La financiación
finalista es la clave de cualquier solución porque si no se pone en marcha la
sanidad seguirá siendo la excusa de todas las CCAA para conseguir una
financiación que ellas mismas se encargan de despilfarrar...
nuevatribuna.es
| Marciano
Sánchez Bayle | 06 Agosto 2014 - 18:21 h.
En
el momento en que se esta debatiendo de nuevo la financiación de las CCAA,
conviene hacer una reflexión especifica sobre la financiación sanitaria por dos
motivos, porque es una de las partidas mas importantes de los presupuestos de
las CCAA alcanzando entre un 35 y un 45% de los presupuestos totales de estas
(de hecho es el que mas frecuentemente se invoca cuando se trata el tema de la
financiación) y porque tiene unas características que hacen que merezca un
tratamiento diferenciada.
Hemos pasado de 70.000
millones de euros de gasto sanitario liquidado en 2009 a unos presupuestos de
52.800 millones en 2014
Lo
primero que debe estar claro es que existe una crónica insuficiencia
financiera del sistema sanitario público, que se ha visto agravada con
los recortes presupuestarios desde 2009 (hemos pasado de 70.000 millones € de
gasto sanitario liquidado en 2009 a unos presupuestos de 52.800 millones en
2014), como es obvio los recortes han hecho mella en una situación preexistente
que tampoco era buena como se puede comprobar con las deudas de las CCAA a los
proveedores.
El
siguiente hecho a tener en cuenta es que el modelo actual de financiación de
las CCAA (con excepción de Navarra y País Vasco), vigente con pequeñas modificaciones
desde 2001, produce unas tremendas desigualdades en los presupuestos
sanitarios porque la financiación autonómica se produce en bloque (se
recibe dinero para todas las competencias transferidas) y es cada una de las
CCAA la que decide el destino final del dinero. Los hechos demuestran que
existe una gran variación en los presupuestos per capita destinados a sanidad
por cada una de ellas (en torno a los 500 € por habitante y año entre la que
mas destina y la que menos), diferencia que se ha mantenido pese a los recortes
lo que supone que aunque todas han recortado lo han venido haciendo en
proporción similar, porque un teórico efecto de los recortes podría haber sido
una disminución de las diferencias que no se ha producido.
El
resultado es que con unas diferencias tan importantes en la financiación los
servicios prestados finalmente no pueden tener la misma calidad y de ello
deriva un efecto de inequidad en el acceso a las prestaciones sanitarias (en
calidad y cantidad) según la comunidad autónoma en la que residan.
Otro
efecto colateral es el que tiene que ver con las denegaciones de asistencia a
ciudadanos con residencia en otra distinta a aquella en la que acuden a los
dispositivos sanitarios públicos, practica no por ilegal, ya que contraviene las
normativas vigentes, no es menos frecuente y provoca continuos problemas y todo
ello porque el Sistema Nacional de Salud carece de un fondo de compensación de
estas actividades asistenciales.
Ahora
precisamente porque esta en debate la financiación de las CCAA es un buen
momento para solucionar el problema de una vez por todas. En esta solución deberían de considerarse las
siguientes cuestiones.
- Financiación suficiente
para la Sanidad. Es un tema complejo porque definir con exactitud
cuales son las necesidades financieras del sistema sanitario es
complicado, habría que partir de un Plan Integrado de Salud (por cierto
que se probo hacerlo en la Ley General de Sanidad en 1986 sin que hasta
ahora se haya avanzado al respecto) que definiera necesidades y objetivos
de salud y los fondos precisos para conseguirlos
- Financiación finalista.
Si se quiere garantizar la eliminación o al menos la disminución
significativa de las desigualdades en los sistemas sanitarios es preciso
garantizar una financiación similar, no estrictamente igual porque hay
motivos diferenciadores (pirámide de población, dispersión, accesibilidad,
nivel socioeconómico, prevalencia de enfermedades, etc) que deben de
contemplarse. Hay una experiencia en el Reino Unido, la formula RAWP que
aunque pensada para ámbitos territoriales mas reducidos, demostró ser de
una gran utilidad y bastante flexible porque incorporaba sistemas de
evaluación y modificación.
- El establecimiento de un potente
sistema de compensación que asuma los costes de la asistencia recibida
en una comunidad autónoma distinta a la de la residencia habitual. Un
mecanismo que debe ser controlado por el Consejo Interterritorial del SNS
y que debe ser potente por la gran cantidad de información a evaluar,
lo que no esta claro es si va a precisar una gran dotación
económica, por supuesto que siempre mayor que la que disponen hoy los
fondos de cohesión, porque los desplazamientos de población se producen
prácticamente en todas direcciones y con cargas financieras muy distintas
(hay comunidades autónomas que tienen mucha sobrecarga en atención
primaria, otras en atención de problemas altamente especializados, etc).
En
resumen, estamos ante una buena oportunidad para resolver de manera definitiva
un problema antiguo que hasta ahora ha ido parcheándose de mala manera y que la
crisis hace inevitable afrontar. La financiación finalista es la clave de
cualquier solución porque si no se pone en marcha la sanidad seguirá siendo la
excusa de todas las CCAA para conseguir una financiación que ellas mismas se
encargan de despilfarrar en otras cosas, de ahí provienen los rechazos de las
CCAA a este sistema, olvidando que es el único con capacidad para garantizar la
protección de la salud para todas las personas en todo el territorio del país.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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