UN CRIMEN SOCIAL
Artículos de
Opinión | Alberto Almansa | 09-11-2012 |
La primera
noticia cuando abro el ordenador es que Lourdes Castro, la desahuciada y okupa
de su casa del Campo de la Verdad de Córdoba, ha sufrido un aborto. El crío que
llevaba dentro se ha suicidado, como ya hiciera el librero granadino cuando lo
iban a humillar públicamente dejándolo en la calle por no pagar. El bebé de
Lourdes, pese a las caricias y mimos con las que su madre lo ha ido criando en
su interior, se ha dado de baja en este mundo que le niega una cuna con
techumbre, un dormitorio con peluches y un futuro digno. El renacuajo sumaba
dos vidas inciertas, precarias, temerosas.
Una pareja
de parados sin muchas expectativas ni anhelos. Dos números de la estadística
del último dato del Inem: 99.129. El feto se ha rebelado y ha explotado
salpicando su muerte a los responsables de su corta existencia. Esos mismos que
ahora vienen clamando por los derechos del nasciturus, concebido dice Gallardón
que no emplea el latinajo porque se le ve la sotana sacristana y hay que
guardar las maneras, pese a la creación de este Estado religioso al que nos
conduce el PP, donde impera la ultra moral católica que va imponiéndose a la
sociedad civil.
Lourdes
embarazada
La inminente
reforma de la Ley del aborto, nos retrocede de nuevo a la clandestinidad. A los
tres supuestos, pero menos. Sostiene el ministro que “un embarazo no deseado no
tiene que ser malo para la madre” y que 22 semanas es mucho, caso de que se
presente un caso de malformación congénita. Se apelan a Convenciones
Internacionales, Derechos Humanos y asociaciones de disminuidos para defender
el Derecho a la vida, al tiempo que se niega la más importante de las
Garantías: el de una vida DIGNA.
Lourdes
deseaba tener su bebé. Había comenzado una nueva relación y quiso anudarla con
esa vida en común que nace de la voluntad, del derecho a decidir libremente. Su
aborto ahora grita contra este sistema hipócrita que dice defender la vida, al
tiempo que ampara una existencia mísera, llena de calamidades y tristezas. Una
condena impuesta a los desgraciados que no cumplen con la ley y dejan de pagar.
La hemorragia de esta madre, empaña un horizonte que la riqueza niega a tantos
como sobran en el nuevo orden del lucro internacional. Desangra su caso el
autismo social, la indiferencia solitaria, la soledad ante la pantalla, la
inmersión en el alcohol, la desesperación del salto al vacío.
El aborto de
Lourdes representa el fracaso común de una vida truncada por la violencia que
ejerce un banco, que legitima el político, que ejecuta un juez, que rubrica un
secretario, que protege el policía y cierra el cerrajero. Difícil será que el
padre pueda demostrar que ese aborto es en realidad un homicidio social y que
muchos son los que habrían de sentarse en el banquillo y responder por el
crimen. Aunque tú y yo sabemos que son ellos los culpables de esa muerte
prematura, de ese tajo a la esperanza. Un revés cruel que hunde aún más a esta
familia en la amargura de su infortunio.
Tras leer
las declaraciones de Gallardón, una náusea profunda inunda mi interior en el
recuerdo amargo de las manos de Lourdes acariciando su incipiente tripa,
calmando a su criatura inquieta y temerosa ante el presumible regreso de la
autoridad que los pateará a la exclusión. Luego, pienso, aparecerán los
ideólogos del Ministro y celebrarán una comida solidaria para recaudar unos
donativos para estos desgraciados, conciliando el sueño de la acción
benefactora.
Minutos
antes de subir este post, hoy viernes una mujer salta al vacío en Barakaldo cuando iba a ser
desahuciada.

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