Martes, 22 de julio de 2014
Adolf Hitler, sin duda uno de los personajes más nefastos que ha tenido
la humanidad, llegó al poder, siendo un antidemócrata convencido, por artimañas
democráticas y, una vez en él, se cargó la democracia. El FIS, un
movimiento islamista radical, ganó las elecciones democráticas en Argelia por
mayoría, y en su programa estaba la derogación de la democracia y la
instauración de la sharia; un golpe de estado del ejército no
reconoció el resultado democrático, que era un cheque en blanco para que los
antidemócratas abolieran la democracia, ¡vaya paradoja!, y el país se sumió en
una de las guerras civiles más sanguinarias del pasado siglo, laboratorio de
pruebas, junto a Afganistán, de todos los grupos radicales y violentos que han
salido al socaire de enarbolar el Corán y dar un giro histórico hacia el pasado
más oscurantista.
Si se cree el partido en el poder que la mayoría absoluta le da licencia
para deteriorar, aún más, el sistema democrático español, cuya injusta ley
electoral aún sigue vigente con la única razón de primar el decadente
bipartidismo, está profundamente equivocado. Bien hará, si se atreve a ello,
con terminar con los más de 10.000 aforados, una auténtica vergüenza
comparativa con otros países europeos que no los tienen, 10.001 si sumamos uno
nuevo, el ciudadano Juan Carlos de Borbón; pero mal si persiste en su idea de
que sea alcalde el más votado en las elecciones municipales, una trampa que ya
han visto todos los partidos políticos y de la que han tomado nota. Que no se
me malinterprete. Rajoy no es Adolf Hitler, sino un apacible registrador de la
propiedad que ahora es presidente del gobierno y lidera el PP, ni
tampoco un líder radical musulmán que vaya a implantar la sharia,
pero permítaseme un chiste visual malvado: si le ponen un turbante es idéntico
al número 1 de Al Qaeda, el egipcio Aymán al Zawahirí. La CIA
convirtió a Gaspar Llamazares en el desaparecido Osama Bin Laden, y no sé si
bromeaban. Pero, comparaciones odiosas al margen, y chistes aparte, lo que
intenta hacer el PP con su cacareada ley de regeneración
democrática es un chanchullo profundamente antidemocrático. Y para aliñar la
ensalada de recortes democráticos, aparece la iglesia llamando a los sables a
recuperar la España franquista en la que tanto mandaban.
Las últimas elecciones europeas, con un salto cualitativo del voto de la
izquierda y un claro toque de atención al sacrosanto bipartidismo, ha puesto
al PP, que no parece dispuesto a renovar su anquilosada dirección
por una nueva como está haciendo a toda prisa el PSOE, contra las
cuerdas. Extrapolando los resultados de las europeas, el PP ve
peligrar el 90% de las alcaldías que detenta en la actualidad, Madrid y
Valencia incluidas, buques insignias de su poder municipal, y de seguir así
perder la mayoría absoluta en las generales.
Cambiar las leyes del juego para seguir ostentando el poder municipal es
un fraude a la democracia. Pretender que el actual sistema prima a los
perdedores, a la coalición de perdedores como gráficamente ha
dicho, es una sandez. Si en unas elecciones municipales a una ciudad el PP obtiene
el 40% de los votos, porque salvo en Navarra con UPN y en
Asturias con FAC, no tiene competencia por la derecha, y el resto
de partidos de izquierda obtiene el 60% de los votos, llámense PSOE,
IU o la emergente Podemos, está meridianamente claro que
los ciudadanos de ese municipio no quieren un alcalde del PP aunque
haya sido el más votado.
Negar las coaliciones para gobernar es negar una de las esencias del sistema,
la política de pactos en torno a un programa común, y el partido en el
gobierno, que ahora detenta un poder municipal omnímodo, lo sabe bien. En
Castilla La Mancha es el partido que más pacta para llegar a la alcaldía.
Además, un alcalde del PP puesto en esas condiciones no
resistiría el primer pleno con una oposición que lo tumbaría, a no ser que
también se carguen las mociones de censura y las competencias de los plenos,
que quizá también esté en sus planes. Así es que espero que esa chapuza antidemocrática
que pretende imponer, como otras muchas chapuzas que está llevando a cabo este
gobierno, que intenta por todos los medios perpetuarse en el poder y cambia a
su antojo las reglas del juego, no se lleve a cabo.
A esta propuesta del PP no le faltan admiradores. Esto es lo que sostiene
Falange en un reciente comunicado:
FE de las JONS por la elección directa del alcalde
Falange Española de las JONS defiende la elección
directa del alcalde al margen de su afiliación política. Esto significa que
cualquier persona que ha trabajado notablemente por el pueblo a través de
cauces no partidistas, como el asociacionismo, aportando un beneficio a sus
vecinos, pueda presentarse en solitario incluso, y ser elegido por sus vecinos,
sin necesidad de estar mediatizado por ningún partido. Es el modelo que siempre
hemos defendido los falangistas, y que en Alemania se viene utilizando desde
los años noventa, rompiendo con el monopolio de los grandes partidos en favor
de personas activas dentro de la comunidad vecinal.
Si lo ha hecho tan bien en todos los ámbitos políticos no tendría
el PP que tener terror ni de las urnas ni de las coaliciones.

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