Revolución del 34 Historia de Asturias - Editorial Cañada - Nº 8 - Página
108. LOS MARTIRES DE CARBAYÍN.
Entre los
centenares de detenciones que se realizaron en Asturias los días 20 y 21 de
octubre, se producirían las de veinticuatro hombres que pasarían a la historia
unidos bajo un nombre terrible: los mártires de Carbayín
No les unía
su militancia política: había socialistas, cenetistas, comunistas, obreros sin
partido ni filiación sindical, un carnicero melquiadista, e incluso un maestro
de la CEDA.
No les unía
ni tan siquiera su participación en el pasado movimiento, que oscilaba entre la
intervención activa en las milicias de la apatía, e incluso la oposición.
Estaban unidos
por una absurda, irracional y terrible operación montada por algunos guardias
civiles de la zona de Langreo que tenía como objeto vengar a sus compañeros
caídos en el cuartel de Sama.
Las
detenciones se habían producido por los motivos más nímios; desde la sospecha
de su participación en el movimiento (el caso de la mayoría), hasta por el
hecho de ser hijo de un militante detenido (el caso de Laurentino Meana, de 16
años); el de haberse encontrado en su escuela armas abandonadas por los
revolucionarios (el caso del maestro cedista Tomás Centeno, de la Hueria de
Carrocera); el haber circulado por la ciudad a altas horas de la noche siendo
detenido por una patrulla (el caso de Gerardo Noriega); el haber reñido con los
guardias civiles días antes del movimiento a causa de un carnet de conducir
(caso de Benjamín García, hijo de un carnicero melquiadista), o el ser hijo de
un dirigente minero (caso de Ángel, hijo de Herminio Vallina).
Las
detenciones de estos 24 hombres se había producido en el curso de los días 20 y
21 en Lada, Ciaño Santa Ana, Ciaño La Oscura, Vega, Torre de Arriba, sama y La
Felguera.
Habían
formado parte de su detención, al igual que de la centenares más de hombres,
soldados del Regimiento 32 y guardias civiles que condujeron a los detenidos al
colegio de monjas de La Oscura y al convento de Sama, habilitados como
prisiones provisionales.
Varios de
los detenidos habían sido golpeados en las prisiones y se les había intentado
sacar declaraciones que los incriminaran en los sucesos.
En la noche
del 24 de octubre, un alférez bilbaíno de complemento que se encontraba a cargo
del servicio rodado del Ejército en sama, requisó un autocar nuevo a ?Quico el
cojo?, dueño de un servicio de transportes, al que rechazó como coger, pues ?se
trataba de asuntos militares?.
A las dos y
media de la madrugada, 24 hombres eran sacados de la prisión del convento de
Ciaño, del Convento de Sama, y de los sótanos de la Casa del Pueblo de sama.
Había sido
seleccionados arbitrariamente por el cabo Recio de El Entrego, que se había
salvado durante la Revolución y quería cobrar en sangre la desaparición de sus
compañeros; el sargento de la Guardia Civil Juan Ballesteros, el guardia Ramiro
Sánchez y el teniente de Llanera Alonso de Celada.
La operación
fue dirigid personalmente por Rafael Alonso Nart, hermano del fallecido capitán
de la Guardia Civil de sama, José Alonso Nart.
De la
premeditación de l masacre, habla claramente el hecho de que un día antes la
Guardia Civil hubiera cavado las fosas en los montes de La Coruxiona y El
Roxellón, en las cercanías de Carbayín (cuando un vecino les preguntó qué
estaban haciendo, tras decirle que estaban buscando armas, lo despidieron a
cajas destempladas).
Sumando los
múltiples informes, se puede obtener una lista bastante aproximada de la
identidad de estos 24 hombres:
Benjamín
García García, de Lada, 35 años, carnicero melquiadista
Agustín Amil
Feito, 24 años, de Torre de Arriba, barbero del PC
José Meana
Menéndez, laminador de Duro Felguera, cenetista de 46 años.
Laurentino
Meana Rodríguez, hijo del anterior, 16 años
Eloy Vallina
García, minero del Fondón, del PC, 30 años
Honorio
Vallina, cenetista, minero de Duro Felguera, 22 años
Faustino
Freigedo, cartero de Sama, comunista de 38 años
Gumersindo
Díaz Yáñez, minero de Sama y operador del Teatro Llaneza, socialista de 28
años.
Tomás
Centeno Moreno, maestro de la Hueria de Carrocera, miembro de la CEDA, 28 años
José Vega
Martínez, coger, comunista de 23 años
Cándido Díaz
Sánchez, cabo de municipales de San Martín del rey Aurelio, 35 años.
Alejandro
García Castaño, guardia municipal de San Martín del Rey Aurelio, socialista
Ángel
Vallina Menéndez, minero de La Vega, 16 años
Celso
Rodríguez Iglesias, de Blimea, 30 años.
Ernesto
Pérez (a) ?el Borrajo?, minero del Sotón
Alejandro
González (o Díaz), de Felechosa, minero.
Dimas Yáñez,
de Sama.
Antero
Valdés Peña, cenetista de La Felguera, trabajador de la Fábrica de Nitrógeno,
28 años
Gerardo
Noriega García, aserrador de madera, 29 años, socialista
Antonio
Flórez (o Flores), minero de Sotrondio, 30 años.
Ernesto
Vázquez de la Fuente (Ernesto Arroyo, según algunos autores), minero de 25
años, socialista
José Montes
Laudelino
García
Que sólo
fuera 24 lo determino el tamaño de la furgoneta, matrícula O-8999. Con las
esposas puestas, los hombres fueron empujados a culatazos al interior. Se dijo
a quien preguntó (no fueron muchos) que se haría un traslado de presos a
Oviedo, en vista de que ya no cabían más elementos en las cárceles
provisionales de sama.
La camioneta
hizo el viaje hasta la Coruxiona (Carbayín de Abajo), allí se hizo descender a
los presos, a medida que bajaban se les fue amarrando a una cuerda.
Todavía se
dice por Carbayín, que en la noche del 24, se escucharon algunos disparos; más
tarde sólo el aullido de los perros.
Manuel D. Benavides
ha dejado una macabra descripción de cómo se produjo el asesinato colectivo,
formulada (según el autor)a partir del testimonio de uno de los asesinos.
Resumiendo
el macabro informe, cuenta que se ató a los hombres amarrados a golpe de
machete y bayoneta en medio de la oscuridad; un guardia disparó en la sien a
uno de los detenidos, sonaron varios disparos, la matanza creció en medio de
los gritos. Los guardias que participaron en ella se enloquecieron.
En medio de
la euforia de sangre, se siguió acuchillando a los cadáveres. Luego se les
quitaron las esposas a los muertos y se cubrieron con tierra de la escombrera.
Como no
cabían todos, se transportó a una segunda zanja en las cercanías del pozo
Mosquitera a once de ellos.
La
desaparición de 24 hombres produjo una conmoción entre los parientes de los
asesinados que hicieron averiguaciones para verificar si era cierto que habían
sido trasladados a Gijón o a Oviedo
Dos días más
tarde las mujeres de la familias de Amil, de los hermanos Vallina y de Freigedo,
se lanzaron a las escombreras de Carbayín. Sólo hizo falta remover un poco para
que apareciesen las huellas del asesinato colectivo.
Según los
testimonios de la época los cuerpos estaban mutilados, presentaban múltiples
heridas de armas cortantes y algunos de bala; algunos cadáveres estaban
irreconocibles: Gerardo Noriega tenía tres tiros en el pecho; José María Vega
tenía el cráneo destrozado a martillazos; a Faustino Freigedo le faltaba un
pedazo de cara. Por los gestos de algunos de los cuerpos se veía que habían
sido enterrados aun con vida (?)
Fuente: http://tercerainformacion.es/

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