Se están preparando
Artículos de Opinión |
Javier Couso | 06-11-2012 |

Decir
que son tiempos de excepción se está convirtiendo en una obviedad
pero es cierto que vivimos situaciones excepcionalmente negativas. El
techo social construido gracias a las luchas populares y al marco de
la Guerra Fría va siendo desmantelado.
De
repente, nos despiertan a palos del sueño del fin de la historia.
Sin el archienemigo soviético ya no hace falta el Estado Social ni
la contención socialdemócrata. Ya no necesitan ciudadanos,
prefieren poblaciones vasallas que sirvan sin rechistar en el nuevo
feudalismo financiero.
Va
todo a peor, pero poco a poco. Es una demolición controlada, lenta,
por sectores. Para que no sepas lo que le pasa al vecino. Para que la
trabajadora no sienta al desempleado. Para que el que tiene casa no
vea al desahuciado. Segmentados, aislados y sin la conciencia de que
somos la misma clase nos convertimos en borregos camino al matadero.
Pero
todo se notará, como empieza a ser perceptible. Infancia que come
una vez al día, viejos que no pueden costearse medicamentos, hogares
sin calefacción, descenso de la esperanza de vida, suicidios,
depresión colectiva... y enfado, cada vez más enfado.
Hasta
ahora hemos asistido a tímidos intentos de protesta social y no me
refiero con lo tímido a poco numerosos, sino a su trascendencia en
el tiempo. Hemos salido a la calle masivamente y hasta continuamente,
pero sin metas claras ni organización todo se va marginalizando.
Vamos de estallido en estallido, grandes explosiones callejeras
continuadas de reflujos minoritarios.
Es
verdad, aún no hemos dado con el proyecto que pueda hacer converger
la calle con las fuerzas sindicales y políticas y que plantee
seriamente un verdadero cambio, pero el día que emerja una fuerza
poderosa real, habrá fractura.
Y en
eso andan, preparándose para la fractura.
No
nos hagamos ilusiones. No van a mejorar el reparto de la riqueza, ni
pretenden recuperar la soberanía entregada al poder financiero, ni
piensan echar marcha atrás en los recortes en Educación o Sanidad,
no es eso en lo que andan. Llevan tiempo construyendo un marco
jurídico de excepción que criminalice la protesta y dé amplios
poderes a las fuerzas especiales encargadas de disolver las
manifestaciones.
No
es algo nuevo. Venimos viviéndolo de manera generalizada desde que
surgieron las movilizaciones del 15-M. Sí, gobernaba el PSOE, la
extensión progre del régimen de alternancia, y sí, se empleó a
fondo. Por eso es tan importante la memoria, pone a muchos en su
sitio.
Durante
el gobierno social-liberal sufrimos cargas indiscriminadas, bofetadas
a menores, agresiones y entorpecimiento a la labor periodística;
provocaciones calculadas para desacreditar como la desarrollada por
Delegación de Gobierno contra la marcha laica durante la visita del
Papa o la aplicación de una especie de Estado de Excepción no
declarado con la restricción de la libre circulación por la Puerta
del Sol durante varios días.
Con
el triunfo del PP y la extensión de la
protesta, se empezó pronto a marcar posiciones de mayor dureza. La
primera en la boca, cuando en febrero de 2012 el Gobierno
indultó a cinco Mossos de Escuadra que habían sido condenados en
firme por tortura, medida que afortunadamente la Justicia limitó al
considerar que era un indulto parcial;
pero el recado estaba dado: defendernos como sea, os protegemos.
Se
continuó con alegría; brutalidad de shock contra las movilizaciones de
los estudiantes valencianos, refrendada por el Ministerio de Interior y
por el lenguaje de guerra contrainsurgente del jefe del dispositivo
policial. Esa sería la forma de tratar los problemas a partir de ahora.
En
Madrid, cuya condición de capital la convierte en crisol de
manifestaciones ciudadanas de cualquier tipo, se nombró a una
Delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, que nos fue vendida como se vendía al pprogre Gallardón: actual, desenfadada y hasta
republicana, una suerte de “Gallardona” al estilo capitalino.
Pronto descubrimos las mismas hechuras que el Ministro de Justicia,
la carcunda disfrazada de moderna.
Cifuentes
ha resultado tan chulesca que ha opacado mediáticamente al propio
Ministro de Interior, otro elemento que junto
al Director General de la Policía entienden la gestión de la
protesta ciudadana como una guerra en la cual los ciudadanos son
enemigos y hay que vencerlos.
Solo
así se explica su afán por tratar de judicializar los avances en el
disenso ciudadano: control de la redes sociales, amenazas a quien
convoque o difunda vía Twitter o Facebook, convertir en delito la
desobediencia civil no violenta, amenazar con impedir la grabación o
fotografía y posterior difusión de las actuaciones de los
antidisturbios o el uso de identificaciones indiscriminadas para la
aplicación de sanciones económicas masivas.
En lo
que atañe a las propias unidades policiales, el Gobierno
sigue protegiendo las desmedidas actuaciones que ordenan los
responsables políticos y ejecutan los mandos operativos sobre
el terreno. Continúa la ausencia de identificación visible en
uniformes o cascos, absolutamente necesaria para ejercer el
derecho ciudadano a denunciar los excesos; se convierten en
norma los patrones deslegitimadores hacia los detenidos, la
desgastada “resistencia a la Autoridad”; no se investigan de
oficio los excesos o malos tratos denunciados a no ser que
haya ruido informativo, con la consiguiente ausencia de
sanciones hasta en los casos más escandalosos, … El mensaje
es claro: cierre de filas total. Cualquier crítica
será entendida como un ataque.
Atendida
la moral de la tropa con el respaldo inquebrantable, queda cuidar los
medios y aquí no se ahorra. En 2013 el gasto en material antidisturbios y protección aumentará un 1.780% (no es una errata:
un mil por ciento más) y eso en un ministerio como el de Interior
cuyo presupuesto se reducirá un 6,3%. Aunque en el total policial
se recorta en medios y personal, en Madrid se crea una nueva sección,
la Unidad de Prevención y Reacción, que apoyará con 378 agentes a
las Unidades de Intervención Policial destinadas en la capital.
Resumiendo: a pesar de la hasta ahora pacífica protesta,
nuestros gobiernos se preparan para la batalla. Se han entrenado con
las buenas intenciones de una ciudadanía respetuosa. Pero si hay
fractura, si no nos resignamos, si no aceptamos servir a la dictadura
financiera, irán la guerra.
No estaba muerta por la posmodernidad. La guerra de clases existe. Ahora
es económica pero si hace falta será total. Se están preparando.


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