Un año de mentiras, de paro y desahucios
Artículos de
Opinión | Juan Torres López | 01-01-2013 |
No ha tenido
que pasar mucho tiempo para que el gobierno de Mariano Rajoy muestre una vez
más que el Partido Popular, como ya ocurriera con Aznar, no sabe llegar al
poder o mantenerse en él sin mentir constantemente. Lo hizo cuando Rajoy
propugnaba medidas en la oposición para criticar a Zapatero que sabía
perfectamente que no podría cumplir cuando gobernase. Y no ha dejado de mentir
desde que ha llegado a la Moncloa para ocultar los verdaderos motivos de lo que
está haciendo.
Como
demostramos Vicenç Navarro, Alberto Garzón y yo en nuestro libro Lo que
España necesita. Una réplica con propuestas alternativas a la política de
recortes del PP (Editorial Deusto, 2012), Rajoy se ha tragado todas sus
antiguas propuestas y críticas. En lugar de hacer lo que decía que haría, ha
subido impuestos, ha recortado pensiones y servicios públicos esenciales, y
lejos de aplicar lo que él llamaba la política “que Dios manda”, no ha hecho
otra que la que le han mandado hacer los mismos de siempre.
Además,
Rajoy y sus ministros han mentido constantemente cuando llamaban de una manera
a lo que es otra, y cuando decían perseguir objetivos que es imposible alcanzar
con las medidas que ponían en marcha. Han dejado escapar a los evasores
fiscales diciendo que luchan contra el fraude y llamando gravamen de activos
ocultos a una vergonzosa amnistía fiscal, han subido impuestos diciendo que lo
que establecían era un “recargo temporal de la solidaridad”, aumentaron el IVA
diciendo que no se trataba de subirlo sino de “cambiar la ponderación de los
impuestos para favorecer el crecimiento”, o imponen copagos diciendo que se
trata de aumentar la corresponsabilidad.
Al mismo
tiempo, han seguido utilizando una retórica falsa para disimular ante la gente
normal y corriente la naturaleza real de lo que vienen haciendo. Han seguido
afirmando que eran solo las cajas de ahorros las que tenían problemas para así
hundirlas definitivamente y poder entregarles en bandeja a los bancos el
mercado que habían ocupado en los últimos años; han proyectado reformas
financieras diciendo siempre que las hacían para que volviese a fluir el
crédito, cuando era evidente que así no se iba a conseguir porque solo se
estaba tratando de proteger aún más a las grandes entidades. Han creado un
llamado banco malo pero no para regenerar el sector inmobiliario y poder
impulsar otra política de vivienda, sino también para que los contribuyentes
paguemos la irresponsable política crediticia de los bancos. Y, por supuesto,
han hecho todo ello sin mostrarle claramente a la ciudadanía la factura
tremenda que han supuesto todas esas ayudas a los privilegiados. Han hecho una
reforma laboral solo para dar más poder al gran empresariado diciendo que se
hacía porque así se crearía empleo, cuando era imposible que eso se pudiese
conseguir de ese modo, como perfectamente han demostrado los hechos que tratan
de silenciar.
El gobierno
de Rajoy se empeña en sostener la gran mentira que supone afirmar que realiza
una política de austeridad que puede llevar a resolver el problema de la deuda
y generar más actividad cuando la realidad es que así solo se consigue
debilitar los servicios públicos para facilitar más tarde su privatización.
Nada se va a ahorrar con esos recortes. Sabemos a ciencia cierta que provocarán
una subsiguiente caída de la actividad que disminuirá aún más los ingresos y
que, cuando se privaticen, los servicios serán más caros no solo para los
usuarios sino para las administraciones públicas, tal y como ya ha ocurrido en
otros países. Ni tampoco se va a conseguir que disminuya la deuda desmantelando
las fuentes de generación de ingresos, no ya a medio y largo plazo sino incluso
a corto, porque la deuda sube como la espuma por la suma ingente de intereses
que van a la banca privada y por la caída de ingresos, y no solo porque haya
más gastos corrientes.
En este año
de continuas políticas de recortes constantes no solo se han cercenando
derechos sociales y personales. Con ellas, a Rajoy le cabe el triste mérito de
haber llevado a España a ser la sociedad más desigual de la eurozona,
demostrando así que el resultado efectivo de sus políticas no es otro que
devolver a los grupos oligárquicos los pocos privilegios conseguidos en el
franquismo que habían perdido en la etapa democrática.
Con el
incremento tan extraordinario de la desigualdad que se viene produciendo va de
la mano una caída en el ingreso y en el consumo de la inmensa mayoría de la
sociedad que produce también el debilitamiento constante de la demanda y el
mercado interno que alimentan a las pequeñas y medianas empresas que son las
que crean la inmensa mayoría del empleo en España. La terrible tragedia es que
el gobierno ayuda con docenas de miles de millones de euros a los bancos y
grandes empresas que destruyen empleo mientras que destruye las bases para que
lo puedan crear las más cercanas al terreno productivo. Ver para creer: el
gobierno de extrema derecha de Rajoy y la gran patronal, de la mano a la hora
de promover reformas y políticas de austeridad, se han convertido en los
grandes destructores de empresas y de capacidad de crear empleo.
Si el
gobierno de Rajoy no cambia urgentemente de políticas en la línea que hemos
propuestos en otros textos, el paro llegará a niveles desorbitados en los
próximos meses y la economía, lejos de recuperarse como dicen sus ministros sin
el más mínimo fundamento, se hundirá cada vez más.
Es verdad
que la táctica de meter la cabeza debajo del suelo y de engañar a tirios y
troyanos de Rajoy al menos ha dado como resultado positivo que España no haya
sido intervenida completamente y que solo se haya producido la menos mala
vinculada al rescate de la banca. Pero es muy difícil creer que eso será
suficiente y que bastará con que Rajoy se siga limitando a dar el esquinazo a
Europa, sin enfrentarse decididamente a las imposiciones alemanas que crean más
problemas que los que resuelven.
Hace falta
más inteligencia y más patriotismo para resolver los problemas económicos que
tenemos sobre la mesa. Y muchas menos mentiras, además de mucha más solidaridad
y sensibilidad hacia los que sufren en mayor medida los daños de la crisis.
El Partido Popular
y el gobierno de Rajoy lleva un año haciendo frente a la crisis con el grito de
guerra que una diputada indiscreta proclamó sin disimulo: “¡que se jodan!”. Y
el momento en el que estamos es el de decidir si creemos que esta es una forma
efectiva y ética de salir del agujero en donde estamos o si queremos acabar ya
con la traición y la torpeza de nuestros gobernantes.
España tiene
que plantearse otros asuntos de fondo de los que el gobierno de Rajoy no quiere
oír ni hablar. Es preciso poner sobre la mesa que no se puede seguir pagando
una deuda que es un negocio ilegítimo de una minoría, que hay que acordar otro
modo de repartir los costes y los beneficios que se han generado en nuestra
economía, y que hay que tener una actitud muy diferente ante el drama que ha
ocasionado la conducta irresponsable de los banqueros.

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