LEJOS DE NOSOTROS LA FUNESTA MANÍA DE
PENSAR
Artículos de
Opinión | Ángel de la Cruz | 01-11-2012 |
Es
importante que un dirigente de una organización sepa de lo que habla,
independientemente del carácter de ésta. Los tertulianos de radio, prensa o
barra de bar no suelen tener la más mínima idea de lo que hablan, pero se lo
pueden permitir, cosa que, a mi juicio, un dirigente no. Hay un término que se
empezó a utilizar hace casi doscientos años: deontología. Es algo así como el
conjunto de deberes y normas éticas que deben acompañarnos especialmente cuando
realizamos una acción o tarea de manera ’profesional’. Esa deontología es,
junto a una digna capacidad intelectual, lo que, según mi opinión, diferencia a
un dirigente de una piltrafa con traje.
Se habla
mucho de subdesarrollo económico pero nunca oímos hablar de subdesarrollo
político. Miren el panorama de nuestro país. El Presidente del Gobierno es el
autor de "los hilitos de plastina", el Jefe del Estado del "no
volverá a ocurrir". Es un claro reflejo del déficit político/cultural que sufrimos
desde hace siglos. Cuando en los países de al lado venía la Reforma en España
venía la Contrarreforma. Somos un pueblo que ha gritado "vivan las
cadenas" y "muera la inteligencia". Somos el país que Carande
describió como "demasiados retrocesos". Y claro, eso se paga. El
cáncer de la incultura política se propaga como una metástasis desde las altas
instancias del Estado hasta el pueblo llano pasando por tertulias de
televisión, periódicos e intervenciones políticas y sindicales.
Esta falta
de respuestas paraliza a toda una sociedad que lo que realmente le pasa es que
no sabe lo que le pasa. Está harta, sabe que algo va mal pero ese descontento
lejos de provocarle una sensación de rebeldía le bloquea y le hace caer en la
reacción. Todos los políticos son iguales. La culpa es del de al lado, es
decir, del fontanero que no hace facturas, del inmigrante y del vecino que ha
vivido por encima de sus posibilidades porque tiene dos coches. Es justamente
en estos tiempos de crisis, aprovechándose de la confusión y la falta de
perspectiva de la izquierda, cuando surge el populismo (que per se no es malo)
de derechas o bien de extrema derecha. No necesariamente llegará la Revolución
en callejones sin salida; en Rusia sí, pero en Alemania llegó Hitler y en España
llegó Rosa Díez.
El panorama
español es desolador. Uno enciende la tele y lo mismo escucha a un tertuliano
preguntándose por qué ha bajado el consumo con la subida del IVA o al
representante de un sindicato diciendo que no respalda una huelga porque se trata
de una huelga política. Verán, yo creo lo siguiente: sin un pueblo bien
informado y bien formado, dispuesto a participar de los acontecimientos
políticos, no hay democracia, hay otra cosa. Partiendo de este axioma, creo lo
siguiente: la falta de información y formación es el resultado estratégico de
la clase dominante para poder presentar sus intereses como los intereses
generales de todos. Por último, y como conclusión creo que: no basta con que se
agriete o disminuya el consentimiento del pueblo a ser sometido, sino que
además éste debe sentir la necesidad de ser liberado, y para ello debemos
disputar la hegemonía, lo que significa abrir frentes hasta ahora casi
desapercibidos: el de la (socio)cultura, el de la información, el de lo
mediático y el de lo ideológico, por decir algunos.
Empecemos
tratando de explicar conceptos muy básicos y a la orden del día. Todo es
política: quejarse de los recortes, de los bancos, de la subida de los precios,
de la bajada del consumo y de lo malos que son todos los políticos, es
política. Si tú haces una reflexión sobre lo mal que vamos o sobre el
consumismo, estás haciendo política, asúmelo, no tengas miedo a pensar, a
meterte en líos y, en definitiva, a la libertad, porque si no luego no tendrás
derecho a quejearte: serás responsable directo o cómplice en el mejor de los
casos. No hacer nada significa posicionarte automáticamente a favor de lo que
está pasando, a favor de inyectar dinero público a la banca privada y a favor
de más de 500 deshaucios diarios.
Sigamos tratando
de explicar, por ejemplo, que la mayoría de los derechos laborales que hoy
tenemos fueron conquistados mediante huelgas, incluído el derecho a huelga. Lo
que se denomina "juego democrático" consiste en repartir poder, en
una correlación de fuerzas en la que dos contrincantes (o más) echan un pulso.
En un lado está la oligarquía, los bancos y los grandes empresarios
representados por los gobernantes serviles de turno. En otra estamos la inmensa
mayoría de los dominados que más allá de las discrepancias ideológicas que
creamos tener, compartimos los mismos intereses: un reparto justo y equitativo
de la riqueza, del trabajo y de los medios de producción. Dentro de este juego
una de las bazas más importantes que podemos jugar es la de la huelga, a ser posible
enmarcada dentro de una estrategia a medio plazo que comience o prosiga al día
siguiente.
Cuando un
político dice que los recortes son necesarios, un representante sindical dice
que no respalda una huelga porque es política o un medio miente y manipula, no
basta con quedarse en la mera denuncia, hay que ir más allá y presentar
alternativas. Los recortes no son necesarios porque se podrían evitar haciendo
una reforma fiscal progresiva y persiguiendo el fraude fiscal que asciende a
90.000 millones según los inspectores de Hacienda. Una huelga es por definición
política porque sus reivindicaciones son políticas y quienes no la apoyan,
independientemente de a quien digan defender, se están poniendo del lado del
Gobierno, de los recortes. Los medios de comunicación son empresas privadas en
manos de capitalistas privados con intereses antagónicos a los de la inmensa
mayoría, por eso tienen que recurrir a la manipulación para distorsionar la
realidad; y además de desmontar las mentiras nos comprometemos a dar información
veraz.
Hoy la
izquierda transformadora o revolucionaria tiene un amplio abanico de
posibilidades y no tiene que suicidarse llevando el discurso de "yo soy la
verdadera izquierda, quienes están a mi derecha son unos farsantes". Con
la agudización de las contradicciones del capitalismo y el desmoronamiento de
la llamada socialdemocracia, podemos dar la batalla por términos que antes no
se podían disputar a la derecha (oficial y oficiosa) y que son asumidos como
normales por la población en su conjunto: con términos como democracia o
soberanía y un poco de cintura se puede construir un discurso de mayorías y a
la vez rupturista.

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