Los partidos
institucionales preparan la "Operación Lampedusa" para preservar el
dominio de los poderosos
Lunes, 2 de junio de 2014
La historia
frecuentemente nos depara reiteraciones sorprendentes. Una de ellas - en
este caso múltiple - se produjo este pasado lunes con la abdicación de Juan
Carlos Borbón en favor de su hijo Felipe. En efecto, como su
predecesor el dictador Francisco Franco, Juan Carlos I permaneció
también en la jefatura del Estado nada menos que 39 años. Pero no es
esta la única coincidencia que se produce en el ocaso de ambos regímenes
políticos. Veamos.
En el curso de
las casi cuatro décadas que duró su reinado, el descrédito y el rechazo de los
ciudadanos hacia el monarca ha llegado a ser tan intenso como el que sufrió el "Caudillo"
en los años que precedieron a su muerte. Es cierto que el rey no ha muerto en
la cama como el dictador pero, como ocurrió en el caso de este último, las
clases sociales dominantes se han apercibido a tiempo de que resulta
imprescindible cambiar algunas cosas para poder conservar lo esencial:
la continuidad de su control sobre el poder político y económico.
Como
sucedió cuando se produjo la muerte física del dictador en 1975, la muerte
política de Juan Carlos Borbón sobrevenida con su abdicación ha tenido
como corolario una intensa campaña de loas, elogios y postreros reconocimientos
a sus supuestos méritos históricos. De manera general, con repugnante
unanimidad los medios de comunicación de ahora, como los de entonces, han
eludido adentrarse en el análisis del estado de ruina moral en el que
encuentra el aparato institucional del sistema político nacido de la Constitución
monárquica de 1978. Como entonces, los patrones de la
comunicacion de hoy pagan con ello el régimen de monopolio y de
canonjías que han disfrutado durante casi cuarenta años.
Tal
y como sucedió a finales de la década de los años 70 del siglo pasado, los
partidos políticos se han puesto de acuerdo nuevamente en la preparación
de una "Transición" - la segunda - que hurte al pueblo español
la posibilidad de elegir cual es el régimen político que desea para el futuro.
Igual que ocurrió entonces, las cúpulas partidarias, ignorando incluso el
sentir de sus bases, preparan sigilosamente los planes para permitir la
continuidad del status quo.
En
1976-1978, las intrigas y maquinaciones fueron pergeñadas por los
representantes del aparato administrativo de la Dictadura y las
cúpulas de las organizaciones que decían representar al pueblo. Hoy, las
características de la conspiración no han variado sustancialmente. Los
herederos de la antigua dictadura renuevan sus negociaciones en el marco de
secretos cenáculos con quienes, a través de las organizaciones políticas
y sindicales, han usufructuado prebendas y privilegios durante las últimas
cuatro décadas.
Cuando en
1978 se aceptó la herencia impuesta por el dictador en forma de Constitución
monárquica tuvo lugar, sin duda, una enorme tragedia
histórica que acabó traicionando los deseos de millones y la
memoria de miles que dieron sus vidas en la lucha por las
libertades y el restablecimiento de la República. La "segunda
transición", inaugurada ahora con la abdicación del rey al que
pretende sustituir su vástago, es un grotesco remedo de aquella operación, con
el que se pretende obtener resultados similares a la primera. ¿Se repetirá de
nuevo aquella tragedia convertida ahora en una farsa?
Furnte: http://canarias-semanal.org/

No hay comentarios:
Publicar un comentario