LA REGIÓN SE HUNDE
Artículos de
Opinión | Diego Jiménez García | 07-11-2012 |
Quién nos
iba a decir, hace unos pocos años, cuando el Gobierno regional de Murcia se
enorgullecía del crecimiento anual del PIB por encima del 3%, que hoy nos
encontraríamos en la situación en la que estamos. Porque es evidente que la
gente lo está pasando mal, muy mal. Tan mal que sólo el colchón amortiguador de
la familia viene retardando el estallido de un conflicto social. El declive
económico (el propio consejero de Economía, Juan Bernal, admite que el
decrecimiento para el 2013 va a ser del 0,5 % del PIB regional) y el deterioro
de los parámetros que miden el bienestar social es de tal dimensión que resulta
sorprendente la pasividad y atonía de un importante sector de la población a la
hora de plantar cara y exigir respuestas contundentes a los responsables del
desaguisado en que nos han metido. Pareciera que vuelve a reeditarse aquella
Murcia decimonónica del régimen de la Restauración, en que campaban a sus
anchas terratenientes y caciques. Hoy, en pleno siglo XXI, la sociedad
murciana, víctima de un evidente déficit democrático, secuestrada y amordazada
en virtud de la mayoría aplastante que posee el Partido Popular desde hace unos
años, parece no haber abandonado esa secular sumisión a los que mandan.
En efecto,
sorprende que en una Región en que languidecen en los despachos judiciales
indicios que imputan nada menos que a diecinueve alcaldes por delitos
urbanísticos la exigencia social de responsabilidades políticas y penales casi
brille por su ausencia. Como preocupante resulta la escasa respuesta solidaria
de los bancos y de las instituciones a la situación a la que continuamente se
ven abocadas cientos de familias desahuciadas de sus viviendas en virtud de
expedientes redactados desde los despachos de banqueros sin escrúpulos. Sólo la
perseverante y tenaz labor de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas
(PHA) ha logrado mitigar, en parte, este drama atroz que amenaza con cebarse
cada vez con más personas. Y, en ese sentido, la marcha contra el paro, los
recortes sociales y la precariedad, convocada por la PHA y el Foro Social en
varios municipios de la Región entre los días 5 y 11 del presente mes, se me
antoja totalmente oportuna, por necesaria.
Porque, en
nuestra Región de Murcia la pobreza avanza imparable, afectando a un 30,9 %, es
decir, a cerca de medio millón de personas, según datos de Eurostat. Pero el
Gobierno regional no reacciona con la puesta en marcha de un plan de choque.
Choca ver a un presidente regional, absentista, paseándose por los despachos de
Bruselas, mientras un importante sector de la población asiste impotente, día a
día, a la merma de sus posibilidades de mera supervivencia. Como resulta
preocupante que, aparentemente, a ninguno de los consejeros regionales parezca quitarle
el sueño que el paro en la Región pueda dispararse hasta el 30% a corto plazo.
Frente a esto, el Gobierno regional responde con la disminución de las partidas
presupuestarias destinadas al Servicio de Empleo y Formación en un 45%, recorte
que se suma a los que afectan a Sanidad, Educación, Dependencia…
Frente a tal
estado de cosas, no hay síntomas de que desde las altas instancias del poder
político y de los sectores empresariales se reaccione. Todo se fía a proyectos
faraónicos y megalómanos de difícil ejecución y de dudosa rentabilidad social:
el macropuerto de contenedores de El Gorguel; la Paramount; la insistencia en
convertir Cabo Cope en una marina destinada al fracaso (como en Castellón); el
aeropuerto de Corvera, presumiblemente inviable (como el de Castellón), cuando
ya teníamos plenamente operativo el de San Javier…
La situación
sabemos que es grave. Muy grave. A ella han contribuido desde los bancos
alemanes que financiaron la burbuja inmobiliaria en la Región, pasando por Angela
Merkel que impone condiciones al gobierno central para recuperar esos
créditos, y, desde luego, las draconianas medidas de ajuste de los gobiernos de
Rajoy y Valcárcel. Y, en ese sentido, contra quienes tratan de
recortar derechos, penalizar la disidencia y retrotraernos, con ello, a
periodos aciagos de nuestra historia más reciente, creo que la próxima huelga
general del 14 de noviembre -por primera vez simultánea en varios países
europeos del área mediterránea-, en la medida que es la expresión del cabreo y
la desesperación de la ciudadanía, merecería tener en Murcia un seguimiento
masivo. Porque quienes nos gobiernan han de oír el clamor de la calle, el grito
desesperado de una población que no se resigna a ver cómo se hunde la Región,
sin atisbar en el horizonte un futuro inmediato para las nuevas generaciones.
Fuente: http://tercerainformacion.es/

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