MUCHOS Y ORGANIZADOS
Artículos de
Opinión | Josep Bel | 02-11-2012 |
La respuesta
a la crisis y a los recortes sociales es muy parecida para la actual izquierda
socialdemócrata institucional. Me refiero a casi toda la que está a la
izquierda del PSOE. Desde el dirigente Lafontaine en Alemania, pasando por la
mayoría de IU o el Front de Gauche de Melenchon en Francia, sus programas
ocupan el espacio abandonado por la 2ª Internacional socialdemócrata. Esta
socialdemocracia, ya en los 80 se pasó al liberalismo imperialista y corrupto y
su espacio lo ocuparon partidos que ayer eran más de izquierdas (PCE-IU, ERC,
BNG, etc.). La otra izquierda, la más anticapitalista y no institucional, sigue
hoy dispersa en varios movimientos sociales, con muchos más efectivos aún en el
movimiento obrero que en el ecologista, feminista, antirracista o pacifista.
Pero esta izquierda no dispone de un país que haga de ejemplo multiplicador,
con una internacional que nos una, ni tampoco tenemos huelgas europeas con
estos actuales sindicatos mayoritarios europeos. Aunque esta izquierda sí ha
logrado impulsar fechas importantes de movilización internacional (la mayor,
contra la guerra de Irak), el movimiento antiglobalización, las protestas
estudiantiles, por el derecho a la vivienda o el 15M el último año.
Sobre el
papel, los programas electorales socialdemócratas ante la crisis aún parecen
poder mantener el estado del bienestar, pero con el nivel de fraude fiscal
actual y la gran fuga de capitales no habrá recursos en el sistema capitalista
para redistribuir con más impuestos. Estamos ante un cambio de época, y el
poder financiero ha impuesto su constitución neoliberal en la UE y enormes
sanciones si incumples en la OMC. Solo si se actúa sobre la gran propiedad y
contra el movimiento libre de capitales, podremos empezar a ver una salida.
La población
actual del Estado español no quiere o no se atreve a romper con el sistema y la
prueba está en los resultados electorales en varios lugares de Europa. Pero,
aunque lo lograsen algunos con unas nuevas siglas, como pudo ser en Grecia, no
tenemos esa correlación real entre el pueblo, con otra cultura sociopolítica,
estructurada en costumbres cotidianas diferentes al egoísmo dominante. Esta
contradicción no es la única. Muchos volverán a ser absorbidos por políticas
del gran consenso europeo (recordemos que CCOO-UGT apostaron por la
Constitución neoliberal europea). Nos venderán un pacto social español para
salir de esta crisis o un pacto fiscal autonómico. Pero ni obedeciendo a la
Europa alemana, ni aumentando la deuda futura con quita ahora para sus
beneficios, saldremos. La lógica de recuperar tasa de beneficio hará que no se
pueda frenar la tendencia de paro y precariedad.
Otra forma
de hacer política
La suma de
los partidos anticapitalistas actuales tampoco creará hoy un referente, pero sí
que es muy útil apostar por la coordinación de todos los que lo deseen para esa
inmensa tarea de crear desde abajo lo nuevo. No será tampoco ninguna
alternativa en Catalunya una copia de Siryza, con una suma de las siglas a la
izquierda del PSC, viendo lo que sucede ya hoy en Andalucía, y sucedió ayer en
Euskadi o en Catalunya con el Tripartit. Así, sólo volverán a ser los
monaguillos del PSOE neoliberal.
Los jóvenes
lo han visto en las plazas del 15M, en los debates públicos, donde los
liberados sindicales y los políticos institucionales recibían broncas por sus
prácticas acomodadas al sistema. Por ello cantaban “No nos representan” o “Le
llaman democracia y no lo es”. Ante esto debemos recuperar una izquierda
coherente, uniendo lo que se dice y lo que se hace, no participando en los
gobiernos.
El error más
repetido es recaer en un institucionalismo dominado por unos profesionales de
la política que han hecho de los partidos revolucionarios agencias electorales.
Por ello, sin que las izquierdas construyan juntas una cultura cotidiana de
ayuda mutua, de praxis no individualista, y que cale entre la mayoría
trabajadora, no hay salida. Una organización estable, plural y unitaria de
miles de asambleas, como esboza el 15M, implicando a cientos de miles de
trabajadores en la política, es lo necesario para afrontar el cambio necesario
de sistema. La idea de un Frente Popular o cívico debe ser no institucional,
con colectivos en cada barrio o empresa y así, después de un largo periodo de
experiencias prácticas que cambien la cultura consumista insostenible y
dominante, surgirá el sujeto masivo que necesitamos. La clase en sí y para sí,
solo vendrá tras la acumulación de fuerzas.
Las personas
que prefieren el trabajo en la base, antes que estar en una candidatura y
llegar a un cargo acomodado, son las que deberían ser las elegidas como
representantes del movimiento unitario, y el orden de la lista será por sorteo
y rotativo. Las izquierdas anticapitalistas debemos lograr juntos que se
constituyan grupos amplios en empresas y barrios, bajo diversas siglas o sin
ninguna, pero uniendo, organizando de forma estable, a todos los que están por
defender realmente las necesidades de los trabajadores y de la mayoría. Somos
muchos los que pensamos que solo así empezaremos a construir, más lento pero
mejor, y a no pensar en atajos de coaliciones electorales que no tienen
correlación de fuerzas real. Sin renunciar a lo institucional, lo primero es
crear el tejido social-cultural. Si no vivimos de otra forma la práctica de la
política, sin incorporar a miles a otras relaciones sociales, no avanzamos.
Deberemos
continuar saliendo a la calle, como el 15M o el 15 de Octubre, en la Huelga
general del 29M, el 19J o el 26S en Euskadi y preparando una huelga general ya,
una lucha lo más sostenida posible, pero con todo ello, veremos que no cambiará
la perspectiva de superar el sistema europeo dominante, porque no hay un tejido
social masivo y organizado autónomamente. Lo necesitamos aquí y en otro países,
para romper con esta UE, BCE, FMI, OMC y relacionando con otros países,
recuperando el nuevo internacionalismo solidario.
Construir
desde la base
Llamarse de
izquierdas no es votar cada 4 años a IU o abstenerse, querer superar el
capitalismo no es diciéndolo, sino haciendo y debe implicar construir juntos
(libertarios, independentistas, comunistas, socialistas, ecologistas,..)
espacios de socialismo democrático, en asambleas de libres e iguales,
practicando de un modo diferente a lo que hoy se llama política. Esto significa
trabajar de forma horizontal en barrios, impulsando en las empresa un sindicato
de clase unitario, donde no decide el comité ni el sindicato, sino los
trabajadores en asamblea. Ejemplos de sindicatos como co.bas, donde no hay ni
liberados ni subvenciones, son lo primero a practicar.
Los grupos
no subvencionados por la vivienda, por la sanidad, por la enseñanza, o las
cooperativas, deben tener la voluntad de coordinarse con las otras
experiencias. Vincular movimiento obrero y movimientos sociales será una tarea
de todos. Hay buenos ejemplos en las candidaturas del Vallés o en algunas de
las CUPs, pero lo cierto es que sin muchos municipios como Marinaleda, sin
largas luchas como la de Sintel o la de los mineros, no surgirá lo nuevo.
Construir
miles de experiencias por la base, coordinarlas de formas unitarias,
horizontales y democráticas, intentando implicar en la política transformadora
a millones de personas, para después, así, por fin, tener una correlación de
fuerzas y pararles los pies. Este es el inicio del camino para recuperar los
derechos y construir el nuevo sistema social. Lo haremos con todos los que
respeten nuestra soberanía, que apuesten por la República y apoyen con fuerza
la autodeterminación de los pueblos de nuestro estado plurinacional. La tarea
de la izquierda es crear tejido, y el cómo se hace, es lo más importante para
que éste sea sostenible y alternativo. Ser rojos en red, desde la base, con una
praxis ejemplo de actividad social, y esforzarnos por estar todos coordinados
para resistir y crear la alternativa.

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