EL HOMBRE QUE PERMITIÓ QUE USTED SIGA VIVO
Si nació antes de octubre de 1962
Jueves, 15
de noviembre de 2012
Por Edward
Wilson (*)
Si usted nació antes del 27 de octubre de 1962, Vasili
Alexandrovich Arjipov le salvó la vida, no le quepa la menor duda. Aquel
fue el día más peligroso de toda la historia para la especie humana.
Aquel octubre, el gobierno de los EEUU había dado la orden de bloquear a
Cuba. Y por si fuera poco un avión espía norteamericano había sido abatido
sobre Cuba, en tanto que otro U2 se había perdido. Y mientras estos
dramas hacían rechinar las tensiones más allá de un punto de quiebra, un
destructor norteamericano, el USS Beale, comenzaba a lanzar cargas de
profundidad sobre el B-59, un submarino soviético dotado de armas
nucleares.
El capitán del B-59, Valentín Savitsky, no tenía manera de saber que las
cargas de profundidad eran una serie de descargas no letales "de
práctica" destinadas a obligar al B-59 a subir a la superficie. Al
Beale se le sumaron otros destructores norteamericanos que se apiñaron para
aporrear al B-59 sumergido con más explosivos. Un agotado Savitsky dio
por hecho que su submarino estaba condenado y había estallado la Tercera
Guerra Mundial. Dio la orden de que se preparase el torpedo nuclear de diez
kilotones del B-59 para su lanzamiento. Su objetivo era el USS Randolf,
el gigantesco portaviones que dirigía la fuerza especial
Si el torpedo del B-59 hubiera hecho volatilizarse al Randolf, las nubes
nucleares se habrían extendido rápidamente del mar a la tierra. Los primeros
blancos habrían sido Moscú, Londres, las bases aéreas de Anglia
Oriental (Inglaterra) y las concentraciones de tropas en Alemania.
La siguiente oleada de bombas hubiera barrido "objetivos
económicos", un eufemismo que designaba a la población civil: habría
muerto más de la mitad de la población del Reino Unido. Mientras tanto,
el SIOP (Single Integrated Operational Plan, Plan Único Operativo
Integrado) – un escenario apocalíptico que reflejaba la orgía a lo Götterdämmerung
del Dr. Strangelove – habría lanzado 5.500 armas nucleares contra un
millar de blancos, entre los que se contaban estados no beligerantes como Albania
y China
Qué le habría sucedido a los EE.UU. no es seguro. La razón misma de que
Jruschov enviara misiles a Cuba estribaba en que la Unión
Soviética carecía de ICBMs (misiles balísticos intercontinentales)
de largo alcance como forma de disuasión creíble contra un posible ataque norteamericano.
Lo que parece probable es que Norteamérica habría sufrido menos bajas que sus
aliados europeos. El hecho de que Gran Bretaña y Europa Occidental fueran
consideradas por algunos en el Pentágono como alfiles prescindibles era el gran
tabú inconfesable de la Guerra Fría.
Cincuenta años después, ¿qué lecciones se pueden sacar de la crisis de los
misiles cubanos? Una es que, durante una crisis, los gobiernos pierden el
control. La peor pesadilla del secretario de Defensa norteamericano, Robert
McNamara, consistía en el lanzamiento sin autorización de armas nucleares. McNamara
ordenó que se adosaran cerrojos PAL (Permissive Action Links, conexiones que
permiten ponerlos en marcha) a todos los ICBMs. Pero cuando se instalaron los
PAL, el SAC (Strategic Air Command, Mando Aéreo Estratégico) puso todos los
códigos en 00000000 para que los candados no impidieran un rápido lanzamiento
en el curso de una crisis. La seguridad de las armas nucleares siempre será un
asunto humano, a todos los niveles. En cierta ocasión, Jimmy Carter, el más
sensato de los presidentes norteamericanos, se dejó los códigos de lanzamiento
nuclear en el traje cuando lo mandaron a la tintorería.
La Guerra Fría ha concluido, pero las infraestructuras termonucleares de
los EE.UU y Rusia continúan en su lugar. Y el riesgo de un intercambio nuclear
entre las superpotencias sigue siendo bien real. Todos los estudios de
análisis del riesgo a largo plazo apoyan la afirmación de Noam Chomsky.
Ploughshares [literalmente “Arados”, organización pacifista norteamericana por
la reconversión de las armas nucleares] calcula que existen hoy en el mundo
19.000 cabezas nucleares, 18.000 de las cuales se encuentran en manos de los
EE.UU. y Rusia.
"Mientras sigan existiendo las armas nucleares, las posibilidades de
supervivencia de la especie humana son escasas", ha dicho Noam Chomsky.
Pero en aquella ocasión la decisión de no iniciar la Tercera Guerra
Mundial no se tomó en la Casa Blanca o en Moscú sino en
la sofocante sala de control de un submarino. El lanzamiento del torpedo
nuclear del B-59 requería del consentimiento de los tres oficiales superiores a
bordo. Arjipov fue el único en negar su permiso. Es cierto que la reputación de
Arjipov fue un factor clave en la discusión en la sala de control. El
año anterior el joven oficial se había expuesto a graves radiaciones en un
intento de salvar un submarino con un reactor sobrecalentado. Esa dosis
radioactiva contribuyó a su muerte en 1998. Así que al alzar nuestras copas el
27 de octubre, no podemos más que brindar en tu memoria. Gracias, Vasya.
(*) Edward Wilson, escritor, es autor de The Midnight Swimmer [El nadador a medianoche], una novela sobre la crisis de los misiles cubanos. Otras novelas suyas de intriga política y espionaje son The Envoy (2007), A River in May (2009) y The Darkling Spy (2011).
(*) Edward Wilson, escritor, es autor de The Midnight Swimmer [El nadador a medianoche], una novela sobre la crisis de los misiles cubanos. Otras novelas suyas de intriga política y espionaje son The Envoy (2007), A River in May (2009) y The Darkling Spy (2011).
Fuente: http://canarias-semanal.com/

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