LA CRISIS DE LA EUROZONA: ¿DE LOS RESCATES A LA RUPTURA?
Artículos de
Opinión | Joel Sans | 01-11-2012 |
El
recrudecimiento de la crisis económica tiene en la Unión Europea uno de sus
puntos más críticos. Los rescates se suceden mientras Alemania rehúye los
eurobonos o la unificación bancaria. Los distintos intereses de la clase
dirigente europea sobre cómo hacer frente a la crisis son claves para entender
los crecientes problemas.
Las
tensiones crecientes dentro de la eurozona están relacionadas con la naturaleza
de la moneda común y sus instituciones. Pese a la retórica de que la UE se ha
diseñado para favorecer el entendimiento y la paz entre los pueblos europeos,
la realidad es que, desde los cimientos puestos en 1957 con la Comunidad
Económica Europea hasta el euro actual, la construcción del edificio
institucional ha ido destinada a formar un bloque económico fuerte para
competir a nivel internacional.
La creación
de una moneda única ha sido un paso más en este proyecto. El euro no es
solamente una moneda para hacer más fáciles los intercambios comerciales;
también quiere ser una moneda mundial o de reserva para los inversores
internacionales que rivalice con el dólar. El trato tan favorable que da la UE
a los negocios financieros está relacionado con esta voluntad1.
Sin embargo,
la integración europea tiene fuertes desequilibrios estructurales en su seno.
En primer lugar, la formación de este bloque se ha realizado manteniendo los
estados, lo que ha conllevado históricamente diferencias de orientación entre
Alemania y Francia2. De hecho Alemania ha tratado de dirigir la UE para
restablecer su hegemonía sobre Europa, esta vez mediante la vía económica.
Pero además
los estados europeos tienen bases económicas diferentes. El principal
desequilibrio se ha dado entre el centro (Alemania, Francia u Holanda, entre
otros) y la periferia (Grecia, Portugal, Irlanda, Estado español e Italia). Los
países del centro son exportadores –en una parte significativa hacia la
periferia. Los países periféricos, en cambio, tienen déficit comercial, ya que
importan más de lo que exportan. Esta relación desigual se ha sostenido a
través de préstamos desde los bancos de los países centrales (que tienen
superávit) hacia los países periféricos. La existencia de una moneda única y un
bajo tipo de interés compartido por el conjunto de la eurozona ha
proporcionado, intencionadamente, crédito barato para lubricar todo este
proceso.
Pero la
existencia de crédito barato también ha facilitado la formación de burbujas
financieras en la periferia, muchas veces vinculadas a la construcción, y altos
niveles de endeudamiento, sobre todo en el sector privado.
Este
incremento de la actividad financiera no es accidental, proviene de los
problemas de rentabilidad que ha experimentado el capitalismo desde los 703. Los
pocos beneficios que desde entonces se obtienen en la economía real llevaron a
trasladar la inversión productiva hacia las finanzas. Aunque durante un tiempo
los procesos especulativos elevan artificialmente los precios y permiten altos
beneficios, siempre llega un momento en que la burbuja estalla. Esto es lo que
pasó en 2007.
Cuando se
desató la crisis, toda la aparente prosperidad europea se vino abajo. Las
cadenas de préstamos que habían funcionado durante más de una década se
paralizaron por el temor a los impagos e importantes bancos y empresas se
situaron al borde de la quiebra. La rápida intervención de los estados, que
inyectaron dinero a estas compañías, evitó momentáneamente una caída
generalizada pero trasladó los problemas del sector privado al Estado, en forma
de deuda pública. La crisis de la deuda soberana, desde 2009, ha sido solamente
otra fase más de la crisis que ha llevado al rescate de Grecia, Portugal,
Irlanda y el sistema bancario español.
Estos
rescates –cuyo objetivo central era proteger los bancos franceses y alemanes–
no están mitigando la inestabilidad, sino todo lo contrario. Los drásticos
planes de ajuste impuestos por la Troika (el Banco Central Europeo, la Comisión
Europea y el Fondo Monetario Internacional) han llevado a una contracción de
las economías rescatadas. El resultado ha conllevado disminución de ingresos,
subidas del déficit y tipos de interés más altos para pagar la deuda, en una
espiral descendiente que arrastra estos países a la ruina. Grecia se encuentra
en una depresión similar a la de los 30 (con caídas de más del 5% del PIB) y el
Estado español está entrando en una dinámica parecida.
Los
intereses de Alemania
Así pues, la
UE es un marco común donde estados desiguales tratan de mantener un equilibrio
entre los beneficios de la unidad y la defensa del propio “interés nacional”.
El proyecto de Alemania es mantener una moneda fuerte y al mismo tiempo
conseguir una UE gran exportadora, que baje los costes salariales –como ha
hecho Alemania en la última década– y traspase dinero de la inversión pública a
la esfera privada.
Las
reticencias de Alemania a que el BCE haga compras directas de deuda pública
(ahora no permitido), se creen los eurobonos o se forme un sistema bancario
europeo se deben a que este país tendría que compartir las inseguridades de las
deudas periféricas, subiría su tipo de interés y lo que paga para financiarse.
Alemania solamente cedería si su proyecto se consolida, lo que explica las
lentas reacciones de Angela Merkel y el BCE. Como señala Alex Callinicos: “La
estrategia de la canciller continúa siendo usar las presiones creadas por la
crisis de la eurozona para obligar a otros estados miembros a una unión fiscal
que generalice y perpetúe el régimen de austeridad que ha sido impuesto a
Grecia, Irlanda y Portugal como una respuesta de emergencia a la crisis.
Cualquier paso hacia la creación de una unión bancaria tendrá que hacerse
aceptando este régimen”4.
Pero en el
transcurso de este juego se están cruzando factores imprevistos. Por un lado,
la explosión de pánico financiero, que el pasado julio llevó la prima de riesgo
del Estado español a sobrepasar los 650 puntos y amenazó con el rescate. Por
otro lado, la aparición de una oposición masiva a la austeridad que en Grecia
ha implicado una crisis política de los partidos pro-recortes en las
elecciones5.
Los riesgos
son muy grandes. Los países periféricos están enormemente endeudados con los
bancos de los países centrales. Según el economista marxista Michael Roberts,
la suma total de dinero prestado a Grecia suma 500.000 millones de euros, un 5%
de la eurozona. Tanto Alemania como Francia están expuestos en 150.000
millones6. Y una estimación inicial de lo que costaría el rescate del Estado
español –cada vez más probable– se sitúa en 300.000 millones de euros7, una
cantidad enorme que desestabilizaría los mecanismos actuales. Según el
economista Guglielmo Carchedi: “la quiebra de los países débiles desencadenaría
una serie de quiebras bancarias que llegaría también a los países fuertes. Esto
podría desencadenar aquella crisis financiera generalizada que hasta ahora se
ha podido posponer”8.
Nos
encontramos con un desfase entre la velocidad que está tomando la crisis de la
eurozona y la velocidad de la respuesta para solucionarla. Como bien comenta un
periodista británico: “las grandes ideas para salvar la moneda única tardarán
años, no meses, en llegar a buen término, pero la amenaza de colapso es
inmediata”9.
La ruptura
posible
La ruptura
de la eurozona es, pues, cada vez más probable. La idea que tiene parte de la
izquierda de que la crisis actual es simplemente una estafa fabricada por la
clase dirigente para aumentar sus beneficios, difícilmente permite entender el
caos actual. Aunque es totalmente cierto que los de arriba gestionan la crisis
en su provecho, se trata de una crisis real y descontrolada, y la clase
dirigente no tiene ninguna receta eficaz para hacerle frente.
El
europeísmo ha tenido éxito en venderse como progresista. Pero si,
contrariamente, entendemos que la UE está construida en interés del gran
capital y las finanzas, en beneficio de los países centrales a expensas de los
periféricos, entonces la cuestión no es ya si permanecer o no en la misma, sino
de qué forma abandonarla. Como dice Costas Lapavistas, la izquierda “no debería
entrar en el juego de proteger la unión monetaria, desde el momento que la
clase trabajadora europea no tiene ningún interés en ella”, sino que “tendría
que llamar a una salida progresista”10.
Es verdad
que hay sectores de la clase dirigente alemana que empiezan a ver como positiva
una salida de Grecia de la eurozona. Sin embargo, no es lo mismo una salida de
Grecia de la UE por las presiones internacionales de los grandes poderes, que
una ruptura en función de los intereses de la población, que evite la fuga de
capital y deje de pagar la deuda. La crisis de la eurozona es también un
escenario en el que plantear –como desarrolla Albert García en su artículo en
las páginas siguientes– propuestas rupturistas desde la izquierda
anticapitalista.
Notas
1. Carchedi,
G., 2012: “Desde la crisis de la plusvalía a la crisis del euro”. http://marxismocritico.com/2012/05/...
2. Gago, A.,
2010: “La (Des)Unión Europea ante la crisis”, en La Hiedra* nº 27 (Primera
Época), diciembre de 2010.http://www.enlucha.org/site/?q=node...
3. Mendoza,
D. y Sans, J., 2011: “¿En caída libre? Los desequilibrios globales de la
economía” en La Hiedra*. nº 1 otoño de 2011.http://www.enlucha.org/site/?q=node...
4.
Callinicos, A., 2012: “The second coming of the radical left”, en International
Socialism nº135, julio. http://www.isj.org.uk/index.php4?id...
5. Íbid
6. Íbid
7. Eliott,
L., 2012: “Spanish bailout is now inevitable”. The Guardian*, 23 de julio.http://apps.facebook.com/theguardia...
8. Carchedi,
G.: op cit
9. Eliott,
L.: op cit
10.
Lapavitsas, Costas, 2012: “Interview: Working people have no interest in saving
the euro”, en International Socialism*. Nº 133, enero de 2012. http://www.isj.org.uk/index.php4?id...

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