Cada uno en su lugar
Artículos de
Opinión | José Enrique Centén Martín | 04-11-2012
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Existen tres
grupos diferentes que comportan el producto total de la nación: la materia
prima de producción, los salarios del trabajo y los beneficios del capital.
Constituyen el ingreso de tres clases diferentes de personas según que vivan de
la renta, los salarios o de los beneficios. Las tres grandes clases sociales de
toda sociedad civil.
La primera
de estos tres tipos, está estricta e inseparablemente relacionada con el
interés general. Todo lo que favorezca u obstaculice al primero, favorece o
perjudica necesariamente al segundo. Esta primera clase es la única cuyo
ingreso no les cuesta ni trabajo, ni preocupaciones, llegaron a sus manos de
forma espontánea, sin necesidad de elaborar un plan o proyecto con tal
objetivo. La aparente indolencia por la posesión de las materias primas es
irreal, porque a su vez los hace tener la seguridad de prever y comprender las
consecuencias de cualquier reglamentación pública, sólo controlando la
producción.
El interés
de la segunda clase, quienes viven de su salario, altos cuando la demanda de
trabajo sube continuamente. Cuando la riqueza real de la sociedad se estanca,
pretenden que sus salarios queden reducidos apenas para mantener a la familia.
Cuando la sociedad está en crisis, los salarios incluso bajan más. Pasando de
un empleo ventajoso a otro de indigencia, pretendiendo lograr que el producto
final sea más competitivo, igualándose con los extranjeros, pero el margen del
beneficio es considerablemente mayor, esta segunda clase realmente es el sostén
de la sociedad, sobre ella es la fluctuación. En las deliberaciones públicas su
voz es poco escuchada y mucho menos atendida, salvo en algunas ocasiones
especiales, cuando sus reclamaciones son aprobadas y apoyadas por sus jefes,
aunque no en defensa de su interés sino el de ellos, como ha ocurrido
recientemente con la minería, siderurgia y astilleros.
La tercera
categoría, los empleadores o capitalistas que conforman el Capital, quienes
viven del beneficio. Planean, regulan y dirigen las operaciones del trabajo,
con un único fin, el beneficio. Al contrario que las dos clases anteriores, sus
beneficios no aumenta con el progreso ni decae con la depresión de la sociedad,
ellos lo regulan, no actúan en interés de la sociedad, pero son los que
controlan a las clases primera y segunda, su único interés es ampliar el
mercado y reducir la competencia, haciéndonos creer que actúan en favor del
interés general, cuando realmente este coincide con el suyo únicamente.
Muchos aun
no comprenden que no debemos de creer en el espejismo de la buena fe de los
capitalistas como protectores de sus asalariados, realmente son depredadores
cuyos intereses nunca coinciden exactamente con la sociedad, solo tiene interés
en engañar y oprimir a la comunidad donde radica.
Los
asalariados estamos a su merced, debemos de exigir trabajo digno, bienestar
social, seguridad en la jubilación, la sanidad, la educación y en la justicia,
control de luz, agua, gas para nuestras necesidades, transporte público eficaz
y barato, así como abolición de los préstamos de usura practicado por la banca
para la primera vivienda, no suntuaria. Debemos de elegir y exigir a nuestros
representantes dicho control, en lugar de someterse a los especuladores. Ese es
nuestro lugar para el futuro de nuestros hijos.

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