En busca de la democracia
La solución es la democracia real, la cual
sólo puede venir de abajo.
Artículos de
Opinión | José López | 01-01-2013 |
1) Un
gobierno que actúa contra el pueblo es ilegítimo
Un gobierno
que no es elegido por el pueblo es siempre ilegítimo. Pero un gobierno que es
elegido por el pueblo para, una vez alcanzado el poder, hacer lo contrario de
lo prometido, es también ilegítimo. El hecho de haber ganado unas elecciones no
le da derecho a hacer lo que le da la gana, no le da derecho a darle la espalda
al electorado que le votó. El pueblo, en estas condiciones, tiene perfecto
derecho a exigir su dimisión. El pueblo tiene derecho a que sus gobiernos
gobiernen de acuerdo con el mandato popular. Ésta es la esencia de la
democracia, de la soberanía popular. Hay que cambiar este sistema que permite
que los gobiernos, aun siendo elegidos por el pueblo, actúen en su contra
sistemáticamente.
2) No
tenemos una democracia real
La
democracia no consiste sólo en elegir a nuestros gobiernos. De nada sirve
elegirlos si luego no cumplen sus compromisos electorales. Un gobierno
democrático debe gobernar de acuerdo con el interés general, debe responder
ante el pueblo. No se trata de elegir a nuestros dictadores cada X años.
Actualmente, a la hora de votar, no tenemos mucho donde elegir, casi no podemos
escuchar a otras formaciones políticas, pues las mayoritarias acaparan los
grandes medios de comunicación, apenas nos explican los programas electorales,
nuestros votos no valen igual dependiendo de a qué partido se vote y desde qué
lugar se haga. Por si todo lo anterior fuera poco, nuestros votos son
simplemente cheques en blanco. El pueblo no tiene aún realmente el poder.
Por esto los ciudadanos de a pie nos sentimos impotentes. No nos
representan. Nosotros les votamos pero ellos actúan contra nosotros,
representan los intereses de ciertas élites. La democracia es el gobierno de la
mayoría respetando a las minorías, los derechos humanos de todos los
individuos. ¿Dónde está el gobierno de la mayoría? Lo llaman democracia y no
lo es. Esta “democracia” es una estafa.
3) Hay alternativas
Una mentira
repetida mil veces se convierte en verdad decía el ministro de propaganda de la
Alemania nazi. A base de repetirnos machaconamente en los grandes medios de
comunicación (controlados por personas con mucho dinero o por políticos a su
servicio) que no hay alternativas, mucha gente se cree esta mentira. El
pensamiento único es un claro síntoma de que vivimos en un sistema alejado de
la auténtica democracia. Como comprobamos cualquiera de nosotros en
nuestras experiencias vitales cotidianas, casi siempre hay alguna alternativa.
Basta con acceder a otra prensa, disponible en Internet, para descubrir que
existen alternativas, no sólo para salir de cualquier crisis, sino que también
para construir una sociedad distinta, más justa, más libre, más racional. Sin
embargo, mientras no tengamos un sistema realmente democrático, en el cual
exista una verdadera libertad de prensa, en el cual toda la prensa sea
independiente, informe y no manipule, dichas alternativas no podrán ser
conocidas por la mayoría de la población. Por ahora, sólo quienes tienen acceso
a Internet y conocen ciertas páginas, quienes con su iniciativa se atreven a
investigar, quienes tienen una rebeldía innata, pueden liberarse del
pensamiento único. La igualdad de oportunidades, entre las ideas, entre las
personas, es el ADN de la democracia. En la vida en sociedad la libertad no es
posible sin la igualdad en las relaciones sociales. Cuando todas las ideas
tengan las mismas opciones de ser conocidas, cuestionadas, probadas, es
cuando realmente podremos resolver los grandes problemas crónicos de nuestra
sociedad.
4) Otro
sistema es posible
Debemos cambiar
el sistema político para que los gobiernos gobiernen de manera diferente,
para que estén obligados a gobernar de acuerdo con el interés general, para que
respondan ante el pueblo. De un sistema podrido es muy difícil que surjan
gobiernos que no lo estén. La democracia representativa puede mejorar mucho si,
entre otras cosas, tenemos una ley electoral donde todos los votos
valgan igual, si los programas electorales son de obligado cumplimiento (mandato
imperativo), si los gobiernos pueden ser expulsados inmediatamente del
poder si el pueblo así lo desea (revocabilidad), si hay referendos
frecuentes y vinculantes, si los poderes son independientes entre sí
(sobre todo respecto del poder económico). No podemos esperar que un partido
político financiado por la gran banca o por el gran capital gobierne para
favorecer al pueblo, gobernará siempre para quienes le financian. Además de
todo esto, la democracia (realmente) representativa debe complementarse
con la democracia directa, la cual hay que priorizar siempre que sea
factible. Asimismo, hay que exportar la metodología democrática a la economía,
al centro de gravedad de la sociedad. Nuestra actual democracia puede y debe
ser regenerada. Y esto se hace a través de un proceso constituyente en
el que el pueblo toma la iniciativa para construir una nueva Constitución. El
pueblo tiene derecho a elegir su régimen político. La transición a la nueva
democracia debe hacerse con la máxima participación popular posible. No habrá
democracia real sin una transición real.
5) El pueblo
debe luchar
No podemos
esperar ingenuamente que los mismos que nos están hundiendo nos salven. La
democracia real no vendrá de arriba. Las élites que nos gobiernan necesitan
evitarla. Quienes se enriquecen a nuestra costa no quieren la democracia, no
desean la igualdad. Necesitan que nos creamos que tenemos una democracia para
que su dictadura camuflada continúe. Nos usan como marionetas para hacer con
nosotros lo que quieren. Sólo les interesa que votemos para legitimar su
dictadura disfrazada de democracia. Los hechos nos están demostrando con
contundencia que no tenemos una democracia y que seremos nosotros, los
ciudadanos corrientes, el pueblo, quienes deberemos luchar por ella. Ningún
derecho ha sido nunca regalado. La libertad nunca es concedida, es
conquistada. No sólo debemos luchar para no perder los derechos que tanto
costaron lograr en el pasado, debemos luchar también, sobre todo, para que
nunca puedan arrebatárnoslos, para no vivir bajo la amenaza permanente de la
involución. No sólo debemos luchar para no retroceder sino que también para
seguir avanzando. No dejemos que nos distraigan con cortinas de humo. De poco
sirve la soberanía nacional si no se ve acompañada de soberanía popular.
No perdamos de vista lo esencial. Debemos luchar por la democracia real, por el
poder del pueblo. La solución es la democracia. El pueblo debe asumir el
protagonismo de su destino. Del pueblo depende. Sólo el pueblo puede salvar al
pueblo.
6) ¿Qué
podemos hacer cada uno de nosotros?
En primer
lugar, informarnos mejor, practicar el pensamiento libre y crítico.
Debemos tener una mentalidad mucho más abierta. Es imprescindible que
diversifiquemos nuestras fuentes de información, que contrastemos
suficientemente, entre la prensa más conocida y la menos conocida, entre la
capitalista y la anticapitalista. Cuanto más contrastemos, mejor. Más Internet
y menos televisión. Concienciémonos y concienciemos a nuestro alrededor.
A nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestros vecinos, a nuestros
compañeros de trabajo,.. El boca a boca, tradicional y digital, es
imprescindible. Es posible y necesario un sistema mejor. La clave está en la
democracia, en desarrollarla. Salgamos a la calle para intentar cambiar
el sistema. Promocionemos libros, artículos, noticias, webs,... Usemos
las nuevas tecnologías para propagar ideas alternativas, para romper el nefasto
y artificial pensamiento único. Votemos responsablemente, con
coherencia, a aquellos partidos políticos que apuesten por hacer cambios
profundos, por regenerar la democracia. Demos oportunidad a otras
organizaciones. No olvidemos las traiciones. Por lo menos, dejemos de votar a
los partidos que sistemáticamente nos toman el pelo. Como mínimo, dejemos de
echar más leña al fuego, de realimentar al actual sistema. Hagamos las huelgas,
hablemos con nuestros compañeros de trabajo para unirnos. Seamos activos. Entre
todos podremos. Es una tarea de todos, menos de un 1%.
El sistema
hace al individuo, pero el individuo también contribuye a que el sistema sea de
tal o cual manera. Cada uno de nosotros tiene una parte de responsabilidad en
la situación general que tenemos. Si queremos cambiar las cosas debemos
cambiar radicalmente de actitud. Debemos despojarnos de la comodidad, de la
apatía, de la indiferencia, del conformismo, del derrotismo, del miedo, del
individualismo, del sectarismo. El sistema lo hacemos entre todos, depende
fundamentalmente de la manera de comportarse del conjunto de la
ciudadanía. Indudablemente, unos pocos (los políticos, los banqueros, los
grandes empresarios) tienen mucho más poder que el resto, pero si el pueblo se
une, esas minorías no tienen nada que hacer. Somos muchos más que ellos. El
pueblo unido jamás será vencido. Debemos luchar colectivamente, pero también
individualmente. Cada uno puede aportar su granito de arena, no debemos eludir
nuestra parte de responsabilidad en espera de esa necesaria unidad de acción.
Al mismo tiempo que trabajamos por unirnos, por organizarnos, por luchar de
manera colectiva, contribuyamos al cambio cada uno de nosotros en el día
a día. Cambiar la sociedad requiere un esfuerzo titánico, el cual debe ser
distribuido todo lo posible. No se trata de que unos pocos se esfuercen mucho
sino de que muchos se esfuercen un poco. Si sólo unos pocos llevan la batuta,
tarde o pronto, se agotarán, además de que los excesivos protagonismos
personales son siempre peligrosos para la causa democrática. ¡Sí se puede!
Otro mundo es posible y necesario. De ti y de mí depende.
29 de
diciembre de 2012

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