lunes, 12 de noviembre de 2012

“EL 4º REICH ES EL CULPABLE DE QUE NO SALGAMOS DEL HOYO QUE CADA VEZ ES MÁS PROFUNDO”



THE TIMES: "¿QUIÉN QUIERE SER ESPAÑOL HOY EN DÍA?"
La "marca España" en las horas más bajas
Lunes, 12 de noviembre de 2012
Por Stephen King (*)
"¿Quién quiere ser español hoy en día?" - se pregunta en el periodico conservador londinense The Times el economista Stephen King. "Puede que tengan el mejor equipo de fútbol, pero el 25 por ciento de su mano de obra está en paro, el 50 por ciento de los jóvenes no tiene trabajo y hasta los futbolistas reciben injustamente tarjetas rojas. Aunque es verdad que los socios de España en la eurozona poco pueden hacer, ahora acuden en ayuda de otros muchos españoles gracias a la generosidad recuperada del BCE"
    ¿Quién quiere ser español hoy en día? Puede que tengan el mejor equipo de fútbol, pero el 25 por ciento de su mano de obra está en paro, el 50 por ciento de los jóvenes no tiene trabajo y hasta los futbolistas reciben injustamente tarjetas rojas. Aunque es verdad que los socios de España en la eurozona poco pueden hacer, ahora acuden en ayuda de otros muchos españoles gracias a la generosidad recuperada del BCE. Mientras los inversores se dirigen hacia el norte en busca de climas supuestamente más suaves en la eurozona (un reflejo del miedo a la posible desintegración), el coste de los préstamos en España amenaza con salir disparado. Ante ello, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha ofrecido una línea de ayuda monetaria. Con las llamadas "operaciones monetarias simples" (en la jerga del BCE, la compra de pagarés españoles, por lo demás intocables), Draghi espera bajar los tipos de interés español de vuelta a la realidad y restaurar la confianza en la moneda única.
         Pero el salvavidas viene con restricciones comprensibles desde el punto de vista de los socios europeos de España. ElBCE no quiere que le acusen de rescatar gobiernos fiscalmente incontinentes por la fuerza. Sin embargo, las restricciones podrían dejar a la eurozona enmarañada.
                Un náufrago necesita ayuda inmediata. El rescatador no negocia por adelantado la compensación por los daños potencia les que pueda sufrir su ropa cuando se tire al agua. Pero en la eurozona los que corren el riesgo permanente de hundimiento tienen que aceptar unos términos establecidos de antemano. Su reticencia a hacerlo también es lógica.
         Enfrentada a las presiones separatistas desde Cataluña (ante las elecciones del 25denoviembre), España no quiere acabar por el mismo camino que Grecia. Atenas firmó las medidas de austeridad con la esperanza de que la previsión del FMI para 2010 de una contracción del 2 por ciento en 2011, seguida de un reflote del 1 por cientoen2012, se hiciesen realidad. Al final, la producción se contrajo un 7 por ciento los dos años. Resulta que la austeridad perjudica seriamente a los deudores. Mientras los sucesivos Gobiernos griegos se han esforzado por mantener a sus votantes y a los socios europeos contentos, el vacío de poder resultante ha conllevado un aumento significativo del apoyo a los partidos extremistas.
         Los cabezas rapadas del ultraderechista Amanecer Dorado no son ejemplos de una sociedad tolerante. Tal vez España no se encuentre en la calamitosa posición griega, pero sí corre el riesgo de que la culpen haga lo que haga. Aceptar la austeridad y las condiciones de reestructuración estipuladas por terceros seguramente conduzca a unos tipos de interés más bajos pero, como en el Reino Unido sabemos muy bien, unos tipos más bajos no bastan para garantizar la recuperación. España corre el riesgo de caer en una debilidad económica continuada, que reduzca los ingresos fiscales y aumente la deuda estatal. Sin embargo, rechazar las condiciones dejaría a España con tipos de interés todavía más altos. Peor aún, el rechazo reabriría las heridas que Draghi ha querido curar, planteando más interrogantes sobre el euro. Detrás de todo esto hay unproblema que el BCE no puede resolver en solitario. Imagine que España acabara aceptando las condiciones, con el consiguiente desplome del coste de los préstamos. Seguiría enfrentada a una paradoja política, ya que al encontrarse dentro de la zona de la moneda única, está obligada a aumentar la competitividad y eso implica recortar precios y salarios. Esos recortes deprecios y salarios no harían más que empeorar el problema de la deuda, yaqueladeflación es el peor enemigo de cualquier deudor. España necesita, a la vez, deflación e inflación y eso es complicado
        Fuera de la moneda única, la paradoja suele resolverse con una devaluación de los tipos de cambio, que simultáneamente mejora la competitividad y aumenta la inflación (aunque la experiencia británica tras el colapso de la libra en 2008 sugiere que no siempre funciona). Dentro de la moneda única, la opción lógicamente no existe. ¿Qué hacer, entonces? Una alternativa, apoyada por los seguidores acérrimos de Keynes, es que España salga de la recesión a golpe de gasto. Ya que el FMI ha reconocido que el exceso de austeridad puede ser negativo, parece una opción interesante suponiendo que España logre reunir los fondos necesarios. Y eso no es tan fácil. Los inversores privados no están dispuestos a echar una mano y, dado que la eurozona es una unión monetaria pero todavía no fiscal, cuesta imaginarse como podrían llegar apoyos de los contribuyentes actuales y futuros de otros socios. En cualquier caso, como me dijeron en una visita reciente a Madrid, España tiene una abundante infraestructura del sector público, aunque los proyectos no han conseguido despertar el renacimiento del sector privado.
         ¿Cómo podrá salir España de este atolladero incluso si, como parece probable, acaba aceptando el plan de compras de bonos de Draghi? Sola no puede hacerlo y los forofos de la austeridad, sobre todo en Alemania, tienen que entenderlo. Los problemas españoles representan un fallo sistémico más amplio en la eurozona, que ha empujado a acreedores y deudores en una trayectoria hacia la colisión. Para que el euro sobreviva hace falta una unión fiscal e incluso cierta forma de condonación de la deuda pero, sobre todo, una economía única, a la par de la moneda. En pocas palabras, la inversión directa extranjera alemana debería inundar España mientras los parados españoles inundan Alemania. De lo contrario, España seguirá siendo una región deprimida durante años, resentidamente dependiente de las limosnas de otros. Y si eso no es una receta para el extremismo y el nacionalismo, no sé qué otra cosa será.
* Stephen King es  Economista jefe del grupo HSBC y articulista de The Times
          Fuente: http://canarias-semanal.com/

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