos
acabarían arreglando, se amplió el espectro de su votante a gente de extracción
humilde y golpeada por la crisis. Eso lo aclaraba todo. No se trataba del fin
del bipartidismo. Es que los votantes se habían equivocado y no habían votado
como debían. Su juventud, su mosqueo o su falta de formación habían permitido a
populistas y demagogos alimentar el engaño y alejarles de la seriedad, el rigor
y la honestidad que según ellos mismos representan las ofertas de los dos
grandes partidos.
Ahora dicen que el CIS ha
descubierto cómo entre los votantes de Podemos se da un poco de todo. Se trata
de un electorado transversal. Se nutre entre todas las cohortes de edad, entre
mujeres y de hombres, gente con trabajo y en paro y entre individuos con mucha,
bastante o poca formación. Son muchos y saben lo que votan. No son una
excepción. Son pura y simple normalidad democrática.
Pero los amantes del
bipartidismo nunca permiten que la realidad les estropeé una buena teoría. Así
que ellos siguen teniendo razón y los votantes se equivocan otra vez. Los de
Podemos continúan catalogados como electores que caen con facilidad en las
redes del populismo y la demagogia y deciden ser guiados por la bilis y el
cabreo. Antes o después se les pasará y volverán con papá y con mamá.... Y aún
se preguntan por qué cada vez más gente sale huyendo de los grandes partidos.
Es fácil. Por puro sentido común.
Fuente: www.eldiario.es

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