EL HOMBRE QUE SACÓ
DE BOLIVIA A LOS SUPERVIENTES DE LA GUERRILLA DEL CHE
45 años después “El Negro José” rememora los hechos en el libro “Pan
Comido”
Viernes, 9
de noviembre de 2012
Por Eladio
González - Canarias Semanal
Efraín
Quicáñez Aguilar, “El negro José”, durante la presentación de su libro
El pasado 8 de Octubre se conmemoró el 45º aniversario de la caída en combate
del Che en Bolivia.
El Che había sido sobrepasado en
número, herido, estropeado su fusil y fue tomado prisionero para ser luego
asesinado. Este acontecimiento conmovió y movió a los corazones de miles en el
mundo, especialmente de aquellos que en la lucha de este gigante revolucionario
vieron una esperanza de justicia y dignidad. Pero lo cierto es que la historia
del Che, la historia de la guerrilla de Ñancahuazú no fue apagada por el
disparo cobarde que quiso acallar tanta vida.
Un ejemplo de esto es Efraín
Quicáñez Aguilar, “El negro José”, autor del libro “Pan Comido” en
el cual relata la travesía que realizó junto a los sobrevivientes de la
guerrilla para romper el cerco del ejército Boliviano y escapar con vida rumbo
a Chile.
El libro fue presentado en Valle
Grande en el marco de los actos conmemorativos por un nuevo aniversario de la
guerrilla de Ñancahuazú. En el salón parroquial de la Iglesia de Valle Grande
no se escucha ni el más pequeño ruido. Los ojos de todos los que llenan las
bancas antiguas del recinto miran fijo al “Negro José”, quien, micrófono en
mano, relata con precisión cada uno de los detalles de esta historia épica que
se inició luego de la muerte del Che, donde tres de los combatientes
cubanos habían sobrevivido a los enfrentamientos con el ejército y debían
regresar con vida a Cuba. En esa coyuntura el Partido Comunista Boliviano
se había reunido y consultado a sus cuadros políticos sobre cuál era la mejor
vía para que los guerrilleros pudiesen escapar.
Cuando se
planteaba la posibilidad de escapar rumbo a Chile se le consultó al “Negro José”,
conocedor de la zona fronteriza y militante del partido en las apartadas
regiones cercanas al territorio fronterizo, quien con simpleza propia de pueblo
respondió que eso es “Pan Comido” y es con estas simples palabras que entra a
la historia como el responsable de la operación que logró que Pombo (Harry
Villegas Tamayo), Benigno (Daniel Alarcón Ramírez) y Urbano
(Leonardo Tamayo Núñez) pudieran regresar a su patria con vida.
Cuarenta y cinco años después, vestido de camisa blanca y
pantalón de gimnasia, frente a delegaciones de nueve países, está parado el “Negro
José”, compartiendo su historia que también es la historia de medio continente
y que durante muchos años había estado guardada o mal contada. A su lado,
mirándolo con gran asombro, están el embajador de Cuba en Bolivia, Rolando
Gómez y “Calica” Ferrer compañero de viaje del Che. Con su mano
izquierda sostiene el micrófono, mientras que con la otra dibuja en el aire
imágenes que van ilustrando su relato. En ellas se pueden ver las serranías por
las cuales caminaron perseguidos por el ejército boliviano, o también los
tolares que iban pisando sus pies cansados y mojados, luego de atravesar ríos y
aguantar las intensas lluvias.
Ya no vuela ni una pluma en el viejo
salón parroquial de Valle Grande... El negro José relata cómo luego de vencer
numerosas dificultades lograron llegar a territorio chileno. Cuenta que al
llegar se encontraron con un periodista quien, con su presencia, les garantizó
que continuaran vivos cuando se entregaron a las autoridades del país
trasandino, y con emoción agradece a la movilización del pueblo Chileno. El
recinto responde con un cerrado aplauso. Antes que callaran las primeras
palmas, una compañera de la delegación de Chile grita con toda la potencia de
su garganta “¡Yo tenía 10 años y participe con mi padre de las movilizaciones
por la llegada de ustedes a Chile!”.
“El Negro José” abraza con sus dos manos el
micrófono y dice "¡GRACIAS!", aprovecha también para rendir homenaje
al en ese entonces senador Salvador Allende, y lo expresa en sencillas
pero profundas palabras “hizo honor a su nombre, fue nuestro SALVADOR”.
La emoción ya nos cruza el pecho a todos los
que estamos siendo parte de esta maravillosa experiencia de hacer memoria de
una porción tan valiosa de nuestra historia latinoamericana.
Los sobrevivientes salen de Santiago
rumbo a Tahití, previa escala en la Isla de Pascua, y luego de un largo
recorrido por Europa parten hacia La Habana, Cuba. Es en la llegada a aquella
isla donde acontece lo que el “Negro José” nombra como el momento más
importante de su vida. Con emoción en las pupilas nos cuenta que él fue el
primero en bajar del avión y que al descender las escaleras divisó una alfombra
roja y a los costados de ésta, mares de uniforme verde olivo que lo saludaban.
Cuando concluyó todos los escalones que lo llevaron a tierra se encontró con el
abrazo inmenso del “Comandante de los Comandantes”, y dice el “Negro José” que
ese abrazo de Fidel pagó con creces tanto esfuerzo y sacrificio por la causa
revolucionaria.
¡El auditorio de pie aplaude! En la
mayoría de los ojos de los que concurrimos a este maravilloso encuentro con la
historia se puede ver la húmeda sensación de la emoción, que no distingue
nacionalidades, idiomas, ni inmunidades diplomáticas.
Todos los que estamos en este rincón
de la hermana tierra boliviana agradecemos a la vida, al Che y al “Negro José”,
por ser testigos de esta historia americana que es nuestra y que aún se sigue
escribiendo en la vida de hombres y mujeres anónimos que entregan todo por la
causa de una sociedad más justa.
Fuente: http://canarias-semanal.com/


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