04jun 2014
Moncho Alpuente
“Si quieres tener un rey/ la baraja tiene
cuatro/ Rey de copas, rey de oros, rey de espadas y de bastos”. La vieja copla
que le cantaban al rey felón, Fernando VII, el “trágala”, resuena de
nuevo en las calles; las banderas de la República flamean en todas las
manifestaciones reivindicativas. La reinvención de la monarquía española se
hizo saltándose el orden dinástico, fundamento de la institución
monárquica. Franco dejó atado y amordazado el futuro con un rey amaestrado y
educado en la más rancia tradición de la ultraderecha nacional, un legado
inasumible, a la última y más longeva dictadura europea no le quedaba más
remedio que evolucionar hacia formas democráticas homologables con los países
de su entorno.
“El
rey acaba de comunicarme su voluntad de abdicar”. Mariano Rajoy comenzaba la
jornada mintiendo. La abdicación no era un secreto, ni para el gobierno ni para
la leal oposición socialista, a Cayo Lara no le comentaron nada para que no se
emocionara demasiado y pidiera antes de tiempo ese referéndum sobre la forma de
gobierno que ya está pidiendo. Referéndum que aplazó sine die el Partido
Comunista a cambio de su legalización. El Partido Socialista también tiene el
alma republicana, afirma en este día de conmoción un diputado del PSOE,
mientras el recién abdicado Rubalcaba expresa su gratitud al rey y su apoyo al
heredero. El alma republicana del PSOE sigue en su almario a buen recaudo por
si fuera imprescindible desempolvarla. Entre los múltiples y reiterativos
argumentos que vomita hoy la televisión destacan los que insisten en la formación
del príncipe Felipe, tres años de formación castrense, uno en cada academia
militar, una licenciatura en Derecho y un master de la Universidad de
Georgetown que años después contaría en su claustro con ese fino estadista que
es José María Aznar.
Comentarios,
debates, comparecencias, biografías hagiográficas, encuestas callejeras,
declaraciones políticas… seguir hoy la actualidad televisiva me incita a
abdicar del oficio de cronista. La TV es hoy una barahúnda reiterativa y
previsible en la que los halagos prevalecen sobre las críticas. La televisión,
salvo previsibles excepciones, corea cánticos de alabanza como si el rey
hubiera muerto, no abdicado. Otros son los cánticos de la calle, pero la mayor
parte de los canales de la TDT prestan más atención a los políticos, a los
contertulios y a los presuntos líderes de opinión, generalmente vendidos al
mejor postor, que a lo que pasa fuera de sus platós.
Las
manifestaciones por un referéndum que en su día nos fue escamoteado ponen fin a
una jornada exhaustiva para los periodistas. En la Puerta del Sol, donde
celebraron los madrileños el feliz advenimiento de la II República, nuevos y
viejos republicanos se manifestaron en libertad vigilada exigiendo un cambio de
régimen. Terminó la transición y no van a transigir más, termino la transacción
y ahora ya no tienen nada para negociar sino la vuelta de la destronada
república, no hay ruido se sables ni tricornios en el horizonte, no hay más
pactos como el que siguen invocando los leales socialistas de alma republicana
y cuerpo de político. Entre el aluvión de elogios superlativos, entre
despedidas emocionadas y nostalgias anticipadas e imposibles, escucho que las
bases socialistas son republicanas, pero la cúpula partidaria, es continuista,
oportunista y pactista y sigue creciendo la desafección ciudadana hacia todas
las instituciones del Estado, el Parlamento, la Judicatura y por supuesto la
Monarquía. Los partidos de la casta se encastillan, se enrocan y al pie de sus
murallas se acumulan los sitiadores, más numerosos que los defensores.
No
es momento de hacer un referéndum, dicen los defensores del castillo. En tiempo
de tribulación no deben hacerse mudanzas. De acuerdo, por el momento vayan
poniendo fecha para una consulta ya demasiado aplazada.
Fuente; www.publico.es

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