Necesitamos
una monja famosa que salga por la radio y la tele para que nos asamblearice de
una puta vez y la izquierda gane. Una sorpresa es lo que queremos. Más que un
milagro. Si no esto va a ser el pacto de los montes.
nuevatribuna.es
| Manuel Por Manuel Alcaraz | 04 Septiembre 2014 - 22:38 h.
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| Foto: Prudencio Morales |
1.- He leído unas declaraciones del
dirigente de Podemos en que afirma que en España hay una “pulsión de
cambio” similar a la que se percibía en 1982, justo antes de la victoria de Felipe
González: quizá por eso su Alfonso Guerra particular se
enzarzó en una polémica esperpéntica con el Alfonso Guerra de toda la
vida; Dios se lo perdone a todos los regeneracionistas. A lo que vamos: creo
que el Gran Timonel de Podemos tiene razón en parte. Y más que tendría si
culminara la argumentación recordando que en 1982 el PSOE obtuvo un 48% de
votos (con una participación del 80%). El PSOE solo, insisto. Como ahora no se
dan las circunstancias –digamos que el pulso de la pulsión es más débil y el PP
sería el más votado- haría falta el acuerdo de todas las izquierdas españolas
que, casualmente, según las últimas encuestas reuniría un 48% de votos. La
única estrategia que le queda a Podemos para su proyecto de hacerse con el
poder es el bienaventurado sorpasso destruyendo de paso a IU. Es decir: Podemos
tendrá que contribuir decisivamente a la reconstrucción del bipartidismo, tan
odiado, sólo que siendo ellos la fuerza hegemónica: el PSOE de este siglo con
el apoyo del PSOE-Histórico. Están en su derecho, faltaría más, y muchos
votantes pueden y deben votarle, al fin y al cabo hubo millones que en el 82
votaron al PSOE creyéndose lo del empleo y la OTAN. Y luego hubo que inventar
IU. Último matiz: gobernar la pluralidad de la izquierda y, a la vez, gobernar
un país devastado por la crisis tiene sus problemas específicos que requeriría
de promesas y compromisos específicos. La conclusión de todo ello es que
Podemos “es” una paradoja esencial: para alcanzar sus objetivos tiene que
disolverse: no alcanzar poder corruptor, no decir verdades que puedan revelarse
mentiras, no jugar al bipartidismo, no ser hegemónico en los movimientos
unitarios. ¿Y Podemos en el País Valenciano?: la clave de su éxito es su
inexistencia; así que, mientras puedan, no existirán. Decía Walter Benjamin:
“Sumar a la revolución las fuerzas de la embriaguez: en torno a esto gira el
surrealismo”. Y ahí estamos: esperando una revolución muy pendiente,
borrachos de irrealidad.
2.- IU se ha sumido en el dolor de la
injusticia con la que le está tratando el mundo y la Historia. Al parecer, de
mayores quieren ser Podemos, pero como son mucho más mayores que Podemos, han
acabado por hacer un lío a sus electores (im)potenciales. Su estrategia
pactista consiste exactamente en llevar a la práctica el proyecto teórico de
Podemos, pero como va a ser esencial el número de candidaturas municipales eso
significa el suicidio. O/y ser la mascota de Podemos, el querido, humilde,
listo, viejo topo que, agazapado en el “proceso constituyente” –signifique ello
lo que signifique-, acabe por ser la vanguardia del proletariado que mueve los
hilos según un dictamen histórico inescrutable. Como hay poco proletariado será
de “la multitud”, “la gente” o cualquier otra definición cargada de densidad
filosófica. Y para empezar ya van lanzando reuniones para organizar futuras
asambleas, no vaya a ser cosa que no sean suficientemente espontáneas: la
espontaneidad de las masas es lo que de verdad aterroriza a la clase dominante,
todo el mundo lo sabe.
3.-
Compromís, coalición
en la que milito, según creo se va a pronunciar próximamente sobre estas cosas.
Nadie sabe cómo, cuándo ni en qué sentido. Rómulo y Remo avisan que hay que
estar preparados. Yo estoy preparado, mucho. Y el pueblo valenciano espera
fervientemente a Compromís, mucho, vibra cada noche pensando en el Reglamento
de sus Primarias y está convencido de que alguna vez hará una propuesta
positiva sobre alguna cuestión de interés. Eso sí: sigue soñando con un
sorpasso para el que ya no sabe con qué aliados puede contar. ¡Qué lejos la
primavera valenciana! (No parece que sea cierto que se vaya a editar una
camiseta que proclame: “¡No te vayas, Cotino!”).
4.- Y luego está el PSOE, al
parecer. Su posición, incómoda, como lo viene siendo, podríamos definirla como
firme en los principios, movediza en los finales, flexible en las ideas, activa
en la inacción, meliflua en las redes, enredada en los objetivos, solitaria en
su navegar, deprimida en su conciencia de soledad. Suele hablar consigo mismo,
pero uno de los dos acostumbra a hacer ostentación de sordera. A mi modo de ver
está a punto de dar-se el sorpasso, aunque es improbable que lo notara. Pronto
empezarán a rifarse cargos y quimeras. Nadie sabe cuál es su política de
no-alianzas y todo el mundo sabe que sin alianzas estará más perdido que el
PSOE en los últimos 20 años. Y se enfada, con cierto encono, cuando mira las
encuestas y sabe que están equivocadas, que ellos solos pueden, que, siendo
como son una izquierda unida, podemos adquirir el compromiso de barrer a la
derecha, y tú más, malos.
5.- Necesitamos una monja famosa que
salga por la radio y la tele para que nos asamblearice de una puta vez y la
izquierda gane. Una sorpasso es lo que queremos. Más que un milagro. Si no esto
va a ser el pacto de los montes.
6.- Los acuerdos no son para ganar, sino
para gobernar. Es la diferencia entre masturbarse o hacer el amor: lo primero
no está mal, pero con lo segundo conoces gente. Claro, que otra cosa es
permanecer puros, no contaminados por ideas propias ni ajenas. O sea: limpios
de polvo y paja.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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