lunes, 5 de noviembre de 2012

“HOY POR HOY LOS MEDIOS MEDIATICOS DE COMUNICACIÓN ESTÁN AL SERVICIO DEL PODER NO AL SERVICIO DE LA CIUDADANIA”



Los medios de comunicación: su función y su influencia en la gente
Artículos de Opinión | Mikel Itulain | 04-11-2012 | 
 De acuerdo al punto de vista teórico, en un régimen democrático los medios de comunicación son independientes y buscan el rigor y la objetividad en sus informaciones. No aceptarían las presiones de los grupos de poder y mantendrían esa independencia indicada. No obstante, no hace falta profundizar demasiado ni dedicarle tampoco demasiado tiempo al análisis de estos medios, para poder ver que hay una gran diferencia entre lo que ellos dicen y lo que sucede en la realidad. ¿Se trata de errores de interpretación?, ¿de no tener buenas fuentes? Bien, pensar solo esto sería, tal vez, comportarse de forma demasiado ingenua ante las enormes evidencias de direccionalidad en sus opiniones y en el enfoque de sus noticias. La información que emiten, si así puede ser considerada teniendo en cuenta que muchas veces precisamente hacen la labor contraria, no es desinteresada, no al menos en temas tan importantes como el político y el económico, profundamente ligados. Ante esta situación, y vista la experiencia y su historial, debemos pensar, como lo hacemos cuando recibimos información de cualquier interlocutor cotidiano, quién es el que nos está transmitiendo esa supuesta información y qué fuentes tiene y qué intereses puede tener. Llegados a este punto podemos ver que quienes dirigen esos grandes medios de comunicación, bien prensa impresa o digital, canales televisivos o radios, son generalmente grandes empresas, con importantes intereses económicos y vinculados o pertenecientes a la élite que está en el poder.102 Esto debería de ponernos en principio ya en alerta y hacernos ver que difícilmente alguien que tiene tantos intereses y poder puede reflejar con objetividad los temas sociales o económicos, por lógica los terminará enfocando en función de sus intereses. Por una parte esto es, como se ha dicho, lógico, pero, por otra, desmiente el mito de la independencia y la objetividad de la prensa y de los medios de comunicación en general. En realidad son muy dependientes, completamente dependientes de sus intereses económicos, con lo que la objetividad periodística en temas que afecten a esos intereses queda anulada. En relación a lo comentado sobre qué fuentes tienen para recibir los datos y la información, este suele ser uno de los puntos más débiles de los llamados mass media. Muy frecuentemente, y especialmente en asuntos internacionales y económicos, suelen utilizar las mismas fuentes, que apenas difieren unas de otras, tenemos así varios medios contando prácticamente lo mismo sobre una noticia. Si analizamos esas fuentes vemos que son grandes organizaciones de relaciones públicas o agencias de noticias contratadas por las mismas grandes empresas de los medios de comunicación, con lo que se crea un círculo vicioso. Es muy común que la fuente o fuentes originales indicadas no existan, tratándolas como anónimas o incluso que estén contratadas por ellos mismos o por grupos afines. En definitiva son grandes corporaciones que crean la información adecuada a sus intereses y que no se preocupan mucho por describir los acontecimientos reales, más si estos contradicen sus objetivos económicos y/o políticos.
La élite en el poder necesita reflejar de cara al resto de la población una visión del mundo que la legitime y la favorezca, y es lo que hacen con sus medios de comunicación; que acaparan prácticamente de forma completa el espectro de los grandes canales de la comunicación, creando la equivocada interpretación de que hay pluralidad en la información al haber un gran número de ellos, pero que apenas difieren unos de otros en los fundamentos básicos, políticos y económicos. El poder debe inculcar su ideología a los ciudadanos para que estos, de una forma u otra, comulguen con sus ideas y obedezcan, esto lo hace en gran medida a través de los medios de comunicación. La labor de estos medios es principalmente una labor de control social, no de información. Detrás de la ideología que lanza el poder económico a través de sus canales de comunicación hay unos importantes intereses económicos, intereses que son ocultados de cara al público.
Un buen periodista como Ignacio Ramonet expuso de forma muy clara este papel de persuasión, de control ideológico, finalmente de control mental de la población, por la élite que los dirije:
…la comunicación, tal como la conciben los medios dominantes en prensa, radio, televisión e internet, tiene como función principal convencer al conjunto de las poblaciones de su adhesión a las ideas de las clases dominantes.106
Y eso es lo que realmente hacen, no informar, sino convencer, persuadir a la población para que siga los deseos de esas clases dominantes. Su función es muy importante para esas élites, ya que les permite controlar a los ciudadanos de cada país donde puedan transmitir su ideario. La prensa sería un vínculo entre esta élite y las demás personas pertenecientes a la sociedad, un vínculo jerárquico donde se dan instrucciones y órdenes, y estas deben seguirse:
La prensa es el vínculo entre las acciones políticas internacionales de las elites gubernamentales y el público. Las personas que habitualmente siguen las noticias sobre asuntos internacionales no poseen un marco interpretativo o conceptual que les permita desarrollar una evaluación crítica. Los lectores del periódico, o la audiencia de los medios electrónicos, toman los discursos de las elites como referente para sus propias interpretaciones sobre sucesos internacionales. Esta dependencia provoca que el público sea más sensible a los discursos de las elites y de la prensa.107
Como comenta Doris Martínez, y también Ignacio Ramonet, llegan a conseguir que la población termine por identificarse con esas ideas e interpretaciones que transmite la élite sobre los sucesos. Se trata claramente de un proceso de manipulación y sumisión, conseguido mediante el uso de la insistente propaganda, aunque este nombre no se use nunca. Esta manipulación es realmente peligrosa, porque los intereses de esa élite, que vive en un lujo exagerado precisamente a costa del resto de la sociedad, son habitualmente contrarios a los de la población en general. Los efectos de tal engaño los estamos viendo con especial crudeza hoy en día, ya que esa clase dominante ha decidido reducir o anular los derechos sociales y laborales de las sociedades del llamado primer mundo con el fin de hacerse todavía más poderosos y más ricos de lo que ya lo eran; el egoísmo y la avaricia conocen pocos límites. No es casualidad que en los últimos cincuenta años las diferencias en renta entre los más pudientes y la gran mayoría de la población hayan aumentado año tras año. Para que esto se acepte, para que esto se pueda dar, hace falta un buen trabajo de persuasión y engaño, y esta labor la han hecho bien los medios de comunicación, que han anulado buena parte de la capacidad crítica y han dormido a gran parte de la sociedad. La labor tampoco es que haya requerido de demasiado ingenio, ya que prácticamente no tienen competencia, al no existir o existir en muy escaso número cadenas alternativas independientes en el mundo de la gran difusión mediática.
Para ver cómo han actuado estos medios, estos medios de comunicación corporativos, por ejemplo en dos conflictos bélicos recientes, como el de Libia o Siria, adjunto los siguientes enlaces:
Los medios de comunicación corporativos y la guerra contra Siria. Enlace
Los medios de comunicación y la guerra en Libia. Enlace
Nota:
Los medios de comunicación a los que me refiero son los corporativos, que son los que habitualmente vemos, leemos o escuchamos. Estos medios serían aquellos que pertenecen o dependen económica e ideológicamente del poder económico y político, es decir de las corporaciones industriales y financieras que rigen no solo el mundo económico sino el político, y también el ideológico y algunos más.
De la obra Justificando la guerra, la bibliografía se puede consultar allí.

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