Shangay Lily
19 junio 2014
Hoy podría haber sido un día histórico para la
democracia en el mundo. Hoy podría haber sido el día en el que tras casi 80
años de injurias a la república española se restaurase la memoria de todas las
personas que lucharon por la verdadera democracia, por cambiar el modelo social
que explota al pueblo. Y no sólo me refiero a las y los republicanos españoles,
sino a a los idealistas de brigadas internacionales o intelectuales que
supieron ver en la España republicana un punto crucial del cambio histórico que
debería venir tras la oleada de fascismo que sumió el mundo en un pozo de
sombras que perpetuaba el feudalismo y explotación de los pueblos a pesar del
naciente comunismo.
Pero
en lugar de desterrar la injusticia que se cometió con la República española y
los y las republicanas, hoy tenemos que ver la imposición del viejo orden, la
restauración de lo inviolable, sacrosanto, divino y espermatozoide. Gracias a
la imperdonable traición del PSOE que ha escupido a las y los socialistas
republicanos que murieron por sus ideales, se ha negado la voluntad del pueblo
y de la historia. Una historia que se carcajea del anacronismo que es un jefe
de gobierno impuesto por genes, sexo y orientación sexual (todo contradiciendo
los valores de esa Constitución que tanto han blandido los cobardes y serviles
para justificar su traición).
El
obsceno modo en que se ha blindado la ciudad de Madrid, muestra el atavismo que
este golpe de estado express, pergueñado por los partidos, la banca y las
oligarquías internacionales varias, supone para la historia del estado español.
Ante la corona todos los poderes fácticos han caído de rodillas y se han visto
obligados a quitarse las máscaras de “modernidad” o “democracia” que
normalmente llevan en el baile de máscaras que inició la Transición.
Con
esta imposición que ha negado un referéndum al pueblo, se restaura la indecente
inviolabilidad del rey en un estado de derecho que proclama que todos los
españoles son iguales ante la ley. Y las carcajadas de los que ven que el
emperador va desnudo atronan el paso de esa comitiva real que más bien
pareciera un cortejo fúnebre a juzgar por las escenas de desolación y desapego
que se están viendo esta mañana en la Gran Vía madrileña. Desierta de un pueblo
que da la espalda a quien antes ya le había dado la espalda repitiendo una
pantomima de democracia cuando impone una dictadura con ribetes de
sainete bananero.
Han
convertido Sol en un especie de parking de la policía en un despliegue de
fuerza bruta que nos recuerda que tras el marketing se esconde una dictadura
teatral. Nunca se había visto una aniquilación del símbolo de los movimientos
sociales, de la libertad ciudadana, como hoy se ha hecho sin contemplación ni
disculpas. La calle es mía, que diría el fascista asesino de Fraga para luego
hablar de democracia.

El gasto en medidas de seguridad (opresión, las llamaría yo) han sido obscenas en medio de una crisis (que es una estafa). Ayer mismo intenté acercarme al palacio real con un número de la revista Mongolia que advierte en portada que Felipe podrá violarte a partir de su coronación y no ser condenado (o asesinarte, ya que estamos) en aras del artículo 56.3 que declara al rey inviolable e inimputable de cualquier delito. Un delirio en un estado democrático que se dice igualitario.

El gasto en medidas de seguridad (opresión, las llamaría yo) han sido obscenas en medio de una crisis (que es una estafa). Ayer mismo intenté acercarme al palacio real con un número de la revista Mongolia que advierte en portada que Felipe podrá violarte a partir de su coronación y no ser condenado (o asesinarte, ya que estamos) en aras del artículo 56.3 que declara al rey inviolable e inimputable de cualquier delito. Un delirio en un estado democrático que se dice igualitario.
Lo
más cerca que llegué a algún monumento real fue al de la infanta Isabel “La
Chata” en el parque del Oeste. Mientras posaba con la portada, se me acercaron
unos turistas, que se identificaron como guatemaltecos, a preguntar qué era eso
de que Felipe podía violarnos o que si es que en España a la familia real la
llamábamos Mongolia, al no conocer la cabecera humorística. Cuando les expliqué
el artículo 56.3 estaban tan escandalizados como atónitos (aunque corrieron a
hacerse fotos con “La Chata”).
Pero
de todo este penoso episodio de coronación express impuesta lo más triste no ha
sido esa evidencia de que la monarquía está impuesta por una dictadura que ha
heredado mandos de la que impuso a su predecesor, sino de la invisibilización,
criminalización y negación de la República como modelo de gobierno que trajo
tantos avances a España. De repente, entre tanto discurso politólogamente
modelado, biselado a golpe de marketing fraudulento, estafadoramente mentiroso,
no sea politicamente correcto reivindicar la memoria de las y los represaliados
por defender un estado más avanzado, más humano, más democrático, como fue la
II República. Cuando estuve en La Tuerka tuve que escuchar que no es
conveniente hablar de la II República porque falló y hay que vender la
república como algo nuevo, distinto, casi innombrable. Me pareció repugnante
volver a abandonar en las cunetas del olvido a esas personas nobles, generosas,
avanzadas que lucharon hasta la muerte por defender la república. ¿Han hecho
las nuevas generaciones algo que se pueda medir en grandeza a ese sacrificio
acallado por las oligarquias mundiales? ¿La memoria de esos hombres y mujeres
que gritaron desesperados ante las tapias “que mi nombre no se borre de la
historia” son ahora víctima de los cálculos electoralistas? Vuelven a ser
apestados a pesar de haber traído a España unos avances sociales sin
precedentes.
Es
muy doloroso ver cómo hasta la izquierda, salvo IU, se ha separado de la II
República como si fuese un apestado. Ver a las nuevas generaciones hacer
malabares para evitar que se les asocie con los republicanos que lucharon por
su libertad es triste y doloroso. La República se ha vuelto innombrable. Y si
se menciona es para criminalizarla desde la derecha, con el silencio cómplice
de la izquierda (repito, salvo IU). Estamos en un sociedad de coronas
inviolables y repúblicas innombrables.
Recordar
este día a personas como mi admirada amiga Inés García
Holgado que desde Argentina mantiene, junto a
un grupo de valientes, la lucha por recuperar la memoria de las y los
republicanos represaliados, da pena, mucha pena.
pero por muy políticamente incorrecto que sea, por muy
“antiguo” que quieran hacerlo parecer (otra estrategia invisibilizadora), grito
y gritaré este día un orgulloso ¡Viva la República! ¡Hermanas y hermanos
republicanos que sacrificásteis vuestra vida, vuestro exilio, vuestra
mazmorra,, por un mundo mejor, un mundo de Repúblicas libertarias, no os
olvidamos!
Fuente: www.publico.es

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